sábado, octubre 27, 2012

El 5 de febrero de Susana

Después de un millón de pellejerías, falsificaciones, duplicaciones y bluffasos, Marco Turbio declaró ante una RENIEC rendida a las presiones que acababa de reconocerle 400 mil firmas, que estaba satisfecho y envió saludos burlones a los diarios que más lo combatieron en el accidentado proceso de la revocatoria. Unas horas después íbamos a saber a lo que se refería que no era a otra cosa que a la rebelión contra la autoridad municipal y policial, de los comerciantes de La Parada y al estallido de violencia y lumpenaje que sacudió las calles de La Victoria el último jueves.

De eso se trata. De una operación política para que Susana Villarán fracase en las reformas más urgentes que están pendientes en la ciudad de Lima: comercio mayorista, transportes, seguridad, recuperación del centro histórico, etc., frente a todas las cuales se corrieron los anteriores alcaldes, especialmente el que sostiene, sin admitirlo, a Marco Tulio y su pandilla y que encierran en cada caso resistencias de los intereses creados que ahora se sienten fortalecidos para pedir la cabeza de la alcaldesa.

Si alguien quería, sin embargo, alguna demostración de la verdad de La Parada, la ha tenido completa en el vandalismo atravesado de delincuencia que se desató en costo tiempo en los alrededores del viejo mercado mayorista. Claro, los dirigentes dicen que no saben nada y que no son responsables de lo que ocurre en la calle, pero ese es un valiente pretexto porque ellos saben que esa es su fuerza, insertarse en un mundillo, donde una cadena de relaciones une a miles de personas que hacen de la comercialización de alimentos una experiencia de informalidad que alimenta focos de delincuencia, prostitución e inseguridad ciudadana.

Es lo que hace que en un notable giro oportunista, el mayor enemigo periodístico de la alcaldesa Villarán diga que el problema no es que exista un abierto boicot a la gestión edilicia, amparado en la historia de la revocatoria y alimentado diariamente por la prensa DBA, sino que a los de la Municipalidad y la Policía les faltó decisión para disparar armas mortales sobre la turbamulta que le había salido al frente. De esta forma el diario de la revocatoria pretende apalear a Villarán porque quiere mover el mercado hacia las instalaciones de Santa Anita y luego por hacerlo sin usar la suficiente fuerza. Es decir siempre va a perder, como que ya le está reclamando la renuncia y pidiendo la votación en el más corto plazo, para que el caos se instale hasta el momento de la consulta.

Pero AMB tiene su fórmula, dice que este es el baguazo de la izquierda, es decir la rebelión social que se escapa de la mano a los gobernantes, como si los saqueadores y carteristas desatados en La Victoria pudiesen compararse a los indígenas atacados por la Policía por órdenes de García en la Curva del Diablo, o como si el traslado de La Parada se asemejara en algo a las leyes de la selva emanadas del TLC. En realidad lo que rememoran los actos del día jueves, es al 5 de febrero de 1975, cuando intereses políticos manipularon el lumpen limeño e impusieron la destrucción y el robo en las calles. ¿Estará satisfecho con eso también Marco Tulio y su mandante? Parece que sí.

27.10.12
www.rwiener.blogspot.com

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