viernes, septiembre 19, 2014

Más obras…¿cuáles obras?

El anzuelo para votar amarillo en las próximas municipales es que con el mudo se acaban la palabras y vuelven las obras. ¿Qué obras? Nadie dice nada. No hay una palabra clara sobre eso es su malhadado plan de gobierno y en campaña de lo único que ha hablado el silencioso candidato es de un monorriel que era un proyecto del gobierno central que quiso presentar como suyo.

O sea “más obras”, pero no se sabe todavía cuáles. Un tipo que debe tener persiguiéndolo una larga lista de empresas constructoras, vendedores de cemento y material de construcción financiera, para hacer algo que todavía no se sabe qué es.

Es como cuando Fujimori decía que confiaran en él, porque sabía como gobernar y para qué más detalles. Es decir una invitación a carnerizarnos, no carnetizarnos o afiliarnos, sino a condenarnos a carneros.

Uno piensa en “las obras” del Castañeda constructor 2003-2010, y se encuentra con pasos a desnivel en la carretera al norte que no han reducido la congestión brutal de tránsito en esa zona, pero si han desconectado a la población a ambos lados de la vía; dos bonitos e innecesarios viaductos alrededor del cruce de avenida México e Iquitos con el Paseo de la República, con baja utilización vehicular; el paso a desnivel incompleto frente a San Marcos; etc.

Y uno vuelve a preguntar: ¿cuál es el sentido integral de todo esto?, ¿qué idea de ciudad y de organización del espacio está detrás? Y te responden, no señor, esa no es la pregunta sino cuál es la cantidad de placas que dejas para el futuro.

Hay otras obras, es cierto, que parecen tener mayor sentido como el Metropolitano (al margen de costos, plazos y contratos mal hechos), pero aún ahí no se sabe cuál era el plan final: ¿organizar la ciudad con varias rutas de buses articulados? Si se pensó, evidentemente se dejó de lado, tal vez por debilidad ante el gobierno García-Cornejo que impuso su plan de trenes. Pero además por inconsistencia porque se siguieron dando permisos a empresas de combis y coasters agravando el desorden del transporte en la ciudad.

Claro que al final quedan las escaleras a los cerros, que Villarán continuó, aunque hasta ahora siga siendo el mayor emblema del populismo castañedista. El propio candidato ha dicho que con estas y otras pequeñas inversiones para pobres, se evitó la aparición de un nuevo Abimael en los barrios limeños. Pero más allá de esta idea media represiva, lo cierto es que las escaleras pueden aliviar la mala vida pero no solucionarla. Menos integrar a la ciudad y hacerla menos injusta.

Ahora, después de este recuento tratemos de armar algo que parezca una ciudad, y no sale. Pero ahí está, nos dicen que para ganar basta con decir que vuelven las obras, cualquier obra y con cualquier robo, pero vuelven, al fin.

19.09.14

jueves, septiembre 18, 2014

Elecciones atípicas

Parece que estuviéramos ante una elección atípica, desganada, resignada se podría decir (por aquello del 41% partidario del robo con obras), en la que las cifras se mantienen y hay un ganador anticipado que no tiene ningún mérito pero que ya ganó, porque así lo dicen todos que a su vez repiten lo que aseguran cuatro o cinco empresas de encuestas.

Pero la verdad un escenario así no es tan novedoso. Hay que retroceder, es cierto, al año 2000 para encontrarse con una disposición de fuerzas como la actual, en la que un Fujimori casi tan mudo como Castañeda, ignoraba a sus rivales y empezaba a adelantar lo que haría en su tercer gobierno que se daba por hecho. Los medios no tenían dudas y las encuestas confirmaban a cada rato la tendencia. Hoy, los propietarios de dos de las empresas encuestadoras más conocidas (Datum y CPI), están procesados por fraude, por los hechos de aquel año. Pero siguen activas como si nadie tuviera algo de memoria.

En fin, lo esencial para crear una elección con cifras inmóviles e imponer un resultado antes de la elección, es la despolitización, el vaciamiento de contenidos políticos, la disolución de la campaña en otros temas, como está ocurriendo en estos días con el asunto de las tachas y supertachas, y ocurrió hace 14 años con distintos sicosociales. En tiempos de Fujimori-Montesinos  la batuta de un manejo de este tipo la tenía el gobierno, y eran ellos los que enrolaban a los medios que todavía estaban descubriendo la ventaja de la política, sin política, lo que como se sabe costaba una buena cantidad de dinero para acelerar el aprendizaje.

Ahora, en épocas de concentración mediática, el centro del poder se ha movido sustancialmente. Los que eran comprados, ahora compran encuestas y comentaristas. Y lo que estamos presenciando en la elección de Lima es un ensayo de lo que pueden hacer para el 2016. Si pueden dejar flotar a un candidato, tocándolo apenas marginalmente, y presentándolo como invencible cuatro o cinco meses antes del inicio de la campaña corta, y lograr que su rival principal quede aplastado, o aplastada, por una imagen negativa construida día a día, entonces el camino parece abierto para que de acá a dos años nos puedan convencer que Keiko ya fue electa, o que entre ella y García ya no hay nada más que hacer.

La elección despolitizada, el candidato escurridizo, los medios sobreactuados y encubridores de lo que les conviene, son un atentado directo contra la democracia, si se entiende por ello la libertad de las personas para decidir. Habría que anotar sin embargo, que estás camisas de fuerza no siempre se mantienen firmes y hay veces en que a último momento se descorren y crean situaciones inéditas. Fue lo que le pasó a Vargas Llosa con Fujimori, y al propio Fujimori con Toledo. No hay que olvidarlo.  

18.09.14

miércoles, septiembre 17, 2014

¿Por qué cayó Castilla?

Comentábamos ayer el papel de Castilla en el gobierno, que no podrá ser reemplazado por Segura ni por ningún otro ministro. Siguiendo este razonamiento se deriva fácilmente que el dúo Humala-Heredia no puede haber sido el que provocó este retiro, mucho menos la primera ministra Ana Jara. Lo que parece evidente es que hacía rato que Castilla estaba con un pie afuera y la penosa salida de “su” primer ministro Cornejo, continuada con la aparición del los cornejoleaks había liquidado la imagen de eficiencia e infalibilidad que la tecnocracia se tejió en tres años y ante la que se rindieron el presidente y la primera dama.

En realidad, la falibilidad del mechoncito ya estaba a la vista con la fuerte baja en la producción local a partir de este año. Al neófito Humala le hicieron creer que tenía un ministro que le garantizaba el crecimiento económico que era la base para evitar convulsiones políticas indeseables. No es que le dijo que creceríamos mientras el mundo nos comprara nuestros productos y que había factores de vulnerabilidad en el modelo si no se hacían los ajustes a su debido tiempo. Y como para confirmar el grado de confusión en que estamos metidos, Castilla señaló que las regulaciones ambientales, laborales y otras, que habían estado vigentes cuando el PBI andaba por encima del 6%.

Las ridículas pretensiones de García de “enseñar” al ministro entrante con el apoyo de Carranza y Meche Aráoz cómo se crece sin parar, en cualquier coyuntura externa o interna, es una muestra gráfica del mismo problema. Y es razonable creer que Castilla haya calculado un fuerte desgaste de su persona, si seguía adelantando recuperaciones para el siguiente mes, trimestre o semestre, sino logran ningún éxito. Puesto al costado, como se dice, el mechoncito puede reconstruir su rol de técnico de altas cualidades y ser la carta salvadora de la siguiente etapa, para este o el siguiente gobierno.

Hay otros temas mencionados en el retiro del influyente personaje: por ejemplo la Ley Coca Cola que lo puso a la defensiva; la Ley para que los independientes no paguen a la AFP Habitat; o el asunto de la privatización de Sedapal. El ministro Segura parece dispuesto a facilitar estos temas, en los que Castilla estaba aparentemente mucho más pegado a la ortodoxia de siempre cumplir al pie de la letra con las empresas, aunque no se cumpla con el país. Como sea, el ministro de Economía que hizo girar a Humala de la Gran Transformación y la Hoja de Ruta, hacia el neoliberalismo sin afeites, ha interrumpido su participación en un gobierno que por momentos era más suyo que de cualquier otro. El hombre se va cuando el empeoramiento de la situación se hará cada vez más costosa. Pero lo ha hecho cuando todavía tenía tiempo para resarcirse. Es mi opinión, a tomar en cuenta.

 17.09.14

martes, septiembre 16, 2014

Nuestra Sedapal

Tanto Toledo como García fueron presionados en período electoral a firmar actas en las que se comprometían a no privatizar Sedapal. Pero nadie le pidió lo mismo a Humala, porque seguramente creían que era una redundancia. Alguien que prometía revisar las privatizaciones porque suponía que muchas de ellas vulneraban el interés nacional y eran corruptas, era inimaginable en el papel de culminador de la obra desmanteladora de la gestión empresarial del Estado que Fujimori detuvo allá por el año 1998.

Pero he aquí que no contábamos con Castilla, es decir con la hermana y la socia Blume, y los lazos con PPK, que son toda una huella de agua. Precisamente a los pocos días de suscribir junto a dirigentes sindicales, organizaciones barriales y grupos de cuidado del agua, un documento en el que se descartaba totalmente la posibilidad de transferir la enorme red de usuarios que depende de Sedapal a inversionistas privados, Toledo salió rumbo a Estados Unidos, donde se encontró con Kuczynski al que convenció fácilmente de aceptar el cargo de ministro de Economía del gobierno que aún no había juramentado.

El gringo había representado a la parte privada en los procesos de transferencia de propiedad durante el gobierno de Fujimori y no tenía ningún currículum de lucha democrática. Pero se subió al carro rápidamente al gobierno que proclamaba un camino diferente al del fujimorismo que por entonces era un apestado repudiado en todas parte y los primero que hizo fue convencer a Toledo que podía ser nexo con la Corporación Suez, empresa franco-belga, campeona de las privatizaciones de sistemas de agua y electricidad. El electo y su futuro ministro viajaron entonces a París a hacer otro compromiso opuesto al que se estableció en Lima.

Sedapal con casi un millón y medio de conexiones que son facturadas mensualmente era no sólo un excelente negocio para quién resultara beneficiado de una eventual conexión por 20 o 30 años, sino una poderosa señal de que la economía peruana entraba en un nuevo ciclo de apertura a grandes inversiones extranjeras, que se había frenado los años anteriores. La historia que lleva hasta el arequipazo del 2002, empezó ese día en que Toledo y su inminente ministro de Economía convinieron con la Suez la privatización del agua. Por supuesto que no pudieron ni siquiera iniciar el proceso, muy a pesar que PPK dramatizó al extremo la situación y mientras anunciaba el próximo colapso de los desagües que inundaría de inmundicia a los hogares peruanos, paralizaba el crédito japonés para la planta de tratamiento de San Bartolo.

Toledo entendió que no iba a poder con un porcentaje de rechazo a la privatización en Lima de 70 a 80%, y dispuso compensar a los amigos franceses con las eléctricas del sur. Si se recuerda bien, esa fue la única privatización que una vez hecha la licitación y entregada la concesión, revirtió tras una gran convulsión política y un nuevo retroceso del presidente que si alguna cosa tenía era un agudo sentido de sobrevivencia.

García, la ruta de poco a poco


Alan García prefirió evitarse el choque directo que representaba tratar de modificar el estatuto de la empresa del agua, y tomó el camino de tercerizar, transferir cada vez mayor número de unidades de operación, servicios y administración a grupos privados. Ejemplos emblemáticos son por un lado el destino de las Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales de Taboada y la Chira, con inversiones de 500 y 450 millones de soles cada una, a cargo del Estado, que apuntan a reducir la contaminación del mar, cuya gestión está concedida por 25 años que aparte de no haber cargado con el grueso de la inversión, van ser remunerados por Sedapal por el servicio de gestión de ambas plantas. Otro caso es el de la concesión de agua sobre el río Chillón, que administra el Consorcio Agua Azul de accionistas italianos, otorgada por un espacio de 27 años, y que después de una década de funcionamiento no ha mejorado la oferta de agua potable en los distritos a su cargo debido a las deficiencias de captación sobre un río que permanece seco casi todo el año. Esto no quita, sin embargo, que Sedapal siga abonando una tarifa de 14 millones de dólares anuales de acuerdo a contrato.

Se puede seguir con muchos otros proyectos como los que tienen que aumentar el trasvase de aguas de la sierra hacia la costa para aumentar el caudal de los ríos de Lima, que es imprescindible para cualquier idea de extensión del servicio a los que no tienen cobertura o la tienen de manera deficiente; la modernización de la red de tuberías que hasta hace unos años colapsaba frecuentemente; la modificación de los emplazamientos de empresas mineras e industriales que hacen descargas químicas sobre las aguas. Nada hizo García sobre estos asuntos y en cambio está ahora acusado de haber maquinado decretos de urgencia y otras normas para financiar proyectos con dinero de Sedapal, que no se hicieron o fueron distorsionados. Por lo demás las gerencias de la empresa tercerizaban todo lo que podían: mantenimiento, transporte, limpieza, recaudación, etc., y en cada uno de estos espacios se acumularon denuncias por coimas y otras formas de corrupción.

Humala y el retorno de un viejo tema


Claro, quién iba a creer que Humala le aceptaría la propuesta de Castilla de poner a disposición de inversionistas privados el 49% de las acciones de Sedapal. La noticia ha caído de repente y ha dado lugar a editoriales y comentarios que señalan ¿y por qué el 49%, si puede ser el 51% o incluso el 100%? Cecilia Blume ha escrito acerca de “nuestra Sedapal”, que debería ser de otros, para que entonces se resuelvan los problemas de baja inversión, cobertura insuficiente, calidad del recurso y mantención de las tarifas en niveles razonables.

El razonamiento, como en todas las otras privatizaciones parte de aplicar sentidos ideológicos. El Estado es mal administrador, el Estado debe dedicar sus recursos a asuntos de mayor importancia, el Estado ha fracasado en abastecer a casi un millón de limeños que habitan las zonas de menor accesibilidad de la ciudad, en las alturas de los cerro adonde no llegan las tuberías.

¿Se habrá creído nuestro crédulo presidente que esas cosas se pueden mejorar si la empresa cambia de mano?; ¿pensará que los administradores de la empresa del agua privatizada serán distintos a los que la han conducido en estos años o los privados volverán sobre los expertos que saben como es la cosa?; ¿imaginará Humala que hay asuntos más importantes que dedicar recursos públicos a lograr que todos los limeños y peruanos en general accedan al agua potable de calidad las 24 horas continuas?; ¿o tal vez se habrá convencido que los privados van a asumir el enorme costo de trasladar tuberías subterráneas hasta lo más alto y más pobres de la ciudad, para llevarles agua a través de los caños, cuando saben que esas familias no soportarían que la tarifas reflejen estos costos?; ¿ha estudiado el presidente que dejó a un lado la Gran Transformación, que se oponía a los esquemas de privatización neoliberal, que todos los casos en que empresas de servicios fueron a manos privadas, se impuso un brusco aumento de tarifas para hacer caja?

Tengo la impresión que Humala está perdido porque sabe de todas estas cosas, pero no tiene idea de cómo oponerse a una decisión de esta envergadura. Pero, la verdad, la lucha recién comienza. Y puede ser que se habrá un proceso de impredecibles consecuencias.
  
16.09.14
Publicado en Hildebrandt en sus Trece

      

Castilla se va, pero puede volver

Leo que en uno y otro lado del escenario político, los analistas aseguran que no ha pasado nada. Por ejemplo es muy “izquierdista” declarar que Alfonso Segura es más de lo mismo, porque obviamente debe ser totalmente neoliberal como que era jefe de asesores del saliente Castilla, estuvo dentro de la planilla de Proinversión y ha pasado nada menos que por el FMI. A su vez es muy de derecha hacer lo que hace Blume de explicar que los recientes paquetazos proinversión fueron hechura del ahora enfajinado, cosa que no sabíamos pero que ella sí, por su singular labor de bisagra entre el Poder Ejecutivo y las grandes empresas, que según dicen no es lobby sino algo que se le parece.

El punto es que de acuerdo a las dos versiones lo sucedido es apenas marginal, lo que lleva a recordar cuál fue la importancia del hombre del mechoncito para mantenerlo tres años en el puesto, convirtiéndose en el último de los integrantes del gabinete inicial en dejar el barco, y qué fue lo que retardó tanto su salida si era, como se decía, que lo reclamaban a gritos para un puesto en el Banco Mundial. El tema da para mucho más, porque es evidente que Castilla fue el punto de transacción entre la CONFIEP con el gobierno, aún antes de la juramentación de Humala; el personaje que le quitó filo a la oposición aprofujimorista haciendo que en economía casi no existieran diferencias; el que hizo posible la inmensa expansión de la tecnocracia del MEF sobre el gabinete (en un momento llegó a colocar más de la mitad de los minisyros y al primer ministro) y las instituciones públicas; el que sacó a Villanueva del premierato jugando en pared con Nadine; el que dijo que íbamos a salir rapidito del bajón económico del primer semestre y antes de irse acaba de advertir que la recuperación será mucho más lenta que lo adelantado.

Hasta hace pocos días se podía decir que Humala estaría desamparado si Castilla lo dejaba con la recesión en ciernes y las inversiones congeladas. Pero de pronto parece que se puede sacar a la pieza maestra sin demasiados transtornos. ¿Será verdad? Pienso que no. Castilla ha sido el centro de gravedad económico (de política económica) y el articulador de este gobierno. Y no existe posibilidad que un desconocido, un segundón, lo reemplace en todo lo que significó en estos años. Es verdad que las normas y los compromisos con las empresas van a seguir adelante. Pero aunque lo quiera Segura no va a manejar a Humala-Nadine como lo hacía el mechoncito, ni la CONFIEP lo va a tomar como la última palabra, ni los ministros castillistas se afiliarán a seguristas. Lo más probable es que Castilla se vaya un tiempo y si la situación empeora, lo vuelvan a llamar como salvador. Eso pasó con PPK en el 2004 y Carranza el 2009.

16.09.14