miércoles, abril 23, 2014

Buena economía y mala política

Augusto Álvarez Rodrich ha querido animar un debate acerca de lo que podría haber querido significar un comentario de la revista inglesa The Economist, sobre la falta de liderazgo de Ollanta  Humala, que explicaría muchos de los problemas del gobierno. Tratando de ser equilibrado, ha llegado a decir que la carencia se repite en la oposición, y que no hay un opositor digno de ese nombre en el país, a pesar de lo que digan las encuestas.

Asumiendo, como si fuera una premisa, que frente a una política tan deplorable que no insinúa alternativas, la economía habría estado yendo mucho mejor de lo que se habría esperado, Álvarez se pregunta si es posible a largo plazo esta convivencia entre “mala política” y “buena economía”, que es casi como interrogarse si se mantendrá la alianza pragmática que viene desde Fujimori, de los gobernantes con la tecnocracia económica cada vez más poderosa, que tendría que contemplar impasible como los líos politiqueros amenazan constantemente con quemarles el pastel.

Alguien como Kuczynski, que se deja palpar los genitales para ganar votos, y que ha demostrado que puede ponerse al frente del mayor sancochado o repartija de la política criolla, podría decir que estaría fácilmente en condiciones de asegurar que la economía de las grandes inversiones y de la extracción de recursos naturales, que ha sido la base del celebrado crecimiento de estos años, no sólo no sería tocada como ha pasado durante 20 años, sino que pasaría directamente al mando. ¿Y eso mejoraría la política peruana?

Quiero decirlo lo más claro posible: la buena economía de las privatizaciones de los 90, iba de la mano con una estructura dictatorial del poder, que permitía el control social y el manejo de las masas, y que por su carácter hermético facilitaba la hipercorrupción de esos años; la buena economía de los 2,000, construyó la sociedad entre el gobierno frívolo de Toledo en el que PPK tomaba las decisiones económicas; y la nueva gran corrupción de Alan García, que se dedicaba a recibir empresarios en Palacio y repartir entre ellos el dinero del Estado. La buena economía, doblegó a Humala y lo hizo abandonar  su programa y su equipo de gobierno, imponiéndole la tecnocracia, que coexiste de lo más bien con la falta de liderazgo del presidente, los arrebatos de su mujer y los indicios de corrupción que van apareciendo por diversas partes.

En otras palabras, la “buena economía”, es en gran medida la responsable de que la política se haya vaciado de contenido y de ideales, y que los líderes de los partidos estén mirando el poder como un botín, del que además salen los fondos para sus siguientes campañas. Todos quieren que los tecnócratas ganen muy bien, que hagan lo que les da la gana con los recursos públicos y se vuelvan la sombra de los presidentes. Pero fuera de ese trato, la política es una trompeadera general por alcabnzar y retener el poder, para que el Perú no cambie.     

23.04.14

martes, abril 22, 2014

Lapsus calami

¿En qué planeta lejano habita el director del diario menor de la gran concentración mediática que no puede distinguir Patria Roja, de Sendero Luminoso y Movadef?

En tremenda foto de primera página se muestra una imagen que se supone es de un aula de San Marcos, sin alumnos, en la que luce una pinta en la que se lee “Patria Roja-FER-Sin luchas no hay victorias”, con dos dibujos de la hoz y el martillo”, con un titular que afirma “Sendero vuelve a las aulas”.

La combinación es perfectamente idiota. Salvo que Garrido se haya creído eso de que el rojo y la hoz y el martillo, comunistas, son exclusividad del senderismo. Igualmente torpe es eso de “vuelve a las aulas”, si hace muchos años que se sabe que el Movadef trabaja entre los universitarios y hasta el rector de la San Marcos, sobre el que recaen serias acusaciones de corrupción y fraude en las elecciones universitarias, organizó una marcha para decir que él no era el problema de esa casa de estudios, sino los “terroristas”.

Vista la nota interior se encuentra además que todo el “destape” se basa en datos policiales, de esos que se lanzan a la prensa para crear opinión de que hay que hacer algo en las universidades y para que fiscales y jueces se sientan presionados por la gran prensa, cuando en el fondo quién los está manipulando es la Policía y el gobierno. ¿Cuántos actos terroristas o violentos se han producido en las universidades, o a partir de ellas, que merezcan el despliegue? Ninguno.

Hasta se podría suponer que la foto equívoca de la portada también viene de la “inteligencia” oficial; lo que obliga a preguntarse, si la confusión entre Patria Roja y Sendero es deliberada. Para pensar eso no hay que hacer demasiado esfuerzo, ya que en el contexto de las noticias sobre la captura de Crespo, Fajardo, Walter Humala y otros, se desarrolló en paralelo una redada contra dirigentes campesinos y populares en Cajamarca, relacionada con el conflicto de Conga. ¿Casualidad?

Veamos por un momento lo siguiente: si el razonamiento es que Movadef es terrorista porque no ha renegado del pensamiento Gonzalo y por eso pueden ir presos y condenados a 35 años de cárcel (lo del financiamiento del narcotráfico se está cayendo solito), ¿no les parece curioso que Perú 21 se “equivoque” en primera plana identificando al senderismo con sus rivales de Patria Roja, que tampoco ha renegado a ciertos símbolos comunes que vienen del pasado? Digo, nomás.

¿Estamos siendo envueltos en un razonamiento policiaco y tipo el viejo SIN, que quiere explicar los problemas del país con teorías conspirativas, y sacar al gobierno de sus entrampes con una buena represión? Por ahora es una hipótesis. Pero, por lo que se puede ver, hay una poderosa batería de prensa para repetir cualquier versión policial. Hasta las más disparatadas.

22.04.14

lunes, abril 21, 2014

Realidad y ficción

Bogotá noviembre de 1992: asistía a un seminario sobre “realismo mágico”, que en una de sus sesiones pidió a los participantes leer dos escritos, que eran extractos de algún texto más amplio, cuyo autor no se mencionaba. El primero, contaba una escena de la revolución mexicana en la que uno de los jefes revolucionarios practicaba puntería con cabezas humanas que estaban clavadas en unas estacas que corrían paralelas a la línea del ferrocarril. Sobre los cráneos se posaban los gallinazos que salían volando cuando las balas los hacían estallar en varios pedazos.

El segundo, era un reporte sobre un hospital de cáncer, en la ciudad de Taskent, en la Unión Soviética en 1950, en el que los enfermos están sometidos a una disciplina rigurosa, contradictoria con la gravedad de su enfermedad, y en el que el director se limitaba a enviar un informe semanal sobre los muertos que se iban produciendo durante su gestión.

La tarea consistía en señalar cuál era un material periodístico “realista” y cuál una “ficción”. La mayoría encontró irreal el escrito sobre México y realista el de los enfermos de cáncer. Los organizadores presentaron entonces el libro de John Reed, “México Insurgente”, y el de Alexander Solchenitzyn, “Pabellón de cancerosos”, de dónde se habían escogido los textos sobre los que habíamos tenido que opinar.

Reed, por supuesto, creía en eso del periodismo hiper-realista, y el tirador que apuntaba a los cráneos de sus víctimas a las que asesinaba por segunda vez era su testimonio de una guerra tan brutal que parecía inventada. El escritor ruso, a su vez, había disfrazado como una historia real, lo que era una descripción de las relaciones de poder en la época de Stalin y lo que parecía una crónica de un hospital era una crítica del régimen autoritario.

A continuación vino otro momento del seminario que consistía en relatar alguna noticia sobre cada uno de nuestros países que pudiera encajar en lo real-maravilloso, es decir que fuera verdad pero difícil de creerse. 

Cuando llegó mi turno, dije que no podía hablar de una sola cosa, y solté en medio del asombro de los asistentes, el tema del chinito que nadie conocía que se hizo presidente; el shock que no iba a haber y que fue el más grande del mundo, con un galón de gasolina que subió treinta veces de precio en una sola noche; el golpe de Estado, que nos cayó una noche de domingo, y que la mayoría aplaudió porque creía que nuestro problema era de gobierno débil; el coche bomba de Tarata que nos hizo sentir que estábamos en manos de Sendero; y la captura de Guzmán, menos de tres meses después que cerró, de un día para otro, la guerra que nos asfixiaba.

Todo esto era real y, aunque no parecía tan maravilloso, era bien difícil de creer.

21.04.14

domingo, abril 20, 2014

El maravilloso realismo de Gabo

“Cien Años de Soledad” es un ballenato de 350 páginas.
Gabriel García Márquez

En 1958, Gabriel García Márquez contó en una revista la historia de un ingeniero alemán que en una Caracas que sufría una aguda crisis por falta de agua, abrió una lata de durazno y usó el jugo para afeitarse.

Pero según se supo más adelante, el ingeniero que se menciona en la nota no había existido y el que había recurrido al ingenio de afeitarse con el jugo dulce de la conserva había sido el mismo Gabo.

Vargas Llosa en “Historia de un deicidio”, afirma que lo que sedujo a Gabo del periodismo era el trabajo de reportero  "que se moviliza tras la noticia y, si no la encuentra, la inventa".
  
Tal vez algunos no entiendan la diferencia de lo que era inventar, en la manos de García Márquez, de lo que es mentir que es el peor pecado de la prensa.

En una famosa anécdota del año 1958, Gabo, como periodista de El Espectador, viaja a un pueblito remoto del Chocó, llamado Quibdó, en el que se había reportado una violenta protesta contra el gobierno, y al llegar después de dos días atravesando la selva, se encuentra con que la información era falsa.

Entonces, ante la posibilidad de tener que reconocer que había perdido su tiempo, decide organizar una protesta que efectivamente se produce y que se alarga los días siguientes y en las que el propio periodista toma parte.

Esto luego aparece consignado en un reportaje denominado “Historia íntima de una manifestación de 400 horas”, en la que se dice que las manifestaciones se prolongaron por 13 días, “nueve de los cuales estuvo lloviendo implacablemente”.

En su pequeño cuento “El ahogado más hermoso del mundo”, publicado en 1972, dentro de la selección “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”, Gabo hace exactamente lo inverso del reportaje sobre el Quibdó.

Invade la ficción con las técnicas del periodismo y nos relata una noticia en la que un hombre muerto es varado en una playa y las mujeres del pueblo se impresionan de su belleza, lo bautizan con un nombre que inventan, y empiezan a fantasear con sus virtudes de macho que nunca conocieron. Los hombres le temen y las mujeres lo aman, y cuando finalmente lo hunden en el mar, todos quedan aplastados por el recuerdo del gran muerto que realmente no ha hecho nada.

A veces se olvida que la mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor”, escribe Gabriel García Márquez para los que quieran seguirlo como el gran periodista que siempre fue.

El escritor


El libro que más he leído en mi vida, catorce veces, una de ellas en voz alta, parado y sin nadie que me escuchara, se titula “Cien años de soledad”, y el segundo, que debo haber repasado unas cinco veces, una de ellas a dúo con mi compañera, en una crisis de amor, se llama “El amor en los tiempos del Cólera”.

Estoy seguro que ya no podré batir estos récords excesivos, que pueden parecer un contagio del estilo de Gabo. Después de todo, por decisión personal, el tiempo que pude usar para leer otros libros, lo emplee para profundizar en las frases mágicas del colombiano que me entusiasmaron desde que lo oí una tarde lejana en una conversación con Vargas Llosa en el auditorio de la facultad de Arquitectura en la UNI, y supe que tenía que leer esa historia desbordada que nos había dicho que ya estaba publicada y a punto de llegar a Lima.

A García Márquez el descubrimiento de sí mismo, le llegó el día en que abrió las páginas del libro de Kafka y se encontró con la frase: “una mañana después de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó transformado en un monstruoso insecto”. Ahí supo que la escritura no tenía límites y que las historias fantásticas que había escuchado en su niñez de las mujeres de la casa de sus abuelos en Aracataca, eran tan verdaderas y razonables como las del infortunado Samsa convertido en cucaracha.

Para mí, sin que todavía supiera de la conexión con Kafka, al que leí en mi adolescencia, lo que ocurrió con las primeras 28 palabras de “Cien años de soledad”, fue un deslumbramiento semejante. Por fin había encontrado la manera como se puede explicar el significado de ser latinoamericano. Imaginar al coronel Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento, que al final no llegaría a fusilarlo, recordando en ese momento la tarde cuando conoció el hielo, era como decir que tragedia y lo cotidiano estaban superpuestos hasta la exageración en la vida de cada uno de nosotros.  

Por García Márquez sabemos que en esta parte del mundo se puede emprender 32 guerras y perderlas todas, y salir vivo de 14 atentados, 73 emboscadas y un pelotón de fusilamiento, es decir ser derrotado toda la vida y sobrevivir hasta morirse sentado junto a un tronco. Se puede amar cincuenta años y soportar los desdenes más brutales para terminar en una rendición de amor en un barco que no podía llegar a las costas por la cuarentena del cólera, y que sugería que recorrería los ríos con el amor de dos ancianos hasta el final de los tiempos.

En nuestros pueblos las bellas se van al cielo de cuerpo entero mientras sacuden la cama, que como nos dijo Gabo en la UNI podría ser la manera elegante de contar que fueron violadas y asesinadas; las solteronas cosen su mortaja hasta el día de su muerte, pero no rinden su virginidad endurecida; los hombres mueren jóvenes y las mujeres viven cien años; y los obreros muertos viajan en vagones de carga, mientras en Macondo la población borra de su memoria que alguna vez hubo una compañía bananera al lado de la ciudad y que los huelguistas fueron asesinados a golpe de metralla en una matanza que nunca existió.

Gabo siempre fue un escritor de izquierda, no se peleó con Cuba a pesar de los vaivenes de la historia. No dejó de enseñar periodismo, literatura, cine, que eran sus pasiones. Y se fue del mundo de los vivos en jueves santo. Calladito, como si estuviera a lado de un tronco en el que se había sentado a beber un mate, como su abuelo el coronel, que no tenía quién le escriba.

20.04.14

Cuando no importan las pruebas

En la época de Fujimori, se empezó a usar procedimientos como el de los arrepentidos, los testigos encubiertos y los jueces sin rostro que se decían que eran los más eficaces para procesar a la cúpula de Sendero y el MRTA, y evitar que fuesen amedrentados con amenazas sobre sus vidas. Pero el problema era que una justicia con testigos invisibles y magistrados enmascarados, se prestaba para que cualquiera fuera acusado, para inventar testigos y para que en vez de jueces verdaderos pudiese haber cualquier persona detrás de un vidrio opaco y de una voz distorsionada.

Son cientos si no miles los que sufrieron procesos injustos que luego obligaron a que se creara la Comisión Lanssiers, para estudiar los casos y recomendar indultos cuando se comprobara que se había condenado a inocentes o personas que no habían participado de actos de violencia. Uno podía creer que las metodologías dictatoriales, ya habían cesado con la democracia que empezó en noviembre del 2000, democracia mediocre y aterrorizada, pero sujeta a ciertas garantías que todos deben respetar.

Pero cuando se conoció el caso Obregón, la excongresista nacionalista detenida  con otros dirigentes de las zonas cocaleras del Huallaga, por supuestamente tener vínculos con el narcotráfico y Sendero, en sus dos fracciones, y las pruebas que se presentaban eran testimonios de anónimos declarantes que indicaban fechas y lugares en los que se habrían producido los encuentros clandestinos, era como para sospechar que nuevamente estábamos entrando en uno de los círculos del infierno donde cualquiera puede terminar incinerado.

Tengo en mis manos algunas evidencias que irán saliendo cuando complete la información que necesito, para probar de que manera se fraguó el caso contra Nancy Obregón; pero ahora lo que está saliendo a luz es la investigación hecha para la detención del Movadef y lo que se encuentra es otra vez una falsificación grosera, que las están poniendo en evidencia periodistas que no tienen la mínima gana de hacerle de caja de resonancia a los seguidores de Guzmán, pero que están seguros que mucho peor es sustentar la defensa del Estado en una redonda mentira.

En este momento, está totalmente demostrado que el denunciado encuentro de Crespo con Artemio el año 2008, en algún lugar del Huallaga para pactar una entrega de dinero procedente del narcotráfico, que mereció un despliegue espectacular de El Comercio que quería dar la impresión que había acabado con todas las dudas sobre la operación Perseo, nunca existió, porque el mismo día que se dice que el abogado andaba por la selva, estaba en realidad en la Base naval con Guzmán. ¿Por qué se mintió, si se sabía de acuerdo a los informes internos que el “testimonio” era antojadizo? La razón es sencillísima. Calcularon que nadie iba a decir nada. Con esos, mejor presos que libres. Pero ahora están armándole una acusación semejante a los dirigentes de Cajamarca. ¿Hasta dónde se puede llegar?

20.04.14
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