jueves, noviembre 02, 2006

Los 100 días del señor presidente

1. En 100 días en el poder, Alan García no ha cumplido su ofrecimiento de hacer pagar más impuestos a las empresas que se están beneficiando escandalosamente del alza de los precios mundiales de las materias primas, sin ningún esfuerzo propio de inversión y gestión, y que se resisten a compartir estos beneficios con el país y las regiones propietarias de los recursos, estableciendo el cuadro aberrante de crecimiento incontenible de las utilidades frente a un Estado sin capacidad de inversión, que juega a la austeridad para evitar mejorar los ingresos de los trabajadores públicos, y una sociedad de millones de pobres, muchos de los cuales viven en las áreas contiguas a las grandes empresas extractivas.

2. En cien días en el poder, Alan García nos ha querido hacer creer, en cambio, que lo “inteligente” era no poner impuestos a las mineras y otras empresas exitosas, sino requerirlas para que hagan un aporte voluntario, con lo que se evitaban controversias legales y supuestamente se conseguían similares resultados. Así el derecho se ha transformado en aparente generosidad de la gran empresa. Los montos voluntarios, por supuesto, son mucho más bajos de lo que podría obtenerse sobre un porcentaje razonable (unas quince veces menos). Además, en la propuesta de presupuesto público para 2007, no figura el monto de este anunciado aporte, lo que puede interpretarse como que el Estado no será el que reciba esos montos, sino que los aplicarán las mismas empresas a su real entender, deduciéndolos del total de sus obligaciones tributarias.

3. En cien días, Alan García no ha logrado rebajar las tarifas de servicios públicos como era su compromiso; al contrario dejó que se cumpliera el alza del agua que Toledo programó para agosto y que los planes de ajuste de la energía eléctrica que venían del anterior gobierno siguieran adelante. En el caso de los teléfonos protagonizó el ya famoso affaire de la renta básica, declarada nula por el Congreso, con voto aprista, y luego observada por el mismo gobierno, que terminó planteando a la empresa española una negociación de varios puntos, mientras le permitía seguir haciendo incrementos en sus planes tarifarios. En resumen, la telefonía sigue tan cara como antes, la empresa monopólica ha demostrado que nadie la toca y el presidente ha tenido ocasión de aumentar su cuota de discursos pretextando que aumentar la cobertura del servicio significa más poder para la empresa extranjera.

4. En cien días, Alan García no ha cumplido con la rebaja inmediata del precio de los combustibles en 10%, que fue su argumento “realista” para contrarrestar a Humala que aseguró que podía reducirse mucho más. En los tres primeros meses de gobierno aprista hubo más bien un alza, que luego se corrigió con un pequeño descenso. Pero durante todo el período el precio internacional cayó en más de 25%. En julio el barril de crudo valía 75 dólares y en octubre llegó a 55. ¿Cómo puede ser posible entonces que estemos pagando más de lo que se pagaba antes que AGP jurara como presidente? Evidentemente el gobierno no se atreve a ponerle la mano alas petroleras.

5. En cien días, Alan García no ha dado un sólo paso hacia la libre desafiliación de las AFP que era una de sus promesas electorales más repetidas y por lo que había votado la bancada del APRA durante el gobierno anterior. No ha puesto el ojo sobre la inmensa rentabilidad bancaria y los abusos usureros contra la gente. Pero el presidente austero viaja de un lugar a otro en el jet particular de Romero, que ha reemplazado la nave presidencial, con lo que evidencia quién lo sostiene.

6. En cien días, Alan García no ha hecho absolutamente nada por la agricultura, olvidándose de sus rollos agraristas de hace veinte años, el “trapecio andino”, el “crédito cero” y otras de sus viejas genialidades. Ahora todo su planteamiento se ha reducido a la fórmula de “sierra exportadora”, que pretende trasladar al espacio serrano la misma polaridad minoría exportadora con mercado seguro y mayoría de agricultores y campesinos para el consumo interno y la autosubsistencia echados al abandono.

7. En cien días, Alan García, no ha invertido un centavo en infraestructura de desarrollo ni ha definido políticas de solución de la crisis de todos los sectores del transporte (aviación comercial, marina mercante y transporte terrestre), pero si se ha dado el tiempo para que la ministra Zavala y la mafia de Proinversión privaticen 12 aeropuertos de provincias a favor de una empresa sin capacidades técnicas y financieras para hacerse cargo de esta responsabilidad, y empiece a concesionar nuevamente carreteras. En medio de este enorme vacío de Estado se han venido multiplicando los accidentes de carreteras con numerosas víctimas, que el gobierno quiere reducir a un asunto de “autoridad presidencial” que pretende tener la capacidad suficiente para inspeccionar todos los vehículos.

8. En cien días, Alan García ha identificado sus políticas nacionales con las de los Estados Unidos, tanto en materia de TLC, asumiendo que el “libre comercio” es el camino al desarrollo y la reducción de la pobreza, y reconociendo que el documento elaborado durante el gobierno de Toledo (que con seguridad no ha leído ni entiende), es beneficioso para nuestro país; como en el tema de hoja coca y represión al narcotráfico, que una vez más se traduce en persecución de campesinos, erradicación forzosa de sembríos, cultivos alternativos sin mercado, policías especiales, etc., donde el gobierno peruano reprime y el norteamericano pone el dinero para armar a los represores; como en el de “terrorismo”, asumido en la lógica bushista de intervenir países, secuestrar sospechosos, violar derechos humanos, etc.

9. En cien días, Alan García ha puesto al Perú en el centro de un acuerdo que favorece ampliamente los intereses chilenos en el país y no ha querido que se debata los contenidos de este acuerdo. El llamado TLC con Chile es un sistema de protección de inversiones que sostendrá los más de 5 mil millones de dólares que los vecinos del sur han colocado en el país, frente a no más de 50 millones peruanos que invertidos en tierras del sur. Este acuerdo pernicioso pretende disfrazarse de “gesto de paz” de nuestra parte, en circunstancia que el gobierno de Santiago sigue comprando armas y ya figura como la segunda potencia militar de la región, después de Brasil.

10. En cien días, Alan García ha lanzado el programa agua para todos, prometido en la campaña, pero lo ha hecho sin un plan serio que garantice la sostenibilidad del recurso, a través de fuente seguras y sustentables; sin un financiamiento asegurado (han dicho más bien que al Estado no va alcanzarle el dinero, lo que sugiere que en algún momento llamarán a los privados); sin una política de conservación, buen uso y ahorro, que comprenda a todos los usuarios; sin una decisión sobre el programa de privatizaciones de empresas provinciales que está vigente y que debería comenzar por los casos de Piura-Paita, y Huancayo. En lo que sí tiene muy claras las cosas el ministro Garrido Lecca es en su alianza con las mafias de Sedapal y Proinversión que han impulsado la política de exceptuar de licitaciones y concursos los gatos del programa de agua.

11. En cien días, Alan García se ha ido involucrando en una nueva pugna por el control de las instituciones militares, al punto de que hemos llegado a vivir el insólito espectáculo de un comandante general del Ejército peleando públicamente con sus generales. Una crisis general de autoridad, que se expresa en las decisiones ascenso y asignación de cargos del comando, en el control de gastos e inversiones, en la evaluación de desempeños etc. García está persiguiendo contar con una cúpula militar aliada, a la manera de Fujimori. Esto es lo que provoca los enfrentamientos. Parte del afán ha sido el apoyo abierto que el gobierno ha ofrecido a los militares enjuiciados por delitos contra los derechos humanos y el papel cada vez más destacado que va tomando el almirante Giampietri en diversas decisiones gubernamentales (se vistió de marino par arengar a los miembros de su arma contra los organismos de derechos humanos, el 8 de octubre; ha impulsado la persecución delas ONG; está distribuyendo información de inteligencia a los medios, etc.)

12. En cien días, Alan García ha convertido los problemas de inseguridad de la gente a una sencilla ecuación: el que se sale de los límites fijados por García debe merecer la pena de muerte. Primero fue el caso de los violadores de menores que son por cierto profundamente repudiados por la opinión pública; ahora está anunciando la muerte a los terroristas, después que algunos medios empezaron a hablar de banderas rojas y trabajo político de supuestos senderistas en las universidades. A pesar de que el Perú está restringido por ser firmante del Pacto de San José, para extender la pena capital a nuevos delitos (sólo se le reconoce su aplicación en casos de traición a la patria en casos de guerra externa), García insiste en agitar a la población sobre este tema, jugando irresponsablemente con la posibilidad de quedar fuera del sistema interamericano de derechos humanos y convertir al Perú en paria mundial.

13. En cien días, Alan García ha trastocado la mirada que los peruanos tenían sobre la anticorrupción, al nombrar una procuraduría especial paralela a la que existe para el seguimiento de los delitos del período fujimorista, dedicándola a los delitos del toledismo. De esta manera se está quitando la connotación particular del proceso a la dictadura y se ha permitido incluso que el procurador contra Toledo señale al ex presidente como “el animal político más corrupto”, acusándolos de gastos frívolos e irresponsables que terminan equiparados a la corrupción sistemática de los 90. El equipo anticorrupción que ya estaba bastante debilitado, se ha ido desgranando en medio de denuncias a la falta de voluntad y a las proximidades del APRA con el fujimorismo, que hacen imposible cerrar correctamente los juicios y lograr la extradición del ex dictador. En el Congreso está funcionando una maquinaria para lograr el blanqueo y legalización del fujimorismo corrupto. Los jueces están emitiendo cada vez más sentencias benignas o exculpatorias a los mafiosos. Y García se lava las manos.

14. En cien días, Alan García ha hecho vacunarse contra la rubéola-sarampión, a 17 millones de personas entre los 2 los 39 años de edad, en medio de denuncias sobre la falta de una demostración d prioridad sobre este procedimiento, habiendo muchas otras enfermedades más difundidas por erradicar; sobre la asignación dela buena pro de estas vacunas a un laboratorio ligado a miembros del partido apristas; sobre riesgos para los vacunados que no han sido suficientemente advertidos y asegurado. Siendo la primera medida en salud de este gobierno deja una enorme preocupación sobre las lógica mercantilistas y la ausencia de metas razonables en este decisivo sector. Entretanto aumenta la TBC y otras enfermedades graves.

15. En cien días, Alan García ha anunciado que evaluará maestros y estudiantes para saber el estado en que se encuentra la educación peruana. En este punto la pregunta es igualmente si el problema es de diagnóstico o de medidas que deberían haber empezado a adoptarse o por lo menos programarse para los primeros meses del próximo año. El famoso censo evaluatorio ha sembrado preocupación en el magisterio que se siente amenazado con razón por lo que presienten como un intento de descalificarlos. El reclamo es que las evaluaciones se hagan después de las capacitaciones y que tomen en cuenta las diferencias que existen en la educación urbana y rural, y por regiones de mayor o menor pobreza.

16. En cien días, Alan García ha convertido la reforma o reestructuración del poder judicial en un disparate en el que se comienza con una gran amenaza de que el presidente los reorganizará si ellos mismos no lo hacen, los supremos decretan su reestructuración, el Congreso define nuevas remuneraciones para los altos magistrados, los supremos reclaman, García veta la ley y finalmente se abre una investigación sobre signos de riqueza a la Corte Suprema. El país sigue viendo al Poder Judicial como un ente corrupto y una amenaza para sus derechos, el Congreso está en una guerra con ese Poder y García está sacando provecho de todos los conflictos. ¿Qué hemos ganado en este punto fundamental del apolítica del Estado? Absolutamente nada.

17. En cien días, Alan García dio su primer golpe de Estado al derribar a los dos alcaldes que se disputaban el sillón municipal de Chiclayo y decretar por sí y ante sí que los reemplazaba por el prefecto nombrado por el gobierno central. Sin tener ninguna atribución para hacerlo, García quiso afirmar en este caso el principio napoleónico de que el gobernante se encuentra más allá de cualquier ley. A pesar de tratarse de una medida absolutamente extemporánea (40 días después de los enfrentamientos), el presidente lució como el tipo que resuelve los problemas que los demás enredan (resoluciones contradictorias del JNE y el Tribunal Constitucional) y el que establece lo que es bueno para su pueblo. Quedó abierta así la vía para nuevas intervenciones del supremo.

18. En cien días, Alan García organizó primero un diálogo con las dirigencias cocaleras, luego desató la represión en Sión, más tarde sancionó a los represores, pero luego ratificó que la erradicación forzosa era una “política de Estado” (en realidad de Estados Unidos), y que no se detendría, con lo que el diálogo quedaba sin mayor sentido, demostrando en definitiva que no tiene nada claro respecto a lo que se debe hacer frente a la hoja de coca y el narcotráfico. Para acrecentar la confusión, García ha nombrado como jefe de DEVIDA al ex ministro del Interior de Toledo, ha ordenado la trasferencia de Enaco a la región del Cusco (siendo el tema de la coca un asunto nacional) y ha ratificado frente a Bush los principios de la política norteamericana en este campo.

19. En cien días, Alan García ha hecho conocer finalmente las medidas de su publicitado schock descentralizador, que siguen la pauta fijada por Toledo, acelerando la entrega de organismos y proyectos, pero no aumentando las atribuciones ni los recursos de los gobiernos regionales. Para el presupuesto de 2007, no hay ampliación para las regiones, pero el gobierno confunde al país inventando una cifra de 3 mil 500 millones que equivaldría supuestamente a una valorización de lo transferido: activos, créditos, proyectos, etc. En términos de capacidad de gasto, de capacidad de captar recursos dentro de su área, de autoridad para disponer de sus principales riquezas y regular las grandes inversiones, el “schock descentralizador” no trae nada.

20. En cien días, Alan García encontró un tema sobre el cual construir una imbatible alianza con el fujimorismo y la derecha, que es el del control de las ONG. Al margen de los defectos que pueda tener una u otra de estas organizaciones, lo cierto es que se está construyendo un fantasma al cual responsabilizar de los conflictos sociales (caso de las relaciones entre mineras y petroleras, con comunidades afectadas por la expansión de estas empresas y por la contaminación), y sobre las cuales cobrar la venganza por las denuncias sobre corrupción y violación de derechos humanos que se hicieron contra Fujimori y partidos como el APRA.

21. En cien días, Alan García convirtió la política antipobreza en un programa por fuera del Estado, administrado por su esposa, precisamente mediante una ONG a la que han empezado a contribuir grupos privados que buscan la buena relación con el gobierno. El proyecto“Sembrando” choca claramente con la política de descentralizar los programas sociales, se encuentra fuera de los sistemas de fiscalización del Estado y representa una recaída en el más grueso asistencialismo de los pobres.

22. En cien días, Alan García aumentó el número de sus hijos conocidos a partir de una información periodística que señaló el hecho que tenía una antigüedad de más de un año. Con esto, buena parte de su imagen de hombre de familia, con un hogar sin fisuras, gran cristiano y otros detalles electorales, se vino abajo.

01.11.06

http://rwiener.blogspot.com/

2 comentarios:

krisofk dijo...

Cruda realidad, pero muy cierta.

Ali_KT dijo...

Excelente articulo, es una radiografía exacta de lo que fue y lo que seguirá siendo.
Es el mismo ladrón pero con diferente saco y corbata.