domingo, setiembre 04, 2011

La amada y el maestro

César Lévano acaba de volver a enseñarme que lo nuestro es escribir.

Cuando pensaba encontrarlo arrasado por el dolor de perder a la compañera de todas sus vidas, lo hallé sereno, capaz de escribir los versos más tristes y profundos, pero de mantener una dignidad que por fuerte nos hace sentir débiles al resto.

Me hacía recordar una frase suya de hace muchos años: nunca tuve tiempo para deprimirme.

¿Se puede escribir ante la noticia que nos anuncia que nuestra existencia ya nunca más será la misma? César Lévano La Rosa nos ha dado la respuesta: lo nuestro es escribir, y en la pena como en la alegría escribimos. Porque es lo nuestro.

Se dan cuenta de la potencia de poner sobre el papel del diario en el que lo leemos cada día: ahora soy más huérfano que nunca.

Esa es la vida: hacernos cada vez más capaces de hacernos huérfanos de todos los que queremos, hasta que un día hagamos nosotros huérfanos a los que queremos.

Claro que en el camino crecemos, amamos, nos reproducimos.

Vamos dejando algo, como ese inmenso magisterio que día a día nos brinda el director de LA PRIMERA en sus columnas, y que ahora se ha enriquecido en la manera en que nos ha mostrado, sin proponérselo, cómo se puede despedir a la amada de la que nunca quisiéramos separarnos.

De Lévano siempre he oído relevar su condición de maestro.

José Sotomayor Pérez que también dejó esta vida en esta semana me dijo alguna vez que su mayor mérito era enseñar habiendo sido un autodidacta.

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Hace unos meses una corona de flores con intención siniestra pretendió amedrentar a este diario y a su director asociándonos con la muerte por nuestra campaña contra los sectores más retrógrados que se resisten al cambio.

Entonces el director reaccionó sereno y casi risueño, indicando que desde ese momento era un periodista coronado por sus enemigos.

Poco después alguien llamó y le dijo que iba a morir y Lévano le contestó que eso ya lo sabía porque era viejo.

Pensé en todo eso ahora que las coronas homenajeaban respetuosamente el reposo de su compañera y resaltaban el extenso cariño que rodea al director de LA PRIMERA.

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Hoy, como siempre, iba a ocuparme de temas políticos como la siniestra campaña para tumbar a Ricardo Soberón y herir de muerte la política de inclusión social del gobierno. Si no se puede incluir a los cocaleros dejando de considerarlos parte del enemigo, tampoco se podrá hacer con los informales de muchos otros sectores económico y entonces se diluirá el reclamo de transformación que se escuchó en la elecciones.

Pero para profundizar este tema y el papel de Estados Unidos utilizaré la columna del próximo martes.

Por hoy preferí abordar el tranvía de César Lévano, donde viaja dando vueltas y vueltas, al lado de su amada Natalia.

Y los demás guardamos un minuto de silencio.

04.09.11
www.rwiener.blogspot.com

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