sábado, marzo 22, 2014

El día en que pareció que había Congreso

Cuando la pantalla del hemiciclo marcó 71 abstenciones frente a 47 votos a favor de la confianza solicitada por el gabinete Cornejo se pensó que aunque fuese por la fuerza de los acontecimientos el Congreso había encontrado una forma de ponerle condiciones al gobierno. El lunes la ilusión se cayó. Y nos quedamos en el mismo pantano de impotencias que es la política peruana.

Después de la derrota del gobierno en el Congreso, que ni siquiera había podido atraer a su lado a la totalidad de los votos de Perú Posible y alcanzado el más alto grado de aislamiento, los actores principales del gobierno se repartieron roles para enfrentar la crisis.

Nadine reunió a su Comité Ejecutivo y afirmó su posición haciendo hablar a ese organismo como si señalara la línea que iba a seguir el gobierno. Y por supuesto la primera dama estampó su firma en el documento para hacer notar que ella hablaba por los nacionalistas del Congreso.

Ollanta, puso en suspenso a sus ministros con el argumento falaz de que habían puesto su cargo a disposición y acusó al Congreso de la parálisis gubernamental que generaba la crisis de confianza planteada. Ignoró las normas que establecen que los cargos de autoridad no se abandonan hasta que no haya reemplazo. Y para remarcar el vacío en que estaba operando dispuso viajes al interior sin ministros de compañía y en cuanto pudo subrayó que la crisis no era por causa de su esposa sino de los intereses partidarios en época preelectoral.

Cornejo fue mandatado a hablar por su cuenta y dar las garantías a los sectores políticos dispuestos a la conciliación, que la primera dama y el presidente se negaban a ofrecer directamente. Una de estas intervenciones en la radio dio origen a una nota de prensa en la que se dice que él, René Cornejo, no permitirá ningún tipo de intromisión, cuando su cargo lo debe precisamente a la grotesca impertinencia del dúo Castilla-Heredia. Es de esta nota informativa que se agarró el PPC para cambiar su abstención por voto a favor del gobierno.

La trampa estaba tendida ni Nadine, ni Ollanta, ni Castilla (que permanecía en silencio) hacían compromiso sobre ninguna cosa. Y en cambio encargaban a su premier de fantasía hacer declaraciones periodísticas de las que un sector de la oposición pudiese agarrarse para cambiar su voto. Una farsa redonda que seguramente redundará aún más en el desprestigio del Congreso.

El asunto legal

La única votación seria de la noche del viernes fue la primera en la que el Congreso se polarizó entre abstenciones y votos de confianza, y el abstencionismo alcanzó una mayoría del 60%. Constitucionalmente se había producido una situación en la que ante un pedido de confianza del gabinete, este había sido rehusado. No cabe interpretar de que se hubiese producido una situación neutra o que existiera alguna opción entre confianza y no confianza. Pero lo que era verdad es que un sector de los abstencionistas querían dejar el problema en un calculado limbo para replegarse más adelante.

Esa es la teoría del “voto de mensaje” del que se hablaba después del primer cachetazo al gobierno. Pero esa figura es puramente retórica. El mecanismo constitucional que estaba en aplicación mantiene otra lógica como se puede ver en los siguientes artículos del texto de 1993:

Dentro de los treinta días de haber asumido sus funciones, el Presidente del Consejo concurre al Congreso… (y) plantea al efecto cuestión de confianza (artículo 130)

El Congreso hace efectiva la responsabilidad política del Consejo de Ministros, o de los ministros por separado, mediante el voto de censura o el rechazo de la cuestión de confianza. Esta última sólo se plantea por iniciativa ministerial….

La desaprobación de una iniciativa ministerial no obliga al ministro a dimitir, salvo que haya hecho cuestión de confianza de la aprobación (artículo 132). 

El presidente del Consejo de Ministros puede plantear ante el Congreso una cuestión de confianza  a nombre del Consejo. Si la confianza le es rehusada o si es censurado, o si renuncia o es removido por el presidente de la república, se produce la crisis total del gabinete.  (artículo 133)

El presidente de la república está facultado para disolver el Congreso si este ha censurado o negado su confianza a dos consejos de ministros. (artículo 134)

En resumen no hay posibilidad de un escenario de indefinición, ni se considera la hipótesis de un gabinete esperando una votación tras otra que finalmente lo apruebe. Un ministro censurado o uno que solicita la confianza y no la obtiene, debe renunciar. Si es el primer ministro, cae todo el gabinete.

¿Le dieron o no la confianza al gabinete Cornejo el 14 de marzo? Evidentemente que no. Pero todos los componentes de la clase política se hicieron los locos creyendo que podían ganar algo de una situación apretada y de paso evitarse el riesgo de disolución señalado en el artículo 134.  

Fracasaron de la peor forma. Y si había un riesgo de ridículo en confiar en un gabinete nacido de las malas artes del poder, ahora hay una situación empeorada cuando sin ninguna concesión real la oposición se desintegra en varios pedazos y algunos de sus miembros terminan retrocediendo por bagatelas o miedos a quedar fuera del Congreso y hasta hablan de golpe de Estado para cubrir sus temores y vergüenzas.

El dato político

De acuerdo con el resultado final de la votación del lunes por la tarde, hubieron 19 votos de abstención que pasaron al sí de la confianza.  Pero lo interesante es escuchar algunas explicaciones para el cambiazo.

·       Nuestras demandas han sido satisfechas. Vamos a dar el voto de confianza. (Javier Bedoya)

·       Estábamos pidiendo un deslinde claro y el deslinde claro está en el documento (Alberto Beingolea)

·       El gabinete ministerial “aprendió la lección” al buscar un acercamiento con las demás fuerzas políticas, por lo que ya es hora de darle el pase para que funcione tranquilamente. (Yehude Simon)

Se dan cuenta de la profundidad de la crisis de la política peruana. ¿Cuál era la osada demanda del PPC  que logró doblarle el brazo al gobierno? Nada que no hubiera dicho Villanueva o Jiménez, primeros ministros que también aseguraban que no aceptaban intromisiones y nada que Cornejo hubiera probado en sus años de ministro.  Y a eso Beingolea le llama “deslinde claro”. Y Yehude en el colmo de la sobonería lo titula “gabinete ministerial (que) aprendió la lección”, porque lo han invitado a conversar a la PCM.

El balance de la crisis de confianza no puede ser más pesimista. Si la actitud del Congreso reflejaba de alguna forma el sentimiento del país hacia la descomposición del gobierno humalista atravesado por imposiciones caprichosas y presiones de los grupos económicos, la respuesta contradictoria del Congreso, incapaz de sostener su voto, está agravando la crisis institucional. El preámbulo de aquellos momentos en los que el pueblo termina por desear que se vayan todos. Y se moviliza para lograrlo.

22.03.14

Publicado en Hildebrandt en sus Trece

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