jueves, julio 24, 2014

Para entender el gabinete Jara

Hace apenas cinco meses cayó el anterior premier, y aunque fuese por razones bastante distintas a las actuales, un problema de divergencia política frente a una denuncia por interferencia a una investigación sobre corrupción, la mecánica del proceso en ambas situaciones ha tenido dos elementos equivalentes: (a) el premier se derrumba solo y no hay ministro que lo acompañe (Castilla mira para otro lado después de sostener a Cornejo); (b) todos voltean a ver dónde está la mano de Nadine y así como se dijo que a Cornejo lo puso la primera dama con la jugadita contra Villanueva, y que eso se debía a que era aliada de los tecnócratas y empresarios y además amiga de su mujer, ahora se insiste en que es íntima de la sucesora la que a su vez es su escudera del alma, que va en pared con la candidatura de otra amiguísima para la presidencia del Congreso.

El presidente Humala no nombra un gabinete de ministros como un equipo que debe responder por una línea general que no existe. Elige individuos para administrar sectores y a un premier para dar la cara cuando el propio Humala no quiere hacerlo. La lectura que se hace de las resoluciones de ratificación de ministros que se quedan, en las que se arranca con la frase “vista la propuesta de la señora presidenta del Consejo de Ministros”, es por eso risible, porque no hay un solo nombre en el gabinete actual que sea propuesta de Ana Jara, como no lo había en el gabinete Cornejo o en el Villanueva. Por tanto lo que estamos no es ante el cambio del jefe de los ministros, sino el del casi único ministro con funciones netamente políticas, que cuando se le reemplaza da la impresión superficial de un cambio general en la política del gobierno.

También es cierto que Nadine ha inventado un sistema para que se piense que está detrás de todos los actos del gobierno y que cada quién que se encumbra lo hace a partir de su influencia. La conclusión es que cada vez que pasan estas cosas se arranca una especulación interminable sobre la puntada maquiavélica de la primera dama para que el resultado de cualquier movida siempre la favorezca. Pero visto bien, este ejercicio es decididamente superficial e incapaz de conducir el análisis a alguna parte. Que Nadine toma parte en todas las decisiones, y no hay como distinguir entre lo que dispone el presidente y lo que le dispone la primera dama, puede ser que sea verdad pero saberlo no ayuda en nada. El tema es que en febrero-marzo había que mandar un mensaje a los inversionistas y que esa era la prioridad de prioridades, como en estos días es llamar a la cohesión del partido así se sacrifique un poco las expectativas del capital. Humala practica el zigzagueo mucho más de lo que muchos hubieran imaginado.     

24.07.14

miércoles, julio 23, 2014

Se va el penúltimo ministro del 2011

Entre junio y julio del 2011 hubo algún tipo de trato entre el presidente electo y los representantes de los grupos económicos para asegurar la continuidad del modelo económico nombrando como garantes reales al ratificado presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, y al nuevo ministro de Economía, el exviceministro del anterior gobierno, Luis Miguel Castilla. No es casual que en las vísperas del 28 de julio de 2014, es decir del tercer aniversario de la juramentación de Ollanta Humala, lo único que quede en pie del diseño original del gobierno cuando se conformó el gabinete Lerner, sean estas dos figuras casi institucionalizadas que nadie sabe hasta cuándo durarán.

El penúltimo de los ministros llamémosles “fundacionales”, del gobierno que se instaló en el 2011, se fue ayer renunciando al otrora poderoso título de Primer Ministro, que ocupó cinco cortos meses, mientras estuvo otros treinta haciendo perfil bajo al frente del sector Vivienda. René Cornejo fue empujado hacia arriba por su “amigo” Castilla, que ha evitado el premierato concienzudamente, en lo que parecía la fórmula perfecta: un premier tecnócrata, para un gobierno cada vez más tecnocrático, y todos bajo el puño del jefe del MEF. Acuérdense que Cornejo fue la carta para suplir a otro breve premier, César Villanueva, que se fue en medio de un retorcido debate sobre el salario mínimo y las líneas de mando dentro del régimen. Ahora, la cabeza del gabinete se ha venido abajo por asuntos más pedestres: un intento de interferir en las investigaciones al propio primer ministro sobre sus conexiones con la empresa Helios fundada por él, y sus contratos con el Estado.

Así van las cosas. Tal parece que el intento de Castilla por demostrar que mientras más distante esté la política de las decisiones de Estado era mejor para el gobierno (elementalidad con la que parece haber embobado a Humala, que a su vez encuentra alguna conexión entre esto y su discurso antipartidos tradicionales), ha sufrido su más severo patinazo con la forma como se ha desmoronado el gabinete Cornejo. Y la respuesta del presidente de poner a su cuadro “más político”, diga lo que se diga de Ana Jara, indica que nuevamente estamos ante otro bandazo. Son seis primeros ministros en tres años, y ninguno parecido al anterior: Lerner y su antítesis con Valdés; Jiménez que vino a apagar el fuego creado por este último; Villanueva que quiso jugar a la apertura política y a la descentralización; Cornejo que iba a ser el premier de las inversiones; y lo que vendrá con Ana Jara.

Si es por improvisación, con este gobierno no hay como perderse. Pero el problema es aún más serio que eso. Porque si Humala creía que los privatistas y liberalizadores eran gente que actuaban lealmente, sin la odiada política, ahí tiene a su último premier descubierto como vulgar politiquero.  

23.07.14

martes, julio 22, 2014

La unidad de izquierdaque se evaporó en el aire

La izquierda volvió a ser la izquierda en el proceso de inscripción de candidatos a las elecciones regionales y municipales. Hace un año, muchos creyeron que la conformación del Frente Amplio auguraba el inicio de una política común ante un enemigo que se había envalentonado luego de someter a Humala y convertirlo en su “cosito” de cinco años, y se proyectaba a arrasar en los siguientes episodios electorales.

Un bloque de izquierdas cohesionadas podía ser un factor positivo en un país desconcertado que había votado consistentemente hacia la izquierda entre el 2010 y el 2011, donde los datos más significativos eran la elección municipal en Lima, la regional en Cajamarca y otras que habían escapado del control de las derechas tradicionales, victoria del nacionalismo aliado con la izquierda en la primera (31%) y segunda (51%) vueltas presidenciales y parlamentarias, y que estaba concluyendo en un dominio total de los viejos poderes que se sentían más fuertes que nunca con esa singular ubicación que les permitía el actual gobierno, de ser oficialistas y opositores a la vez.

Pero, transcurrido el tiempo, el novísimo bloque de la izquierda se pasmó. Coyuntura tras coyuntura fueron pasando delante de sus narices, en medio de un silencio estruendoso frente a los acontecimientos, a veces roto por alguna declaración formal, sin consecuencias prácticas. A pesar de que algunos de los  partidos del Frente Amplio, habían sido protagonistas del primer estallido social contra el gobierno Humala (Conga), la alianza de seis partidos no pudo resolver una posición en común ante la continuidad de los proyectos de la gran minería y las resistencias comunales sobre los mismos. De esa manera el entronque entre la izquierda y los sectores movilizados quedó debilitado. Y si se trataba de dar una perspectiva que superara los excesos de radicalismo de Cajamarca 2011-2012, tampoco se hizo.

La mayor batalla directamente política fue la que ocurrió en Lima con el asunto de la revocatoria y lo más que se puede decir es que la izquierda acompañó lealmente a la alcaldesa pero que fue parte de un movimiento bastante más amplio que ella. El problema vino después. Con un resultado que algunos pueden calificar de estrecho, pero que en realidad había reunido el voto de más de la mitad de la gran ciudad para rechazar el intento de Castañeda y una enorme red mafiosa de adelantar la captura de la municipalidad más grande del país, la izquierda perdió el paso y tuvo demasiados escrúpulos para plantearse que la alianza del No, era una plataforma para la continuidad de la acción política en los siguientes meses y para reordenar el trato con la alcaldesa.

En noviembre del 2013, la izquierda fue a la elección de regidores substitutos de los revocados como un fantasma verde y negro que muy pocos identificaban, anunciándose como “el partido de Susana” y cayó, junto con sus exaliados de la revocatoria, en la trampa del off side que les hicieron Castañeda y sus amigos que no disputaron este segundo round, que se convirtió en una disputa intrascendente entre los que hacía poco decían que la “continuidad de la gestión” era lo más importantes del mundo, y ahora querían resolver quién se quedaba con más regidores. La izquierda reivindicaba su relación con la alcaldesa pero no el compromiso que se había asumido con los electores. Así con la misma indiferencia como se vio diluirse el potente capital electoral de las presidenciales y se impuso la idea de que había que experimentar más bien algo nuevo que nadie sabía lo que era, igualmente la izquierda desperdició el momento de la revocatoria y se contentó con quedarse con tres regidores por veinte revocados.

Los problemas


El nombre que la izquierda asumió para su nuevo proyecto unitario había sido adoptado de la experiencia uruguaya, pero si en ese país tenía un sentido bastante claro de unir a las izquierdas con otros sectores políticos conformando un amplio bloque de gobierno, en el Perú no se sabía si lo que se quería decir era que la mayor amplitud alcanzable era la de seis partidos izquierdistas, con sus diversos matices, que de acuerdo a lo que ha pasado en estos día parecía ser lo que estaba en algunas cabezas; o que el Frente Amplio de seis era en alguna forma una semilla de una convocatoria más extensa, que es como también ha sido evidente era lo que piensan otros. En la confusión lo que quedaba era que el nombre quedaba sólo en eso,  en un nombre, una marca que había tenido algún éxito en otra parte, pero que no se trataba de un modelo o una estrategia determinada. Claro que tampoco se quería reeditar la vieja Izquierda Unida (IU) Entonces, ¿qué era lo que realmente se estaba buscando?.

¿Era “amplio” el Frente Amplio? Digámoslo de otra forma: la población que se enteró de los acuerdos de unidad de algunos partidos de izquierda ¿estaba viendo ahí una expresión significativa (amplia) de la sociedad y la política nacional capaz de contraponerse a la maquinaria de la derecha? La IU era, como se recuerda, una coordinadora de jefes políticos de la partidos de izquierda unidos en torno a un candidato con el suficiente poder de maniobra como para mantener juntos a las distintas tendencias y con un peso electoral que se aproximaba al 30%. Cualquiera que fueran sus defectos, la IU era un actor político real, con algún tipo de funcionamiento parlamentario y municipal, y del que ninguno de sus componentes se atrevía a apartarse porque corría el riesgo de quedar aislado. La Izquierda Unida era experta en postergar las decisiones críticas, para resolverlas contra el reloj, y en dejar las listas hasta la última hora para negociarlas sobre el riesgo de quedar descalificados.

El Frente Amplio dice que no es una reedición de IU. Pero no lo es en mucho de lo que tenía de bueno: liderazgo claro, partidos fuertes, sentido del momento político, estrategias sostenidas, etc. Y, como se ha visto hace unos días, ha recreado parte de los viejos vicios, que han servido para hacer volar por los aires una unidad que se ha probado como tremendamente frágil. El MAS yendo solo en Cajamarca , pensando hacer una plaza de fuerza para poner condiciones al resto, consiguiendo que el gobierno y la derecha aprecien como totalmente aislado al presidente regional y candidato a la reelección, lo que era el mejor momento para procesarlo y detenerlo.

Lima, con el Frente Amplio anunciando una “gran coalición democrática” en una semana, con Tierra y Libertad y su inscripción (la única de la izquierda) abandonando el frente porque la coalición que pretendía Villarán era demasiada amplia para su gusto. Los cinco partidos restantes acompañando a Susana a sacar una candidatura de emergencia con el membrete de Diálogo Vecinal, y el MAS-Patria Roja abandonando el nuevo bloque porque veían que el reparto final no iba a favorecerlos. El PS haciendo renunciar a su postulante por el lugar que le tocó en la lista. Acusaciones a Fuerza Social de haber manejado arbitrariamente la lista de Lima y de haber privilegiado a Perú Posible sobre la izquierda.

En fin, un laberinto incomprensible, que se repite en un Frente Amplio sin MAS-Patria Roja en Arequipa,  otro de Tierra y Libertad en el Cusco que los demás no apoyan y así se podría seguir. ¿Qué indica este despelote? Lo que habíamos dicho antes: que el Frente Amplio realmente no existe, que en la prueba de la vida la unidad de la izquierda vuela por los aires, que nadie tiene una idea clara sobre la amplitud de los compromisos que corresponden a esta etapa político, que no hay una reacción a la altura del reto político que plantea la derecha. En otras palabras, que si la izquierda de los seis partidos, o de cuántos sean, no es capaz de dar lugar a un proyecto de unidad mucho más avanzado que los que han producido hasta ahora –se me ocurre, proponerse ser un solo partido, en un proceso que se inicia desde ahora-, lo que van a cosechar este año y los siguientes van a ser soberanas derrotas.

Y, como se decía en mis tiempos, después de la faena, volveremos a vernos las caras a la hora de las autocríticas.      

22.07.14

Publicado en Hildebrandt en sus Trece

El presidente no puede hacer lo que quiere

El presidente debe estar muy convencido de su fórmula: “El presidente no puede hacer lo que quiere, sino lo que debe", que repite con frecuencia, con la que cree que resuelve el tema de por qué no ha hecho lo que quería hacer y por qué ha hecho lo que otros le decían que debía hacer.

No es el primer gobernante que hace un volteretazo al llegar al poder. Tenemos una larga lista, principalmente a partir de 1990, cuando la política se hizo más ruda y pragmática. La diferencia es que Humala se ha inventado una coartada, donde otros no la han necesitado.

Así después de haber levantado la esperanza de millones, para cambiar las relaciones de poder, nos viene con que el “deber del presidente” es mantener esas relaciones y esos poderes intocables en aras de que el sistema siga creciendo tal como era.

Hasta ahí, uno concluye en que Humala va a quedar en la historia como uno más de una ruta en la que se va minando la credibilidad y confiabilidad en el sistema democrático de elecciones periódicas y alternancia. Pero hay otro lado de la misma moneda, que tiene que ver con la construcción, mejor dicho destrucción, de organizaciones políticas serias.

El presidente que “no hace lo que quiere, sino lo que se debe”; se convierte en el que hace lo que quiere y lo que no debe, cuando se trata de quién manda dentro de su grupo político. O si se quiere en quién obliga a los suyos a subordinarse, en el mismo momento que se subordina al estatus quo. Esto se puede ver en la aplanadora que ha funcionado para imponer la candidata oficialista a la presidencia del Congreso, de acuerdo al capricho de la primera dama y al bastón de mando presidencial.

Hay un contraste brusco entre como tratar a un presidente de la CONFIEP que exige determinar las políticas de gobierno, sin que nadie lo haya elegido para ello, con la ausencia de respeto a las opiniones de la bancada que es tan elegida como el propio Humala.

Pero este servilismo-autoritarismo, no es potestativo de Humala y su gobierno. Se puede ver aún con más contraste en Fujimori echando a sus colaboradores iniciales y formando tantos partidos como fuesen necesarios para que nadie pudiese erigirse en un segundo o tercero al mando; al tiempo de ser servil hasta la náusea con los organismos financieros internacionales y la gran banca. 

No fue diferente con Toledo y ni se diga con Alan García. Es la idea del presidente mesiánico al que todos le deben la victoria y ante el que hay que bajar la cabeza, que ronca en su chacra, pero que puesto ante el poder real de la gran empresa y el dinero, los medios, la tecnocracia se hace infinitamente más pequeño. El punto es qué pasará cuando en esta cadena de aplastamientos la gente finalmente se canse.  

22.07.14

lunes, julio 21, 2014

¿Quién corrompe a los jueces corruptos?

En el proceso de ratificación ante el Consejo Nacional  de Magistratura, el poderoso vocal superior del Callao, Víctor Obando Blanco, responde el día 5 de marzo de 2013, a la pregunta de uno de los consejeros sobre unas pintas en las calles del primer puerto que lo aluden con la frase: “Fuera el juez R… obando”, y que han sido reproducidas en un medio de prensa, y dice que lo que hay es un empresa Cexport (de venta de artesanías), que tiene un proceso de desalojo…

El Consejero entonces insiste sobre las pintas y Obando responde que no existen, pero “que esta empresa, Cexport, ya sistemáticamente, incluso… con otros magistrados… han tenido este tema de tener presión en algunas publicaciones”. O sea el juez está de lo más bien y un pequeño módulo de venta dentro del aeropuerto que se resiste a ser echado, tiene el poder de crear la leyenda del juez “R… obando” y de hacerlo tambalear ante el Consejo de la Magistratura.

Pero, vaya, el Dr. Obando Blanco ha vuelto a los medios en estos días acusado de ser uno de los puntales de la organización de Rodolfo Orellana en el Callao. De veinte jueces investigados es uno de los de mayor jerarquía y está acompañado además por todos los miembros de su sala: Jorge Alarcón Menéndez (hermano del expresidente de Alianza Lima, actualmente preso) y Madeleine Idelfonso Vargas. Evidentemente estos angelitos estuvieron juntos en las resoluciones a favor de LAP y de Hayduck y se encontraron con este columnista que es al único al que podrían señalar que los combatió desde la prensa.

Lo que queda por establecer es si lo que vincula los distintos casos es una presumible corrupción que conduce al favorecimiento continuado al que tiene más dinero y produce declaraciones tan parcializadas e incongruentes como las del juez Obando ante el Consejo de la Magistratura, o si hay algo más que conecta a los clientes con jueces influenciables que han estado resolviendo en forma vergonzosa en varias oportunidades.

Imagínense cual sería mi sorpresa al tomar noticia que en la misma veintena de jueces investigados por el caso Orellana, se encuentra también  la Dra. María Carrasco Matuda del 45 Juzgado Penal de Lima, a quién se acusa de haber intervenido de manera claramente parcializada en la disputa por el Camal de Yerbateros, y que ha sido suspendida en sus funciones a la espera de su destitución. Pues bien, ¿qué tiene que ver esto con lo que venía diciendo?

Es que la jueza Carrasco Matuda fue la que me condenó hace poco más de un año en el único juicio con LAP que empecé perdiendo y que actualmente está en la Corte Suprema. Yo no tenía idea que la jueza tuviera vinculaciones mafiosas. Pero ahora, ¿cómo puede explicarse que los jueces civiles pro-Orellana del Callao, fuesen también pro-LAP; y que la jueza pro-LAP de Lima fuese también pro-Orellana? Extraño, muy extraño.

21.07.14