domingo, noviembre 15, 2009

La prisionera y el ministro

“¿No sé si usted ha dejado de hablar con absolutamente nadie por más de un año? Eso es lo que hicieron conmigo, no hablar, no comunicarte con nadie, no reír, no llorar, no tener un abrazo amigo, una mirada de compañía sincera; la soledad extrema puede hacerte creer que ya no tienes vida…”, me escribe Lucero Cumpa para describirme sus primeros cinco años en prisión, bajo el régimen carcelario que impuso Alberto Fujimori, y del que había tenido antes noticia a través del relato de un oficial naval que tuvo a cargo la vigilancia y el mudo contacto con Abimael Guzmán durante su encierro en la isla de San Lorenzo.

“Los siguientes años recibía mi visita familiar por locutorio (con una gruesa luna de intermedio y con micrófono) y por 30 minutos que pasaban rapidísimo, una vez al mes… Luego de cinco largos años me trasladan al penal de Yanamayo, a 4,200 m.s.n.m., seguía encerrada 23 horas y media… Tengo a mi segundo hijo en el 2001 justo cuando se recupera la democracia, me realizan un nuevo proceso judicial y puedo empezar a soñar en la posibilidad de una vida familiar en libertad… reinicio mis estudios universitarios a distancia, actualmente voy en el sexto ciclo de contabilidad… pero todo cambia a partir del 14 de octubre de 2009, cuando promulgan la ley de derogatoria de beneficios penitenciarios para los sentenciados por el delito de terrorismo, con lo cual se me quita los sueños de compartir con mis hijos su niñez y/o juventud, y el temor de que mi padre ya anciano no pueda esperarme (mi madre falleció estando yo en la cárcel y fue el peor momento de mi vida)”

La carta es bastante más larga. Pero lo que cito es suficiente. Lo que uno comprende es que estamos ante una mujer que no se ha dejado quebrar por la dureza de un castigo que ya lleva 19 años, dedicados a salvar su dignidad humana y a conservar la esperanza de recuperar la libertad. ¿Tenia derecho? Claro que sí. Cualquiera que sea la opinión que tengamos de la acción del MRTA y de Sendero Luminoso, nadie puede admitir como legítimo el procedimiento de convertir la cárcel en un entierro en vida del enemigo. Así como no se puede aceptar la variación de las condiciones de reclusión para los que ya están cumpliendo su pena. Las movidas de un presidio a otro y la brutalidad de negar el derecho al trabajo, que ahora han recrudecido, son reacciones abusivas del poder que se ha hecho dueño de la existencia de los vencidos exactamente como se produce en situaciones de guerra o de captura de rehenes donde impera la arbitrariedad.

Pero entonces uno se detiene a escuchar lo que el ministro de Justicia ha dicho hace unos días ante la CIDH en la OEA, para justificar la nueva escalada contra los presos: (a) que los subversivos habían tomado el penal Castro Castro; (b) que les decomisaron armas, celulares y chips; (c) que los beneficios son liberalidades que el Estado otorga y puede quitar, y no componen la pena; (d) que en resumen se trata de un régimen carcelario adecuado que respeta los derechos humanos. Y se pregunta: ¿hasta dónde se puede mentir sin que alguien salga a denunciar a este farsante que en su tierra es acusado de haber participado en el asesinato de dos miembros de su partido?

15.11.09

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El peligroso juego del desarme cuando los otros se arman

Ya era bastante jocoso que Araoz fuera la encargada de negociar el desarme de Chile, cuando se supo que nuestros vecinos habían aprobado la compra de otros 665 millones de dólares en armamento a los Estados Unidos. O sea que Bachelet iba a poder decirle a Miss TLC que efectivamente estaba muy interesada en reducir el gasto militar en esta parte del mundo y que veían muy bien que el Perú se limitara en sus gastos, para aplicarlos a la pobreza o cualquier otra cosa, mientras sus fuerzas armadas esperaban un embarque de varios cientos de misiles y torpedos.

Definitivamente García estaba a punto de volver a probar ese don que dice que le concedió Dios de convencer sobre cualquier cosa. Por ello nos hemos pasado un mes tratando de tomar en serio la visita de los ministros a los presidentes de Suramérica para entregarles la propuesta del presidente para reducir 3% los presupuestos militares en los años siguientes. Un pequeño porcentaje, al decir de la propia Araoz, justificando que no iba por mucho donde la presidenta chilena, que sin embargo se ha vendido como una garantía de “no agresión”, y que además no dice nada de la inversión ya hecha, y que es la que ha creado el brutal desbalance que ya existe.

Increíblemente aquí hemos estado imaginando que algún tipo de pacto podría hacer que cambie la situación en la que Chile tiene el mayor gasto militar per cápita de la región, y Brasil no sólo la más alta inversión absoluta sino un alto volumen de venta de armas a sus vecinos, que Colombia siga armándose ofensivamente con el pretexto de las FARC, concediendo bases operativas a los Estados Unidos, y aumentando las tensiones con Venezuela. Ha sido como lo de las olimpiadas y los juegos panamericanos, la crisis mundial que no nos toca y la envidia que se dice despertamos en otros países. Puras pastillas de auto estímulo, pero en el caso de las relaciones con países vecinos, sobre una materia mucho más seria.

Cuando los militares habían logrado cierto consenso de que el Perú tenía que prestar atención a la escalada militarista de nuestros vecinos y tomar cuando menos decisiones defensivas serias, antes de cualquier negociación para congelar gastos en armamento, el presidente arrancó una fuga hacia delante que por algunas semanas puso a la mayoría en un dilema: a ver quién se opone al pacto. Y por supuesto ni adentro del país ni afuera, hubo quién dijera que “pacto” no tenía ni pies ni cabeza. Hasta que reventó el caso del espía y todo el montaje armado sobre el supuesto de que se compra armamento por un “error”, que una buena conversación puede corregir rápidamente, se vino estrepitosamente al suelo.

Imaginemos ahora que Meche Araoz realice a pesar de todo su publicitado viaje a Santiago. Nos convertiríamos en el país más ridículo del punto. En primer lugar por escoger una vocera que no sabe donde está parada y en segundo lugar porque tendríamos encima la sombra de los misiles que están en camino y del espía que el gobierno chileno pagaba todos los meses. Ahora, supongamos la situación opuesta, que un viaje ya programado y propagandeado se suspende porque no hay condiciones para efectuarlo. Entonces la crisis en las relaciones peruano-chilenas se agudizará hasta un punto mucho más allá de donde estaba cuando García decidió impulsar su nueva ocurrencia.

Más aún, cuando este dilema se resuelva en los próximos días, todo el esquema de las visitas ministeriales a diversos países habrá quedado quemado. Con lo que nadie dudará ni por un momento que tantos viajes y declaraciones tenía como único objeto emitir alguna forma de declaración pacifista con los chilenos, que mantuviera los términos del TLC que se suscribió al caballazo con ese país, y que evitara una retracción en el flujo de inversiones. La lección no puede ser más clara: no hay peor terreno para la demagogia que el de la diplomacia y la defensa nacional. Claro que García no tiene muchos otros recursos para hacer política y por eso hemos llegado al punto en el que estamos.

Parece inevitable que en los siguientes meses empeoren las relaciones Santiago-Lima, luego que desde aquí se ha denunciado un juego de espías de un país al que al mismo tiempo estamos caracterizando como armamentista y agresivo. Por eso es tan difícil saber si lo que corresponde es sonreírse ante la declaración del premier Velásquez Quesquén: “estas incidencias por graves que sean no pueden de ninguna manera afectar la relación histórica de hermandad con Chile”. ¿Tiene una idea este señor del tipo de “hermandad histórica” que hemos tenido con nuestros vecinos más agresivos? ¿Y cómo piensa que “no… va a afectar” la nueva compra de armas cuando se iba a conversar el “desarme” y cuando aparece un militar peruano vendiendo secretos a ávidos compradores sureños?

Ahora que ha empezado nuevamente a hablarse de traición a la patria y otros conceptos igualmente fuertes, parece necesario detenerse un momento a evaluar la política internacional de un gobierno que alguna vez se preocupó sinceramente que Chile pudiese molestarse si no le vendíamos el gas que no alcanza para los peruanos y que pretendió, contra la historia, que la inversión y la soberanía podían marchar por cuerdas separadas.

15.11.09

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sábado, noviembre 14, 2009

Memoria del muro

Oportuno, como siempre, Aldo M llegó a Berlín en diciembre del 89, y en medio de las ruinas del antiguo muro se puso a martillar las piedras caídas mientras recordaba a los malditos rojos de “La Católica” que lo habían hecho sufrir tanto. Esta por Javier Diez Canseco, esta por Cucho Haya, esta por Piqueras, y así iba rompiendo restos del muro comunista mentando la madre del rojerío estúpido que había invadido su universidad, que era como controlar el país.

Seguro que todos los rojos de este mundo aspiraban a construir sociedades rodeadas por muros para que nadie escape de ellas, así como hay otros que construyen sociedades con muros para que nadie entre. Y que el socialismo consistía solamente en gulags y policía secreta, mientras que en el capitalismo nadie ha muerto de hambre o de bomba atómica. Y que los alemanes estaban divididos por la maldad soviética y recuperaron su unidad por la bondad occidental, que refregaba en la cara a los berlineses del otro lado todo lo que podían comprar.

Ciertamente el modelo soviético creó sociedades uniformes, ejércitos de trabajadores semi-militarizados, tecnologías utilitarias, que venían impuestas por la idea de la producción en masa y del logro de altísimos índices de crecimiento para acortar el camino del desarrollo. Este fue el camino que llevó a la URSS a segunda potencia industrial del mundo y a desafiar los poderes militares de la Alemania nazi y de los Estados Unidos de la guerra fría. El salto económico del siglo XX entre la Rusia de los zares y la de los 80, representó un avance mucho mayor que el de cualquier otro país en el espacio de 70 años, ni que decir en los servicios sociales. Algo más o menos parecido podría decirse de la China comunista. Pero ni uno ni otro fue una verdadera democracia de trabajadores.

El punto es que de todos las naciones que estuvieron incorporadas a lo que se llamaba genéricamente el “campo socialista”, la única que tenía una condición de país de primer mundo, con un alto desarrollo industrial y tecnológico, era Alemania del Este, que quedó bajo influencia soviética por el resultado de la guerra y el reparto del mundo entre las grandes potencias. La sovietización de la RDA era un retroceso, que desafiaba a Marx, porque equivalía a extender el modelo productivo de una sociedad más atrasada o otra más avanzada. Y este sólo hecho convirtió la separación de las dos Alemania en el corazón de la disputa entre el capitalismo desarrollado y el socialismo soviético.

Berlín era la ciudad con dos sistemas. Y esa era una imposibilidad histórica que se prolongó por puras razones de guerra. Como lo era también un mundo congelado por el miedo al conflicto nuclear. Esto se resolvió por una revuelta social que buscaba la paz, la libertad y el consumismo. Veinte años después esas ilusiones ya no son las mismas. El Este nunca logró asimilarse al Oeste, y ahora ambos se debaten en la crisis económica global. La libertad nunca fue lo que prometía. Y hay ahora muchos alemanes y personas en este mundo que no creen que la meta de la humanidad sea el capitalismo de las trasnacionales y los bancos.

11.11.09
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viernes, noviembre 13, 2009

Memoria del muro

Oportuno, como siempre, Aldo M llegó a Berlín en diciembre del 89, y en medio de las ruinas del antiguo muro se puso a martillar las piedras caídas mientras recordaba a los malditos rojos de “La Católica” que lo habían hecho sufrir tanto. Esta por Javier Diez Canseco, esta por Cucho Haya, esta por Piqueras, y así iba rompiendo restos del muro comunista mentando la madre del rojerío estúpido que había invadido su universidad, que era como controlar el país.

Seguro que todos los rojos de este mundo aspiraban a construir sociedades rodeadas por muros para que nadie escape de ellas, así como hay otros que construyen sociedades con muros para que nadie entre. Y que el socialismo consistía solamente en gulags y policía secreta, mientras que en el capitalismo nadie ha muerto de hambre o de bomba atómica. Y que los alemanes estaban divididos por la maldad soviética y recuperaron su unidad por la bondad occidental, que refregaba en la cara a los berlineses del otro lado todo lo que podían comprar.

Ciertamente el modelo soviético creó sociedades uniformes, ejércitos de trabajadores semi-militarizados, tecnologías utilitarias, que venían impuestas por la idea de la producción en masa y del logro de altísimos índices de crecimiento para acortar el camino del desarrollo. Este fue el camino que llevó a la URSS a segunda potencia industrial del mundo y a desafiar los poderes militares de la Alemania nazi y de los Estados Unidos de la guerra fría. El salto económico del siglo XX entre la Rusia de los zares y la de los 80, representó un avance mucho mayor que el de cualquier otro país en el espacio de 70 años, ni que decir en los servicios sociales. Algo más o menos parecido podría decirse de la China comunista. Pero ni uno ni otro fue una verdadera democracia de trabajadores.

El punto es que de todos las naciones que estuvieron incorporadas a lo que se llamaba genéricamente el “campo socialista”, la única que tenía una condición de país de primer mundo, con un alto desarrollo industrial y tecnológico, era Alemania del Este, que quedó bajo influencia soviética por el resultado de la guerra y el reparto del mundo entre las grandes potencias. La sovietización de la RDA era un retroceso, que desafiaba a Marx, porque equivalía a extender el modelo productivo de una sociedad más atrasada o otra más avanzada. Y este sólo hecho convirtió la separación de las dos Alemania en el corazón de la disputa entre el capitalismo desarrollado y el socialismo soviético.

Berlín era la ciudad con dos sistemas. Y esa era una imposibilidad histórica que se prolongó por puras razones de guerra. Como lo era también un mundo congelado por el miedo al conflicto nuclear. Esto se resolvió por una revuelta social que buscaba la paz, la libertad y el consumismo. Veinte años después esas ilusiones ya no son las mismas. El Este nunca logró asimilarse al Oeste, y ahora ambos se debaten en la crisis económica global. La libertad nunca fue lo que prometía. Y hay ahora muchos alemanes y personas en este mundo que no creen que la meta de la humanidad sea el capitalismo de las trasnacionales y los bancos.

lunes, noviembre 09, 2009

Referéndum no, Constituyente sí

La discusión sobre el voto voluntario y la renovación del Congreso planteada por iniciativa oficialista y mandada al archivo por los demás partidos, ha dado origen a su vez a una proclama de Alan García anunciando que tomará la cabeza de un trabajo de firmas para un referéndum de consulta a los peruanos sobre estas dos reformas. De paso ha acusado a los otros de ser resistentes al cambio y de querer perpetuar un Congreso bizarro como el que hoy existe, cuyo origen sería la poca educación de los votantes y la imposibilidad de deshacerse de los malos representantes a mitad de período.

Anteriormente el APRA perdió en otro intento, esa vez con la propuesta de regresar al sistema bicameral y la elección de un senado como instancia revisora, pero no se le ocurrió ir a ninguna votación porque sabía que su causa era antipática porque la gente no quiere nada que aumente la cantidad de congresistas. En cambio las nuevas iniciativas parecen más factibles de prender en un mayor número de personas y quién sabe si disfrazar de reformista al que podría fácilmente concursar como el gobierno más conservador e inmovilista de nuestra historia.

El hecho es, sin embargo, que más allá de demagogias y oportunismos, el tema que el APRA ha puesto sobre el tapete es el del sistema político y lo ha hecho dentro de la lógica que obsesiona a los partidos tradicionales: cómo reducir el voto popular independiente, de comportamiento impredecible, que ha venido permitiendo la emergencia de liderazgos y organizaciones políticas nuevas, achicando el espacio a las viejas organizaciones. El voto voluntario ha sido vendido como eso, una manera de comprimir el universo de ciudadanos que decidirán el nuevo gobierno, restringiéndolo supuestamente a la gente que “sí le interesa la política”, que sería más controlable por los partidos. La cuestión de la renovación del Congreso a mitad de período, por su parte, busca el blanco fácil, porque en las circunstancias actuales, el país votaría que sí, en caso la consulta fuera la de cerrar el legislativo, acusado de todos los males. Claro que como han advertido varios analistas, detrás de este cambio está la idea de una correlación de Congreso modificada en el 2014, en camino a un regreso de García el 2016. En fin todos tienen derecho a los sueños.

Lo que hay que decir es que la reforma aprista es casi nada respecto a lo que habría que modificar del sistema existente, y sobre todo es unilateral porque escoge de acuerdo a su conveniencia lo que hay que consultar, dejando al país fuera de la posibilidad de incorporar otros temas. Pero lanzada la propuesta al ruedo, hay dos formas de encarar el problema. La primera es la que se ha planteado en el Congreso y lideran el PPC y el fujimorismo, que dicen que habiéndose determinado el archivamiento, el caso está cerrado y no habrá ninguna reforma. Son los sectores políticos que defienden con mayor ardor y a fardo cerrado el contenido de la Constitución fujimorista de 1993. La segunda, es la que deberían liderar con mucha mayor fuerza de la que han ido mostrando, todos aquellos que sostienen que el Perú sólo puede reformar los sistemas políticos y económicos de una manera democrática y transparente a través de una Asamblea Constituyente, elegida por el pueblo, y a partir de una discusión sobre todos los temas en la que se establezca la verdadera voluntad popular.

El juego político del APRA, no puede ser desenmascarado recurriendo precisamente al recurso más desprestigiado del parlamentarismo que es el de dar por cerrada la discusión por pura componenda de partidos. Para poder detener el referéndum tramposo de Alan García hay que ofrecer una propuesta de cambio mucho más radical y más democrática, que debería traducirse en un compromiso del próximo gobierno de convocar a una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Constitución. El fundamento de esta alternativa es claro:

  1. El documento que hoy invocamos como Constitución del Estado, tiene su origen en un golpe de Estado, que no fue salvado por el acuerdo político para salvar la crisis que hicieron algunos partidos y el gobierno de facto.
  2. El referéndum que dio por aprobado el documento tuvo el voto en contra de la mayoría de los partidos que están representados en el actual sistema políticos, los que en su momento denunciaron que hubo fraude en el recuento de los votos.
  3. La Constitución de 1993 ha sido vulnerada y manipulada en forma sistemática, por el gobierno de Fujimori (por ejemplo con la “interpretación auténtica” para la re-reelección) y por los gobiernos posteriores.
  4. La Comisión Pease durante el gobierno de Toledo intentó un cambio de la Constitución de Fujimori, dentro de ella misma, fracasando en el intento. Igualmente la reforma que propone el APRA utiliza la vía del referéndum, generando una falsa polarización nacional.
  5. Aunque la Constitución de 1993, no hable de su sustitución a través de una Asamblea Constituyente, ese fue el origen del documento y de la Constitución de 1979. Por tanto es lógico que se apele a un organismo equivalente para un cambio de esta magnitud.
El Perú efectivamente reclama abolir las trabas formalmente “constitucionales” que se levantan para la defensa de los recursos naturales, para la creación y actuación de empresas públicas, para la revisión de los contratos corruptos, para la revocatoria de todas las autoridades que traicionan al pueblo, para el control y sanción de la corrupción, por sólo mencionar algunas de las claves del debate constituyente. ¿Por qué hay tanto escándalo cuando se reclama el derecho democrático a reconstituir el país?, ¿hasta dónde es real el espíritu reformador del APRA?, ¿cuánta democracia seremos capaces de abrir en el Perú de los siguiente años?

Si las elecciones fueran mañana…

Obviamente Castañeda no podría seguir en silencio, sugiriendo que el desarrollo peruano depende de las obras urbanas y negándose a definirse frente al gobierno. ¿Cómo podría Castañeda ocultar su condición de candidato del gobierno?, ¿y tendría alguna esperanza si no lo fuera?

Tampoco Keiko podría seguir reduciendo su “programa” a eso de yo quiero tanto a mi papá que lo pondría en libertad como primera y única medida anticipada de gobierno, y Toledo no podría seguir en el extranjero buscando la oportunidad para meter su cuchara en los asuntos nacionales de acuerdo a sus conveniencias.

Ni el mudo, ni la gordita, ni el “cholo” de Harvard podrían escapar a la pregunta sobre la continuidad del programa neoliberal, los contratos de privatización y concesión, los TLC y los decretos legislativos, el gas, la minería, la selva, etc., sobre los que no han hablado, prácticamente nada y donde pretenden caminar con indefiniciones.

Si las elecciones fueran mañana no tendríamos un caso Malpartida por semana, sino uno o más cada día, y a Aldo M no le alcanzaría el tiempo para su valiente campaña para que se suba el nivel de alcohol permitido para los automovilistas, que sin duda está asociado con la modernidad, o para que eche barro sobre Túpac Amaru, Grau, Malpica y su propio abuelo, mientras reclama homenajes para Luis Bedoya Reyes y De Soto, verdaderos fundadores de la patria.

Si las elecciones fueran mañana los votos que quieren repartirse Castañeda, Fujimori, Toledo, Lourdes, Meche o cualquier otro candidato del APRA, se achicarían en medio de la polarización política y saltarían voces exigiendo el sacrificio de los candidatos con menores chances en función a los que podrían ser ganadores. Y nunca se sabe si estas campañas tendrán resultado o se impondrán los proyectos propios.

Alan García sabe justamente que ese será el terreno donde deberá intervenir para que valgan algo sus anuncios de que no estará ausente en las siguientes y las subsiguientes elecciones presidenciales. Las opciones que tiene a la mano no son muchas y deberá escoger entre el modelo 1990: digitar un candidato del partido para asegurar una representación parlamentaria y apoyar tras bambalinas a otro; o el modelo “gran elector”, que como no tiene “interés inmediato” en el resultado, puede opinar sobre lo que más le conviene a la idea de país con que actualmente se mueve.

Si las elecciones fueran mañana no se podría abstraer el factor García. Como tampoco podría ocultarse la preocupación subyacente en todo este proceso que no es quién va a ganar, sino quién no puede ganar, que es lo que hace cada vez más importante tener un acuerdo básico entre los que se consideran parte del mismo proyecto con sus variantes y alguna forma de arbitraje para evitar que sus contradicciones, favorezcan a quienes está fuera. Si las elecciones fueran mañana, la pregunta que muchísima gente sentiría que debe resolver es si los candidatos que tienen al frente representan un cambio real n el país o son lo mismo que hemos venido viviendo en un largo número de años, y eso va a decidir buena parte del escenario y las actuaciones políticas. Pero las encuestas nunca captan nada de esto.

miércoles, noviembre 04, 2009

Disparen contra Malpartida

Elsa Malpartida nunca mató a nadie, no hizo terrorismo, ni integró las columnas que se movían en la selva. Su delito fue no huir (o no morir) en un territorio dominado por Sendero Luminoso, en el que ellos decidían cuál era la ley. A los que salieron de esos escenarios, que luego formaron rondas y organizaciones de masas, tuviesen que presentarse como “arrepentidos” o no, se les considera generalmente como víctimas o héroes de una guerra compleja, que no sólo no termina de ser comprendida, sino frente a la cual hay nítido interés en mantener la confusión.

Malpartida ha sido dirigente del movimiento cocalero por 27 años. Y en esa condición ha tenido que pasar por las durísimas pruebas de representar a un sector que la sociedad y el sistema político se niega a integrar. Y la apuesta de esta mujer ha sido reiteradamente reclamar ciudadanía, derechos y voz para los productores. Tratar de reducir el enfrentamiento con el Estado, que encuadrado por las exigencias de Estados Unidos, tiene muy estrecho margen para negociar y darle un cauce a los productores de coca, salvo cuando se requirió su apoyo para contener el avance subversivo.

Siempre he pensado que entre las mejores elecciones que hizo Ollanta Humala para una representación parlamentaria con enormes baches, estuvieron las dirigentes cocaleras. Y esa es una audacia que no le perdonan. Recuérdese el ensañamiento reciente contra Obregón y ahora el “destape” contra Malpartida. No hay casualidad que ambos casos tengan como catapulta al diario en el que se publican los artículos del presidente y donde se ordena censurar la investigación de los petroaudios. Lo que se busca es por cierto insistir en la asociación cocalero es igual a narco, y narco lo mismo que terrorista, que mezcla problemáticas e induce a la represión masiva, y que es un arma para reelitizar la política que es lo que se busca desesperadamente.

Este nuevo informe alimentado con datos que según los que los difunden “no se pueden revelar” (¿Servicio de Inteligencia?, ¿DIRCOTE?, ¿BTR y su amigo el almirante?), plantea sin embargo una extraña paradoja. Resulta que hasta hace poco Ollanta era acusado de violaciones de derechos humanos en la guerra contra Sendero Luminoso, cuando era jeje de la base militar de “Madre Mía”. Pero ahora resultaría que eligió para sus listas a ex senderistas de la misma zona de combate. O sea que no era el represor que decían, sino en todo caso alguien que se ha aproximado a los peruanos que vivieron bajo dos fuegos muchos años.

Obviamente lo que esto prueba es que desde el 2006, todas las armas valen contra el oficial que se les salió del libreto. Así, si hasta hace poco se consideraba que revelar la identidad de un “arrepentido” era un atentado contra su seguridad y un incumplimiento del compromiso del Estado, lo que hará inconfiables similares acuerdos en el futuro, ahora se está pidiendo nada menos que un asunto de este tipo debería haber figurado en el currículo al Congreso. Y mientras discutimos sobre Malpartida, ¿qué pasó con los lazos BTR-García?, ¿y los contactos de Bieto con un importante medio de comunicación que están en grabaciones en manos de la jueza Martínez?

04.11.09
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lunes, noviembre 02, 2009

El voto impredecible

La gran revolución de los 70, no fue la reforma agraria o las nacionalizaciones, que tanto irritan la memoria de las derechas criollas, sino el ingreso a la política de inmensas capas de población que permanecían excluidas, atomizadas y sin conciencia de su propia fuerza. El hito que marca este cambio de situación fue la aprobación del voto analfabeto en la Constituyente de 1979, que fue sustancial para que creciera una opinión tumultuosa, protestataria e inestable que ha estado presente en todas las votaciones de los últimos 30 años.

La transición de los 80, se suponía hecha para que los militares, que se habían despojado de radicalismos con Morales Bermúdez, entregaran la responsabilidad de gobierno a los viejos partidos, lo que supuso un conjunto de negociaciones y pactos bajo la mesa con quienes se creían los únicos capaces de dirigir la democracia recuperada: APRA, AP y PPC; pero esa previsión se encontró con la novedad del voto por la izquierda que irrumpió apropiándose de por lo menos un tercio del electorado y con tendencia a seguir creciendo.

Este fue el comienzo del miedo. Que se acrecentó con la victoria de Fujimori en 1990 (acuérdense como se gritaba golpe en esos días); se reavivó con Toledo en el 2000 (que traicionó sus banderas democratizadoras); y llegó al pánico con Ollanta Humala en el 2006, cuando todos los fantasmas de la política peruana: izquierdismo, nacionalismo, militarismo, populismo, antipartidismo, etc., parecieron encarnarse en una misma persona.

¿Dónde estaba el problema que hacía vivir cada elección como una apuesta arriesgada? Si se ve bien, el debate sobre el voto facultativo planteado por el presidente García que ahora anuncia que encabezará el proceso hacia un referéndum, tiene su origen en el entendimiento que la falla está en el sistema que ha abierto demasiados espacios para que corrientes populares no controladas decidan lo que le da la gana.

La constante modificación de la ley de partidos: se aumenta, se disminuye y se vuelve a aumentar las firmas para inscribirse, se acortan los plazos, etc., reflejan que estamos buscando la piedra filosofal contra los llamados outsiders, y en ciertos casos con la colaboración de algunos que vinieron del tumulto, pero que ahora se conforman con tener su lugar en lo establecido. Alguien ha vendido además la idea de que con el voto voluntario, la votación popular se restringirá, mientras las clases más satisfechas y asustadas de todas maneras se movilizarán a evitar los cambios. Algo así como que a los pobres que antes la ley no dejaba votar, ahora los restringirá el costo del pasaje.

Es una idea ilusa, que viene de no entender el país real. Pero ella debería ser aprovechada para pasar del no a Alan García, a una pregunta mayor: ¿y por qué no cambiamos de una buena vez todo lo que deba cambiarse, sin trucos, transparentemente, a través de una asamblea constituyente? Si estamos por un país más predecible, ¿por qué no dejar que las mayorías decidan libremente las componentes y las reglas del sistema político?, ¿quién se opone a eso?

01.11.09
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domingo, noviembre 01, 2009

Economía e instituciones en Latinoamérica

De la década de los 90 a los 2000

En la década de los 90, Latinoamérica era casi unánimemente democrática, a su manera, totalmente neoliberal, en la única manera en que se puede serlo bajo regulaciones del FMI y otros organismos, y absolutamente pro Estados Unidos.

La legalidad de la mayoría de países había sido alterada –en el transcurso de los 20 años anteriores- y se discutía abiertamente la forma de “por fin” hacer irreversibles las nuevas reglas a las que se había llegado después de la tragedia de las dictaduras y las ilusiones más o menos fallidas de los “regresos a la democracia”.

Estaba naciendo un orden hijo de los golpes de Estado, auspiciados por los Estados Unidos para acabar con el “peligro comunista”, y de las transiciones posteriores, también bendecidas por Washington para, retirar negociadamente a los militares del centro de la crisis evitando convulsiones sociales graves.

Pero también un orden que venía alimentado por la crisis del modelo desarrollista, o de sustitución de importaciones, populista, estatista y socializante, que tuvo auge en el subcontinente como la vía propia para vencer el subdesarrollo, y que se expresó en la imposición redonda del neoliberalismo, consenso de Washington, que eliminaba, en lo esencial, la autonomía en la decisión de los modelos económicos.

Finalmente el orden era también un producto de la victoria de las doctrinas de seguridad nacional, que habían derrotado a las guerrillas y logrado debilitar el poder de los sindicatos y otros movimientos organizados de masas y cuya versión “democrática”, insistía en que la apertura política nunca debía ser total ni podía bajarse la guardia ante el “terrorismo”.

El orden de los 90, como cualquier otro, era un producto de la historia y de las relaciones de fuerza, pero como suele ocurrir era presentado como una especie de restablecimiento de la razón, del deber ser, del curso natural de las cosas, que nos ordenaba ser democráticos y promercados porque así tenía que ser. La globalización estaba ahí, no se podía resistir a ella. La lista de países, organizaciones y personas terroristas, estaba establecida para repudio del mundo.

Las desestabilizaciones traían feroces castigos: inflaciones, pobreza masiva, violencia y eran la explicación de porqué hubieron tantos golpes de Estado. Gobernabilidad y estabilidad se hicieron conceptos casi sinónimos.

2.

En los primeros años de los 90, Estados Unidos venía de ganar la guerra fría y se proponía volver a revisar la regla con su patio trasero, que para entonces se había alineado política y económicamente con el “nuevo orden”. El ALCA (Área de Libre Mercado de las Américas), creación del primer Bush y proyecto de Bill Clinton, resumió una idea de asimilación por el mercado de nuestras economías, haciéndolas compatibles con la del gigante, y otorgando a las inversiones el mismo o mejor trato que el que podían recibir en la tierra del dólar.

El reflejo institucional de este nuevo momento fue el ataque contra lo impredecible. Que la constituciones (las nuevas o las reformadas) ya no se movieran nunca más (véase al respecto la noción de “artículos pétreos” de la Constitución de Honduras, que recuerda la fórmula de la Constitución peruana que los actos de los golpistas no serán validados, que quedó en letra muerta). Y que los pactos internacionales, los contratos y otros compromisos público-privados, fuesen tan poderosos como la ley suprema, o más que ella. En sustancia que los cambios de gobierno no amenazaran lo que había costado tanto establecer.

En segundo lugar, el orden moderno implicaba que los congresos no fueran contradictorios con el Ejecutivo y para conseguirlo trataron de hacerlo, de cuerdo a cada circunstancia, menos legislador (los Ejecutivos ganaron diversos derechos a dictar leyes especiales, de urgencia, delegadas, etc.); menos fiscalizador (sus investigaciones quedaron como mera referencia, no vinculante); menos representativo (la conexión con la población se vio debilitada). En definitiva, menos apto para equilibrar y controlar al poder central, lo que se terminó viendo como una virtud que aceleraba la “modernización”.

En tercer lugar, siempre en el campo institucional, el nuevo orden quiso ser apropiado por los grandes partidos tradicionales, los únicos que podían pactar, abierta o implícitamente, un sistema de alternancias, sin cambio de la política real, en el que la derecha, el centro y sectores que antes se llamaban de izquierda, se encargaban de administrar el Estado en continuidad con sus predecesores.

Muchas medidas: barreras requisitos, sanciones, etc., se pensaron para asegurar que el sistema no fuese penetrado por “extraños” y se aseguró, sin demostrarlo, que mientras hubiese menos opciones por escoger y menor dispersión del voto el sistema sería más estable. La paradoja es que precisamente la cerrazón creó un desafío político reiterado para sacarle la vuelta al esquema. Los partidos quedaron identificados como oligarquías inflexibles que dejan fuera al resto y el outsider antisistema se idealizó como “bueno” por sólo el hecho de venir de fuera.

3.

Han transcurrido una década y media desde el momento del mayor esplendor de la América Latina totalmente alineada con su gigantesco vecino del norte, y hoy la situación es bastante diferente. Veamos:

(a) Se quebró la unanimidad y el miedo a pensar diferente, a salirse del libreto, y ya no hay reparos a expresarse en bloques diferenciados en diversos temas;

(b) Estados Unidos perdió hegemonía en todo el subcontinente, y ha optado por alianzas bilaterales con países plataforma como Colombia y Perú.

(c) El ALCA se desmoronó en el camino por la resistencia social existente y por los desacuerdos con países claves como Brasil, Argentina y Venezuela. En reemplazo surgieron los TLC con algunos países.

(d) El modelo económico neoliberal perdió consenso y algunos países empezaron progresivamente a alejarse de sus principales dogmas, impulsando una mayor intervención y regulación estatal, control de los recursos naturales, revisión de contratos con grandes empresas extranjeras, apertura a nuevos mercados, etc.

(e) La crisis económica internacional está propiciando una mayor polarización de respuestas económicas por parte de los gobiernos.

(f) Las resistencias sociales se reactivaron en casi todos los países, pero lo hicieron sobre la base de organizaciones nuevas o de movimientos poco orgánicos, lo que tomó la forma de grandes e inesperadas explosiones, que son el nuevo rostro de la “desestabilización”

(g) La tendencia principal del cambio en la América Latina está siendo pasar de las resistencias sociales masivas y tumultuosas, a corrientes electorales emergentes y multitudinarias que rompen los diques del control de los partidos tradicionales, y se convierten opciones de gobierno.

(h) Una nueva izquierda de masas y de baja ideología ha surgido en América Latina, levantando las banderas del cambio económico e institucional, oponiéndose a la hegemonía de los viejos partidos y desafiando a las elites dominantes y el padrinazgo de Estados Unidos. Las elecciones se convirtieron en un riesgo para la clase dirigente.

(i) La primera disputa en todas las nuevas experiencias latinoamericana toca directamente al tema de la legalidad y legitimidad para el cambio. Y es eso lo que ha puesto en el centro de cada proceso la cuestión de la Asamblea Constituyente, que poco a poco se ha convertido en mala palabra para la derecha y la gran empresa, porque representa el riesgo de que lo “irreversible”, revierta.

(j) La legalidad ha empezado a cambiar de sello y son otras clases y actores políticos los que pasan a invocarla con su propio contenido. Las derrotas sufridas en sucesivas elecciones por las derechas, en elecciones, reelecciones, referéndums y Constituyente, ha ido deslegitimando a las derechas y obligándolas a romper la nueva legalidad.

(k) Este escenario en el que la derecha no sólo no puede aceptar, sino ni siquiera entender porqué está siendo desplazada y porqué la gente no cree en ella, es lo que está haciéndole pensar nuevamente en el golpe y en los justificativos políticos e institucionales para la aventura.

(l) La experiencia hondureña actual tiene que ver con el destino de todos los latinoamericanos, porque debe marcar si la tendencia principal al cambio no es revertida, o si se impone la vieja derecha, asesinando su democracia pero salvando su poder económico, que es lo que realmente les interesa.

San Marcos, 16 de octubre de 2009