jueves, abril 09, 2015

El confrontacional se va al diálogo

Alan García y Mulder están ahora encantados de dialogar con Cateriano y hasta el fujimorismo está agitando banderas de paz al nuevo premier, antes declarado “confrontacional” y “provocador”, cuando era miembro del gabinete Jara con el que “no había nada que dialogar”, y cuando su nombre era todavía una hipótesis para el premierato.

La necesidad de pasar el trago amargo de tener que otorgar un forzado y vergonzante voto de confianza a un antiguo enemigo, a continuación de una excitante y sonada censura al anterior gabinete, obliga a estas cabriolas del lenguaje.

En el lado irónico va a resultar que reemplazaremos a la premier más conciliadora y contradictoria que quiso institucionalizar el diálogo del gobierno con los partidos y fue boicoteada precisamente por Alan y Keiko; por el sicario del twitter, el nuevo premier Cateriano. Ya sabemos que en la política los resultados siempre bordean lo paradójico.

Pero aquí el tema es político, porque los naranjas y los de la estrella, han tenido en mente no es el nombre del premier ni que una u otro sean mejores o más conciliadores o beligerantes, sino la impresión que habían logrado de hacer sentirse como la cabeza de una nueva mayoría congresal opositora, que podía poner en serios aprietos al gobierno.

La réplica de Humala, sea meditada o directamente del hígado, que designa a Cateriano cuando los censuradores le decían que no lo hiciera, terminó por mostrar la fragilidad de esa “mayoría” que depende de multitud de grupos intermedios más o menos pequeños. Era fácil predecir que el frente de la censura se cayera porque varia bancadas no querían arriesgar su puesto y porque algunas de ellas estaban precisamente incómodas con el liderazgo aprofujimorista.

En esta perspectiva hay que entender los reflejos adelantados de Mauricio Mulder y Martha Chávez, que fanfarronearon de lo lindo que no darían la confianza y que arriesgarían la disolución del Congreso. Hasta que el ego colosal y su sombra, la gordita, sin oficio conocido, definieron que se bajarían los decibeles de la bronca y se aceptaría el diálogo con el premier. ¿Sobre qué? Eso es lo que nadie tiene claro.

La verdad es que si se revieran las razones de la censura, se entendería que los dos bandos tenía posiciones super-polarizadas. De un lado la representante del gobierno a lo sumo reconocía fallas administrativas y eventuales excesos de algunas personas, sin responsabilidad de las más altas jerarquías; mientras sus acusadores afirmaban haber estado viviendo en una siniestra trama de espionaje, con reminiscencia a los peores servicios secretos del mundo, que servía para el chantaje y la manipulación, y en el que estaba comprometido el gobierno y especialmente la pareja presidencial.

Bajo esas premisas tan opuestas: ¿cómo y para qué se dialoga? No lo sé, pero es una buena forma de trasladar las broncas para más adelante, que es lo que quiso Jara y no lo logró.

08.04.15

Los jueces que legalizan las estafas

 El vocal de la Corte de Lima, Gunther Gonzales, hizo lo que nadie había hecho: votar en el pleno de la Primera Sala Civil, por mandar al archivo el segundo fallo del juez Velásquez, como siempre, a favor de Alan García, que anulaba temerariamente los informes de la Megacomisión, sin haberlos solicitado dentro del proceso y reconociendo no haberlos leído, y por supuesto se ganó la enemistad eterna de los manipuladores de la justicia, que lograron recusarlo en la causa que nuevamente se está viendo en la Sala, tras la reiteración de Velásquez en sus originales criterios.

El juez Gunther ha publicado el libro “La Falsificación: nuevo modo de adquirir propiedad” (Crítica a los Tribunales que amparan al Tercero que nace del Fraude Inmobiliario), texto que tiene que ver con Rodolfo Orellana y otros que generan inexistentes derechos a través de la falsificación de documentos, que sospechosos fallos judiciales convalidan, afirmando que los terceros compradores no son responsables de la estafa, asignando el bien que es de otro, por el supuesto principio de la actuación de “buena fe”.

Uno de los casos más groseros es el de una apropiación de un terreno del Estado en Monterrico, y sobre el cual se fraguó un contrato de compraventa entre el Estado y una viuda, que al momento de la firma ya había fallecido. La medida cautelar de defensa del Estado es derrotada con una resolución también fraudulenta que levantaba la cautela lo que permite nuevas ventas del terreno. Así es que el Estado ha perdido 4 mil metros cuadrados en la mejor zona de Surco y los jueces en tres instancias se han limitado a decir que sí hay estafa pero que el sexto comprador lo hizo de “buena fe”. En el caso además el ponente de segunda instancia fue el magistrado Oswaldo Ordoñez, actual presidente de la Corte de Lima, y sobre el que hay un foco puesto porque recompuso la Primera Sala, a un gusto que algunos creen que es el García.

Los jueces Lama More, Hurtado Reyes y Solís Macedo están esperando varias semanas para botar su fallo, pero en enero resolvieron un asunto de propiedad con características parecidas a los fallos de Ordoñez, en un solo día, apenas instalados en sus cargos. En el caso de tres departamentos de la cuarta cuadra de Av. 28 de julio en Miraflores, adquiridos a plazos para estudios de abogados a la Caja Policial Militar en los años 90, los jueces de la Primera Sala no han tomado en cuenta el carácter unilateral de la anulación del contrato, cuando ya estaba pagada la mitad del precio, ni la operación tramposa de venderlo inmediatamente a una supuesta “Administradora del Comercio SA”,  que solo existe para consumar la estafa.

La peligrosa elementalidad con que actúan los jueces habiendo de por medio mucho dinero y derechos constitucionales atropellados, hace dudar seriamente de su idoneidad como administradores de Justicia. Y esos son los que resolverán sobre Alan García. Agárrense fuerte.

07.04.15

Réquiem por Ana Jara

Hacia finales de 2006, tras la ajustada victoria de García en las presidenciales, venían a continuación las regionales-municipales, y se voceaba que el candidato del nacionalismo para Ica, sería Ricardo Letts. Un día de esos apareció, frente a mí, Martín Belaúnde Lossio y me dijo que sería Ana Jara, y lo presentó como una cosa en la que él había tomado la decisión. Yo dudo a estas alturas de eso, pero lo cierto es que la poco conocida notaria del lunar fue la que postuló y por supuesto perdió.

Nunca más volví a oír hablar de ella en cinco años circulando alrededor de Ollanta Humala, y en el 2011 fue elegida congresista, lo que hizo que la recordara y pudiese poner rostro a su nombre. En diciembre de ese año renunció el gabinete Lerner, y dentro de los que salían estaba la ministra de la Mujer, Mocha García Naranjo de la que me encontraba muy cercano. Ahí vinieron los peores temores: que Jara era una evangélica fanática (han visto como encaró la censura con la Biblia en la mano), que era muy conservadora y que retrocedería mucho de lo ganado en el campo de los derechos de las mujeres.

El ministerio acababa de ser despedazado por la decisión del gobierno de transferir sus programas sociales y una buena parte del presupuesto al recién creado MIDIS (ministerio de la Integración Social), y una de las primeras cosas que hizo Jara fue cambiarle de nombre por de Mujer y Poblaciones Vulnerable MIMP, que hizo pensar en un giro al asistencialismo puro. Pero no pasó, La ministra se fue adecuando al rollo feminista y sorprendió cuando habló antes que nadie por la renuncia del pegalón ministro José Villena (actualmente todavía funcionario del MEF), y cuando hizo campaña por la ley contra el feminicidio o cuando apoyó la iniciativa de la Unión Civil.

Desapareció la idea de la ministra que confundía el Estado con el templo (a Humala le es mucho más difícil marcar distancias frente a la Iglesia), pero se descubrió un rasgo que muchos sospechaban: su incondicionalidad a Nadine Heredia. Siendo ministra de la Mujer, uno de sus focos políticos era ls esposa del presidente, de la que era vocera y defensora sin tregua. Como todo lo que ha ocurrido dentro de este gobierno, un día saltó a la palestra el tema de los ministros congresistas que cobraban en dos planillas. Jara estaba involucrada y lo que hizo es devolver el pago del Congreso, mientras los demás se hicieron los sordos y ciegos. Yo escribí que Jara quería hacer carrera política y de ahí el gesto. Me lo agradeció cuando nos vimos personalmente.

Jara pasó dos años y meses en la cartera de la Mujer, y efectivamente era casi la única política en el gabinete, la que polemizaba, defendía a su primera dama y a su presidente, y se salía del tema donde la habían encasillado. En febrero de 2014, tras la renuncia de César Villanueva, provocada abiertamente por Nadine y Castilla, el presidente –nunca se sabe con qué proyecciones-, le propuso ingresar al gabinete a Carmen Omonte de Perú Posible, sin consultar con la bancada y, quién sabe, si con Toledo. Omonte aceptó pero reclamó el MIMP. Y Jara tuvo que moverse al escuálido ministerio de Trabajo, donde iba a durar sólo unos meses. Aparentemente aquí empieza una rivalidad soterrada, que tuvo un segundo momento cuando la nacionalista llegó al premierato. Y ahora acaba de atravesar un tercer episodio cuando Jara es censurada y Omonte vota contra la jefe de gabinete que ella integró y contra toda su bancada, como si quisiera decir que perdió el fajín por su rival en la recomposición anterior del gabinete, donde la del lunar recuperó el ministerio a través de una de sus personas de confianza.

Bueno, también estas cosas hay en la política. Lo cierto es que Jara duró ocho meses en el cargo de primera ministra después que su predecesor, René Cornejo, fue obligado a renunciar en las peores circunstancias. Estos meses han sido, a su vez, los de un cambio de clima político con la oposición de derecha, si entendemos por ello a los grandes medios que no se hicieron problema de pasar de la amistad con Humala al enconamiento, y los voceros políticos y parlamentarios de esa tendencia que también se movieron desde la vacilación hacia el gobierno a la actual guerra sin cuartel. Por entonces, la crisis de la corrupción que parecía focalizarse en Ancash, se extendió a otras regiones, y siguió rebotando hasta caer sobre la cabeza del gobierno y de la pareja presidencial.

El período Jara es el más movido de toda la trayectoria del gobierno. Los titulares y las acusaciones en el Congreso subieron de tono, pero todos o casi todos dejaban salvada la honestidad de la primera ministra, pero aseguraban que había perdido todo poder. En enero empezó la campaña sobre la Dini, que nos brindó al inicio un tonto informe de cómo se filmaba a los exministros Jorge del Castillo y Miguel Hidalgo haciendo puentes entre inversores mineros y funcionarios de Energía y Minas,  y de oras personas que nadie sabe para qué las investigaban, hasta que llegaron al caso Marisol Espinoza, donde las alarmas se encendieron. Aunque no se haya dado versión oficial al respecto es fácil deducir que la chequeaban por temor de que se vaya del nacionalismo como lo hizo Tejada.

Pero lo que ya fue la bomba fue la filtración de una listas con membrete de la Dini y en cuadros Excel, que se refiere a los rastreos que los encargados de inteligencia realizaron en distintos registros de propiedad, antecedentes judiciales y otros, sobre más de 150 mil personas, entre autoridades y funcionarios del actual gobierno, congresistas y políticos, periodistas, empresarios y otros. De los cuales sólo aparecen la fecha, los nombres y el número de búsquedas realizadas. Nada más. Claro que algunos han deducido que era para chantajearlos (¿también a los ministros?), otros han escuchado que los convenios para viabilizar los rastreos datan desde hace mucho tiempo y que en los gobiernos de Toledo y García se acumuló información sobre diversas personalidades, aunque eso ha importado nada a la hora de la censura.

El fondo de la cuestión es que la derecha política, carente de toda idea para diferenciarse de un gobierno que ha mantenido la política y las reglas en que ellos funcionan, ha encontrado un filón para inventar una historia de lo que ocurrió estos años. Ahora tendremos que creer que había después del 2011, una oposición combativa y una prensa que denunciaba al gobierno, y a la que los “neo-montesinistas” de Palacio le respondieron con espías para adelantarse a los acontecimientos. Rospigliosi agregará, además que era el más perseguido por ser el más peligroso. Pero los que hemos vivido la historia tenemos otras imágenes: abrazos con la Confiep, titulares entusiastas  de El Comercio, despedida de Aldo M por los Agois para poner a Correo más cerca de Humala, oposición parlamentaria desconcertada, condena de la izquierda como la mala influencia de la que Humala se había liberado, etc. Esto por lo menos hasta el año 2013. Los registros filtrados, llegan una fecha bastante anterior del cambio de ánimo de la derecha hacia el gobierno. Entonces, ¿por qué los espiaban?, el primer ministro del mayor rastreo fue Oscar Valdés, el más querido de los cabeza de gabinete de Humala, ¿por qué censuran a una primera ministra de una etapa posterior y no le dicen nada al azote de Cajamarca, Espinar y Sechura?

El hecho es que el gobierno de Humala con cualquier ministro que vaya al frente, merece una censura, porque las políticas son constantes. A Jara la hubiesen llamado al Congreso para debatir Petroperú, o la persistente caída económica. y no cómo la Dini tenía guardada información sobre nosotros. El método, además, lo creó la propia derecha para combatir a la izquierda, a los sindicatos y a los dirigentes sociales, y si no les gusta cuando se lo aplican, que cierren este tipo de organismo y se acabó el problema. Pero no hagan censuras con falsas historias.
   
08.04.15

Publicado en Hildebrandt en sus Trece

lunes, abril 06, 2015

La justicia al revés

Impresionado por el número de veces que un litigante que está ejecutando una sentencia final de la Corte Suprema (inapelable, cosa juzgada), escribí el 22 de septiembre de 2014, en el Diario Uno, la columna “La justicia que nunca llega”, referida al caso del capitán Jaime Mimbela, con cinco fallos de primera instancia en la Corte del Callao para que Hayduck pague las costas y costos ordenados en el máximo tribunal y cuatro nulidades en el nivel superior obligando que el proceso vuelva a comenzar.

No se está discutiendo nada. porque no hay nada que discutir, y lo único que hay es una conspiración entre vocales que puede responder a lo que estiman como conflictividad de Mimbela (no se da por vencido a pesar de su enfermedad), o a cualquier otra razón más, dado el poder económico de la empresa demandada.

Por preguntarme sobre el ambiguo papel de quién era el presidente de la Corte en ese momento, el Dr. Jorge Castañeda, recibí una dura respuesta, inusual en personas de esa jerarquía, que además se tomó la ocasión para denunciar a “diversos grupos de poder político y no político (que) han venido ejerciendo presión a esta presidencia para adoptar posiciones a favor del señor Jaime Mimbela”, dentro de los que podría caber yo y mi modesta columna.

A pesar de lo extraño de algunas aseveraciones: el que presiona al final siempre pierde; los grupos de poder insólitamente se interesan en los ciudadanos de a pie contra las empresas poderosas; los presidentes de Corte se quejan en voz alta de que son presionados, cuando les preguntan por qué hay cuatro nulidades en cinco años en un mismo caso (y se viene la quinta), a pesar, digo, de todo eso, no contesté la carta y quién sí lo hizo fue el directamente afectado.

Seguramente, el lector habrá sacado la conclusión que el Dr. Castañeda tenía una cierta parcialización y una opinión adelantada sobre el asunto Mimbela que mejor se la hubiera guardado. Pero no, la expresó a toda voz. Y ahora resulta que por una mezcla de desistimientos y licencias, la sala que verá por quinta vez el informe de primera instancia, para que por fin le paguen al peloteado Mimbela, está cayendo en manos del mismo Dr. Castañeda, el que piensa que los grupos de poder trabajan incansablemente a favor del capitán que solo pide que se cumpla con la ley.

Es una situación muy delicada porque después de tantas dilaciones y justificaciones (el actual presidente de la Corte del Callao, dijo que la mala suerte de Mimbela se explicaba por espíritu de cuerpo de los magistrados, ya que muchos de ellos habían sido quejados y denunciados, precisamente por la repetición de las nulidades), que el Dr. Castañeda pase a conducir un caso en el que debería ponerse a un lado por tener posición hostil al litigante, coloca nuevamente el mundo judicial al revés.    

06.04.15

domingo, abril 05, 2015

La cultura del 5 de abril

A propósito de la coyuntura creada por la designación de Pedro Cateriano como nuevo primer ministro y el riesgo de que el Congreso le niegue el voto de confianza con la posibilidad de que el presidente responda disolviendo dicha institución y convocando a nuevas elecciones, las radios vienen recogiendo cada vez más opiniones del público que considera que el Congreso efectivamente debería ser disuelto, sin mayor interés en saben como se compondría.

El tono de la declaraciones recuerda las de hace 23 años, a propósito del 5 abril, cuando sin ningún respaldo constitucional, Fujimori decidió por sí y ante sí, destituir a todos los miembros del Congreso (disolver, disolver..) e intervenir todas las instituciones estatales con el apoyo de la Fuerzas Armadas, y la opinión mayoritaria, no solo en las radios, sino en todas partes era de que este era el paso que debía darse. Ahora, no hay una presencia tan evidente de los militares, pero la verdad es que mucha gente no ha sacado la lección de lo que significó el golpe de Estado del propio presidente contra las instituciones de la legalidad.

Podría suponerse que se ve la “disolución constitucional”, como una actualización de la inconstitucional, lo que tal vez no sea tan despistado, si se piensa en lo que la dictadura de los 90 estaría cavilando cuando puso ese artículo en la Constitución. Se puede decir que hay un desafecto hacia las instituciones deliberantes. Un buen ejemplo es lo que pasa en la Municipalidad Lima, donde a muy pocos les interesa que el alcalde no acuda a las sesiones de Consejo y les motiva más bien que saque del sombrero baipases, escaleras o lotes de pintura. Para esa mirada de las cosas, el Congreso, y más en su versión actual, es el órgano más antipático del sistema, que no hace obra, no resuelve problemas concretos, que se pierde en debates que a muy pocos interesan y cuyos miembros tienen multitud de privilegios y una conducta muchas veces dudosa.

Cateriano tendrá que ir en pocas semanas a ese Congreso, que el pueblo quisiera disolver, sin medir las consecuencias. ¿Qué pasaría si efectivamente se repitiera la votación de Jara en el momento de solicitar la confianza?, ¿quién saldría ganando? Es difícil medir los alcances. En lo inmediato es verdad que Alan García se sacaría definitivamente de encima las investigaciones y acusaciones en curso, y que el APRA sería el partido con más posibilidades de acrecentar su presencia parlamentaria. Pero en las consecuencias de mediano y largo plazo, es posible que la mayoría aplauda la derrota del parlamento que quisiera ver cerrado, y que Ollanta pueda ver que todos los años encorsetado en las formalidades democráticas con las que no se llevaba muy bien, no valen nada ante unos minutos de dureza que sigan la corriente mayoritaria.

Finalmente eso es lo que pasó el 92 y Fujimori no era militar, aunque le gustaban los espías.

05.04.15
www.rwiener.blogspot.com