miércoles, marzo 19, 2014

La resistencia a las reformas en Lima

En el tema del cierre de La Parada como en el de la reforma del transporte, se sabía desde un inicio que la resistencia sería fuerte. No por gusto se produjo una abierta alianza entre la lideresa de los que no querían salir del viejo mercado de La Victoria, Ida Ávila, y el capitán de los transportistas que saboteaban las licitaciones, Julio Rau Rau, para revocar a la alcaldesa el 2013.

Lo interesante es que en ambos casos el discurso contra el Municipio se basaba en una oposición entre “lo popular” y los supuestos afanes de la gestión de izquierda en Lima Metropolitana de beneficiar a grupos privados, incluso a extranjeros. En La Parada se ha usado mucho el tema de los chilenos que supuestamente invertirían en supermercados y en transporte público de que las concesiones se habían amarrado con colombianos y otras empresas de fuera.

En las marchas callejeras hemos visto carteles que señalan a Susana Villarán como “asesina”, otros que la declaran “chavista” y ataúdes que pretenden enterrar a la alcaldesa y a la izquierda. En un editorial de El Comercio se llega a decir como correlato de todo esto que la izquierda está aprendiendo que a veces hay que usar la fuerza contra sectores empobrecidos que resisten al progreso, probablemente pensando en Conga y otros similares. Con su ora mano además el grupo de la gran concentración estaba pidiendo al mismo tiempo la vacancia de la alcaldesa por tomar un préstamo de la Caja Municipal y reembolsarlo regularmente.

Pero, mucho cuidado, es verdad que en La Parada hay gente de bajos ingresos que se gana la vida como puede, y que los micros y combis son manejados por muchos choferes que perdieron sus trabajos antes de convertirse en transportistas. Podría decirse realmente que las reformas municipales están pensando en ellos, como se constata en el mercado de Santa Anita, y se verá cuando entren los nuevos buses y los que los manejan tengan un salario y derechos laborales.

Pero es verdad que hay los que temen al cambio y que están bajo la presión de las mafias que dominaron los viejos sistemas. Uno ve marchar a mujeres empobrecidas que vendían en la parada sin ser dueñas de puestos por mecanismos de subarriendo a los grandes comercializadores de alimentos, que saben que no tienen títulos para reclamar un lugar en el nuevo mercado. También choferes y cobradores que no son dueños de vehículos ni de rutas y que están sometidos a las mafias del transporte.

Las articulaciones entre el Perú informal y el del gran dinero, y los entramados creados por la economía neoliberal que abolió las regulaciones creando escenarios explosivos, están ahora tratando de impedir las reformas de Susana, pero felizmente estas van abrir un futuro no solo a los negocios sino a mucha gente emergente, y sin una sola gota de sangre.

19.03.14

8 comentarios:

Dante Bobadilla Ramírez dijo...

La "economía neoliberal" NUNCA ha impedido que los municipios hagan su trabajo. Demórate un poquito en pensar.

Anónimo dijo...

Realmente es inaudito que se quiera eximir de culpa al sistema neoliberal existente de las atrocidades cometidas contra los trabajadores. El problema está. además, en que autoridades corruptas como el anterior alcalde permitieron la explotación y además lucraron con ello. Los cupos y mafias tenían apoyo de las autoridades ediles y gubernamentales. Comparto su opinión Señor Raúl Wiener. Ahora a unirnos y apoyar la reelección de nuestra gran Alcaldesa y su excelente equipo.

Raúl Wiener dijo...

El amigo Dante dirá: ¡dónde has estudiado? ¿en un Cenecape?. Pero el tema es que Fujimori permitió el ingreso de toda clase de vehículo usado y en cualquier estado de conservació y sin regla técnica alguna, para ofrecerle una chamba alternativa a los miles de despedidos que generaron las privatizaciones y otras reducciones de personal inducidas por el ajuste económico. Es una verda indiscutible de que se elentó el sistema de creáte tu propio empleo. Claro que con el tiempo el neoliberalismo trocó a los culpables de todo son los informales. Pero esa ya es otra etapa. El mérito de Susana es que se ha atrevido a reordenar y fijar autoridad. Y lo ha hecho la izquierda. No el neoliberalismo de García o Castañeda, que defiende Bobadilla. Cómo no iba a ser.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo sigue dandole duro a los neoliberales amigo Wiener

Anónimo dijo...

Cómo se explica que la CONFIEP,a través del PPC,salió a defender con sus votos tanto a Susana en la revocatoria,como al Gabinete Cornejo, ¿que ha defendido en la práctica,el neoliberalismo ?.

Raúl Wiener dijo...

sus negocios,

Anónimo dijo...

Muy buena pregunta. Ese es el tema principal. Para el neoliberalismo el problema no es si la alcaldesa es de izquierda o de derecha, sino si ella le permite hacer grandes negocios. Por eso la derecha "moderada" (?) del PPC defiende a Susana igual que a Cornejo. ¿A alguien le queda duda de que a los neoliberales les da igual?
Miremos ahora la justificación de Wiener: en realidad no habría, según él, oposición entre las aspiraciones populares (¿qué entiende exactamente R. Wiener por "lo popular"?)y los beneficios de grupos privados. ¡Caray! ¡Ya llegó el pensamiento de la izquierda posmoderna, que nos quiere hacer creer que los grandes consorcios que construyen los mercados mayoristas y los supermercados, que los grandes grupos económicos que "invierten" en la gestión de éstos, etc., son gentecita buena cuyos intereses coinciden con los que trabajan duro para comprar o alquilar los locales, pagar arbitrios, impuestos, intermediaciones, coimas, carta de crédito, y todas las otras maravillas del mundo posmoderno! ¡Ah, y ahora también las tarifas de la novedosa flota de buses!
Lo único cierto aquí es que Villarán no concertó nada con los trabajadores de La Parada, de la misma manera que tampoco lo hizo con los transportistas. Igual que el gobierno humalista para con los mineros informales. Los metió a todos, a medianos y chiquitos, a respetuosos y achorados, a todos en un mismo saco. ¡Pues bien, siguiendo el mismo principio, nosotros tenemos también el mismo derecho de meter a todos estos políticos, de derechas y de izquierdas (incluyendo al que ya saben) en un mismo saco!

Raúl Wiener dijo...

Lo de La Parada tenía que resolverse. Y la verdad es que la perspectiva de Santa Anita es mucho mejor no solo para la ciudad, sino para los comerciantes y trabajadores. Lo mismo con el transporte. Un sistema de asalariado y beneficios sociales para los choferes es un avance histórico para los transportistas, los de verdad que son los que manejan las máquinas.
Que el caos de La Parda a algunos les parezca "popular" y que adrede dejen de lado que allí existían los reinados de los alimentos que interferían en los precios, perjudicando a productores y consumidores, y que estos reyes son millonarios, poderosos y mafiosos, es un hecho indiscutible que convivía con la explotación de los subarriendos y el trabajo físico no tecnificado, el no pago de servicios e impuestos, la delincuencia, la prostitución y la basura. Si alguien cree que eso tiene algo que ver con el socialismo, la economía popular o el proletariado, es porque ha perdido la chaveta y su único razonamiento es ponerse del lado del que se enfrenta a la Municipalidad.
Que el PPC votara contra la revocatoria se explica muy fácil, porque su base social natural ya había definido un voto en ese sentido antes que la dirigencia lo hiciera. Pero lo que decidió la votación de marzo del 2013, fue que cambió la correlación en los conos y lo que iba a ser un voto abrumador por el Sí decreció significativamente. El PPC quiso llevarse el mérito del resultado y Susana le dio más crédito del que merecía. Pero desde allí para adelante el PPC ha oscilado constantemente hacia la posición de la vacancia y al choque duro con la alcaldesa.
Igual podría decirse de su abstención del viernes y su voto a favor de Cornejo el lunes, es la naturaleza de partido bisagra que quieren jugar en la polarización política. La CONFIEP por su lado solo defiende los contratos privados y la estabilidad del modelo económico. Por eso teme todo cambio brusco como podía ser la revocatoria y la no confianza al gabinete Cornejo.
Pero Susana no es Humala, ni este último Fujimori o García. La política en serio aborrece la simplificación.