sábado, enero 16, 2010

El voto joven

Una estadía de algunos días en la capital chilena me ha puesto un poco más cerca de las singularidades del proceso político en este país y me ha servido para darme cuenta que si bien vivimos coyunturas diferentes en muchos sentidos, también tenemos algunos temas comunes que tenemos que encarar ineludiblemente. Uno de ellos es el del voto juvenil. Se calcula que poco más del 10% del padrón electoral actual está compuesto por personas que no eran adultas cuando concluyó la dictadura y para los cuales el derrocamiento de Allende y la etapa más sangrienta de la dictadura son lecciones de historia remota que poco tienen que ver con la vida como hoy se vive. Se calcula, además, que hay una cantidad similar de jóvenes que simplemente no están inscritos para votar porque no se sienten parte del sistema político.

Se dice que la candidatura de MEO captó algo de la atención juvenil por varios rasgos distintivos: (a) era el rostro más próximo a la condición de ser joven y a la idea de no estar contaminado con la vieja político, que también puede expresarse como los “políticos viejos”; (b)no aparecía relacionada con el pasado y no quería rescatarlos tópicos de dictadura y antidictadura de los debates políticos; (c) inventaba un espacio que se imaginaba por fuera de los partidos, de la izquierda y la derecha, del neoliberalismo y el socialismo, que seguramente no existe en ninguna parte, pero que era tan desafiante como cualquier incursión en las nuevas tecnologías, donde toda experimentación parece válida.

Ciertamente esta burbuja ha durado lo que debía durar, y a pesar del inmenso logro de captar un 20% del electorado (un millón 400 mil votos), se desinfló al no conseguir su objetivo de colarse en la segunda vuelta. Y ahí MEO quedó atrapado en la real-politik, es decir en la obligación de optar dentro de lo que había repudiado tan ferozmente, y si bien se puede entender que no haya querido ser señalado como responsable de un posible triunfo de Piñera y que tampoco haya querido perder la posibilidad de subrayar su participación decisiva en el incremento de los votos de Frei que lo han acercado tanto al favorito que podrían significar una sorpresa para la cátedra, la verdad es que debe estarle doliendo en el alma haber tenido que jugar dentro del sistema que decía repudiar tan profundamente.

La ilusión del lugar político incontaminado de cualquier pasado ha muerto. Enríquez ha tenido que recordar para votar por Frei, que los pinochetistas con los que lucraba Piñera, asesinaron a su padre y que no puede haber equidistancias cuando existen estas deudas de sangre. Lástima que este discurso tardío contradiga al candidato estrella de la primera vuelta. En la noche del viernes muy cerca del cierre de campaña, la televisión chilena mostró un Frei con peluca punk, zarandeándose con un ritmo metalero, ante un auditorio de cientos de jóvenes que vitoreaban su nombre. Era otra vez el esfuerzo por atraerse el voto de la juventud, disfrazando de joven a un hombre de 67 años.

Me pregunto: ¿cómo enfrentaremos los peruanos el reto del voto joven a 11 años del fin del fujimorismo y en medio del hastío con los viejos políticos? ¿Se inventará un MEO criollo, bailarán los candidatos con peluca, o habrá otra manera de pactar con las nuevas generaciones?

17.01.10
www.rwiener.blogspot.com

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