domingo, diciembre 12, 2010

¿Qué celebra el MNI?

Para explicar donde se encuentran ahora, los del Movimiento Nueva Izquierda (MNI)-Patria Roja cuentan una historia de dificultades para entenderse con el Partido Nacionalista y Ollanta Humala, de reuniones frustradas, salas de espera prolongadas e indefiniciones en las respuestas. En resumen que el MNI-Patria Roja recibió un trato de partido pequeño, que obviaba el hecho de que se trata de un partido inscrito y de una fuerza propia. En cambio, Fuerza Social, que antes los trató como no aliados y hasta intentó ocultarlos en la campaña municipal, ahora les ha entregado hasta la presidencia de la alianza.

Más en privado, sin embargo, agregan otras consideraciones, como que Ollanta ya no es el del 2006 y que con el segundo “gran combo” de las elecciones, del que han pasado a formar parte, se puede competir para abrirle espacio a la izquierda. En estos razonamientos, sin embargo, han quedado oscurecidos varios asuntos:

(a) El frente de “todas las izquierdas” que se conformó a inicios de año y se reafirmó en una sonada reunión en la Casa del Maestro después de las municipales, que se suponía iba a jugar el papel de factor de unidad, y al que MNI-Patria Roja descolgó de sus negociaciones y decisiones finales, dejando a sus aliados en el aire, como si se tratara de partidos pequeños que no merecen consideración.

(b) El rimbombante anuncio que MNI-Patria Roja ponía su inscripción al servicio de “toda la izquierda”, que quedó como una mera frase cuando se dieron cuenta que eso les permitía la posibilidad de tener candidato propio y dividir las opciones populares, y que esa era una carta para negociar, lo que ha llevado las cosas hasta donde ya sabemos.

(C) La crítica a Fuerza Social por negarse a todo trato con el nacionalismo, negativa que según el MNI-Patria Roja dividía el campo popular y a la que toda la izquierda, incluido el MNI-PR, respondió con la consigna una sola candidatura, un solo programa y un solo frente; aunque luego el MNI-PR decidió levantar otra candidatura, literalmente inventada e importada para la ocasión (el embajador Rodríguez Cuadros), y tantear dos o más frentes, sin ninguna consideración de programa.

Si se mira bien lo sucedido, no se ha roto una alianza del nacionalismo con el MNI-PR, que nunca existió y que sólo fue una hipótesis de trabajo en las negociaciones finales. Lo que han hecho Moreno, Breña y sus camaradas es romper la vieja izquierda, o lo que queda de ella, para la que reclamaban un lugar en la política peruana, al servicio de sus particulares intereses de grupo.

Esa izquierda tenía su oportunidad de entrar a un compromiso con el nacionalismo radical que se expresó en las elecciones anteriores y que convirtió a toda la izquierda dividida (incluido el proyecto socialdemócrata de Susana Villarán) en 1.4% de los votos.

La unidad con los nacionalistas es la posibilidad de cambiar el país, ahora, que fue exactamente a lo que renunció de arranque Fuerza Social, que para mayores precisiones ha explicado que sus miras están en el 2016, dando a entender que un triunfo de Humala les perjudicaría en sus perspectivas.

El MNI-Patria Roja, por su parte, pasó de lamentar que Fuerza Social tomara el camino divisionista y terminó sentado a su lado, presentando como buena nueva lo que antes definían como una tragedia.

12.12.10
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sábado, diciembre 11, 2010

General que dijo que Ollanta representa la regresión, comanda el Ejército

El general Paul Da Silva debe su grado a su participación en el operativo Chavín de Huántar en el que tuvo a su cargo el contingente de camilleros y se benefició del ascenso de todos los participantes, y su apurado nombramiento como Comandante General del Ejército a la intervención de Alan García, el mismo que dijo que ya tenía diseñado un plan para un golpe de Estado.

Fue durante su discurso por el día del Ejército, el 9 de diciembre de 2005, que el entonces jefe de de la Sétima Brigada de Infantería, general Paul Da Silva violentó todas las normas castrenses que limitan la participación en política de los altos mandos y declaró sin pelos en la lengua: “Voy a ser sincero y espero que su candidatura no prospere. Ollanta no tiene un plan de gobierno y sus ideas son retrógradas. En caso de ganar las elecciones presidenciales su gobierno sería de carácter comunista y pondría al país al filo del despeñadero”.

Esta declaración le ganó las primeras planas y fue motivo de un breve escándalo. Pero como suele ocurrir el incendio creado por estas provocadoras palabras se apagó rápidamente cuando los medios dejaron de tratar el tema y las autoridades políticas y militares hicieron como si no hubieran oído lo que se había dicho ante cientos de oficiales y soldados. No fue solo eso. Al terminar su alocución, periodistas de medios locales lo interrogaron sobre sus críticas al comandante en retiro. Entonces Da Silva añadió que Humala “traería como consecuencia la estatización de la banca y todas aquellas políticas que hicieron mucho daño al país”, con lo que concluyó imputándole los fantasmas que proceden del primer gobierno de Alan García.

Da Silva es un militar discutido y discutible. En su foja de servicios figura una investigación sobre una irregular compra de pertrechos cuando era jefe del COLOGE (logística). Fue comandante general en Piura y jefe de operaciones del norte, puesto del que fue relevado cuando no acudió a una convocatoria del general Montoya, por entonces presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, adonde envío a su segundo, el general Barrantes, que fue confirmado en ese cargo.

Más adelante le tocó dirigir la plaza militar de Arequipa y desde allí envío un informe que llegó a hacerse público, sobre las actividades del Partido Nacionalista en esa ciudad. En ese documento Da Silva ordenaba a sus subalternos hacer el seguimiento de lso militantes nacionalistas, detectar sus lazos con elementos militares y su participación en conflictos sociales. Esta fue una nueva violación del principio de neutralidad, y una prueba palpable de su intencionalidad política.

Da Silva pertenece a la promoción 1976 del Ejército, la misma de Otto Guivovich, que ocupó la comandancia general durante dos años. En los medios castrenses se interpreta que este nombramiento impuesto por García, está saltando a la promoción 77 Mariano Aragonés que le tocaba asumir el mando. La pretensión de hacer durar a Da Silva por dos años más, llevaría al retiro a las dos promociones. Este año además empezaron a ascender al grado de general los miembros de la promoción 1980, de Ollanta Humala, que estarían siendo espulgados para evitar la llegada de oficiales cercanos al candidato.

Algo que se recuerda del general Paul Da Silva, aparte de su feroz antiollantismo, es su responsabilidad en el caso del tanque que se incendió y causó la muerte de un soldado en el Fuerte Rímac, cuando se festejaba el cumpleaños del general Donayre, violando todas las normas que impiden utilizar el armamento y equipo durante celebraciones personales.

11.12.10
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jueves, diciembre 09, 2010

La banalización de la corrupción y el golpe de Estado

Tal parece que hay diversos intereses orientados a que el affaire Bayly-García acabe como suele ocurrir en el Perú: con los temas graves convertidos en banales y el presidente consagrado como el puede hacer y decir lo que le da la gana: que puede estar organizando un golpe de Estado, mientras la plata le llega sola, cachetea al trabajador que le grita corrupto y declara que el escritor puede interpretarlo como le dé la gana.

En opinión de algunos corresponsales y diplomáticos extranjeros consultados “off the record” por este diario, una revelación como la hecha por Jaime Bayly esta semana hubiera derivado inevitablemente en una querella del presidente contra el osado para obligarlo a desmentirse ante la justicia. Nadie concibe en España que se pueda escribir que el presidente del gobierno le confesó en una cena que tenía un plan diseñado de golpe de Estado, en caso determinado candidato pudiera ganar las elecciones, nos dijo un periodista de ese país. Si no lo hace, estaría dando a entender que era verdad lo dicho y en ese caso el procesado sería él.

Es imposible que en Inglaterra o en Francia, se use la excusa de que el que lanzó la bomba es un novelista que trabaja con ficciones, sobre todo si también es un periodista y un político que escribe sobre temas serios y que fue en esa condición que el presidente lo visitó en su vivienda, y que para remate ha ratificado sus afirmaciones. La frase alanista de que él “no hace caso a las travesuras” de Jaime Bayly, puede parecer amable y condescendientes, pero es en realidad una trampa dirigida a quitarle toda importancia a los temas tratados. Como en este caso el “loquito” que le ha gritado corrupto y golpista, no puede ser apabullado en público a punta de sopapos, la repuesta del poder es envolverlo en elogios mientras se desliza la idea que a este tipo no hay que tomarlo en serio.

A esto se está prestando evidentemente una gran parte de la prensa que ha eliminado el tema de sus titulares y sus páginas, o lo ha reducido a una intrascendente “chiquita”, mientras los columnistas se dedican a explicar que estos asuntos se están volviendo una oportunidad de “victimización” de Humala y una exageración a un asunto sin importancia. Después de todo fue con ese tono de perdonavidas del presidente (primero aparentando enojo y luego bajando el tono) y con la colaboración de los medios, que los petroaudios, los chuponeos, las permutas mobiliarias de Del Castillo, los terrenos de Quesada, las indemnizaciones de Barrios, han ido diluyéndose sin sanciones y con los corruptos regresando a la vida pública.

La banalización, según los especialistas, es una técnica que no sólo sirve para que los crímenes contra los derechos humanos (Bagua), las faltas a la moral pública (corrupción) y el chantaje electoral en marcha (amenaza de golpe de Estado), queden sin culpables y sanciones; sino que funciona también como una manera de acostumbrarnos que las cosas son así. García no promete jamás acabar con la corrupción, sino que a pesar de todo hay obras; no desmiente que ha estado afirmando a lo Fujimori que después de él y del neoliberalismo, sobrevendrá el golpe de Estado, sino que ¿quién va a imaginar a Alan García de golpista?

El propio Bayly parece que ya perdió la energía del primer día. Después de todo ya cobró su venganza por su expulsión a la mala de su programa por Frecuencia Latina Televisión, que fue echa por evidente pedido de Alan García y ahora está empezando a pensar que este asunto puede favorecer a Humala. Así andan los principios en nuestro país. No nos indignamos, gritamos, puteamos de saber que tenemos políticos a los que la plata les llega sola después de sacar sistemáticamente la cara por los grandes intereses económicos extranjeros y nacionales, y que están dispuestos hasta a dar un golpe de Estado para que no les quiten esta mamadera y no llegue al gobierno alguien que pudiera destapar la olla de la podredumbre. Banalizar o enfrentar la corrupción y el golpismo, es el dilema entre la prensa acrítica y la independiente.

09.12.10
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miércoles, diciembre 08, 2010

Tengo un plan diseñado para un golpe

Nuevas revelaciones del diálogo entre Alan García y Jaime Bayly confirman que se trató el tema del golpe de Estado para detener a Humala. El país ya sabe que tenemos una democracia recortada que sólo permite la alternancia entre los que defienden el mismo programa.

Luego de haber negado haber mencionado la palabra “golpe de Estado”, García reconoció ayer que si usó la expresión. Pero otra vez trató de arreglar sus palabras indicando que sólo habría querido decir que cualquier intento de dar un giro de 180 grados y desandar lo avanzado en los últimos gobiernos es algo que podría “generar un caos y hasta un golpe de Estado”.

Pero según explica Ricardo Letts, dirigente izquierdista y tío de Jaime Bayly, con el que ha mantenido un intercambio de correos electrónicos en estos días, esta tampoco es la verdad de la conversación. Lo que realmente dijo García en esa oportunidad fue “que si llegarse a ganar Humala por voto popular, él tenía un plan diseñado para propiciar un golpe de Estado que impidiese que Humala llegase al gobierno”.

Es decir no se trató de un hecho externo a la intervención del actual presidente, sino de un plan ya pensado y organizado. Bayly no sería además el primero al que le habría confesado sus intenciones, aunque sea el único que se ha atrevido a hacer públicos estos oscuros propósitos.

“¿Ustedes se imaginan a Alan García golpista? Nadie se imagina eso”, ha dicho el presidente desafiando la buena fe de la opinión pública peruana. A su vez, el escritor ha respondido: “No me atrevería a mentir sobre algo tan grave”. Este contrapunto, por cierto tiene en tensión a los peruanos que siguen los medios de prensa.

“Hay testigos de la sombría amenaza que lanzó García”, ha dicho Bayly, anotando que no había ninguna broma en lo que venía diciendo. Los testigos a los que se refieren son las señoras Roxana Cheesman (que acompañaba a García) y Sandra Masías, que escucharon todo lo que se dijo.

La plata llega sola

Sobre la parte del dinero Bayly ha reiterado lo obvio: que el tema se introdujo luego que él expresó su preocupación porque el monto del sueldo presidencial no le alcanzaría para cubrir sus gastos familiares, y fue entonces que le espetó que fuera cojudo, porque la plata llega sola. No después de ser presidente, sino en la campaña y en el ejercicio del poder.

Bayly además reveló que García se ofreció para conversar con su madre que habría estado recibiendo presiones de Cipriani y de Rey para no apoyar con dinero para su campaña y ahí fue donde dijo: “le pediré 5 millones. Si me los da, te doy cuatro y me quedó con uno” y luego soltó una carcajada.

08.12.10
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lunes, diciembre 06, 2010

Aunque me metan preso, Humala no será presidente

“Luego García dijo algo que me pareció gravísimo: que si el señor Humala gana las elecciones, él propiciará un golpe de Estado e impedirá, quebrantando la ley, que Ollanta Humala sea presidente. “Aunque me metan preso, Humala no será presidente”, se pavoneó García”
Jaime Bayly “La plata llega sola”
Perú 21, 6 de diciembre del 2010

Una extraordinaria revelación del escritor, periodista y hombre de televisión Jaime Bayly ha conmovido el escenario político nacional. De acuerdo con ella, el presidente Alan García y el por entonces conductor de un ahora clausurado programa de televisión, se reunieron este año en la casa de este último para conversar sobre sus aspiraciones electorales y ahí García habría hechos dos explosivos comentarios: (a) que Bayly no debería preocuparse por la modestia del sueldo presidencial, que según nuestro desmemoriado presidente debe ser “como 3 mil dólares al mes”, porque en el cargo y si uno no es cojudo “la plata llega sola”; (b) que la máxima aquella de que “el presidente puede evitar que sea presidente quién él no quiere”, puede llegar sin problemas hasta el golpe de Estado y el impedimento ilegal de que el ganador de las elecciones asuma el cargo.

En el relato de Bayly se da cuenta de su retiro de la televisión colombiana, que habría sido precedido por un intento de amedrentarlo por sus simpatías con el candidato opositor Antanas Mockus, con falsos informes del gobierno de Uribe sobre un intento de asesinato por parte de sicarios de Hugo Chávez; de su tentativa conocida de postular a la presidencia por “Cambio Radical” que se cayó en el primer semestre del año cuando Barba dueño de la inscripción de ese seudopartido decidió apoyar a Kouri para el municipio de Lima; del intento posterior de recoger firmas e inscribir un partido con Enrique Ghersi, que terminó porque no dio el dinero que le pedían y por desavenencias con la esposa del abogado, lo que debe haber ocurrido hacia mediados de año; de un sondeo para asociarse con la vieja guardia de Acción Popular, que murió tras una conversación con Lescano que aspiraba a la candidatura de dicho partido; y de una conversación con Luis Bedoya Reyes (debe ser a comienzos de agosto) para ir con el PPC que se frustró cuando el propio Bayly se negó a conversar con Lourdes Flores que habría querido utilizarlo para la campaña municipal. Este último episodio ya ha sido mencionado por los dirigentes del PPC bajo la forma de que Bayly se picó al no ser aceptado como candidato y por eso apoyó a Susana Villarán contra Lourdes.

El hecho es que de acuerdo a esta secuencia, la conversación con García debe estar situada entre agosto o septiembre. Y aunque el gobierno diga que Bayly ha interpretado como novelista lo conversado, hay demasiados elementos que tienen a confirmar que el asunto tiene sólidos visos de veracidad. Efectivamente, ha sido Alan García el que calificó su victoria del 2006, como parte de un “conflicto continental” entre la democracia y el mercado contra el estatismo y la demagogia (“A la fe de la inmensa mayoría del pueblo peruano” 28.06.09), el que aseguró a los banqueros que no ganaría el que él no quiera; y el que ha dado señales evidentes de ir adoptando candidatos, incluidos los que no son de su partido, hasta al supuesto opositor Alejandro Toledo, de manera de aislar a Humala como el peligro para el sistema. Todo eso encaja completamente con la idea de que “aunque me metan preso Humala no será presidente”, que justifica el recurso del golpe del Estado contra el candidato nacionalista.

Aunque se trate de un encuentro privado y de aparentes opiniones de lengua suelta, hay suficientes indicios de que lo que está escrito en el artículo de Bayly es el pensamiento más profundo del actual presidente. Esa noche, dice a manera de conclusión, “me quedé pensando que en efecto es así como se hace política en el Perú: con absoluta falta de escrúpulos… (y) decidí que no sería candidato”. Y con la nota de ayer, podría anotarse que dio un paso más para ayudar a desnudar lo que son los políticos en nuestro país: todas las iras y los ascos que aparentó García frente a Rómulo León, Químper, Del Castillo, Quesada, Barrios; se desnudan en su impresionante hipocresía en la frase antológica: “la plata llega sola”. Es decir, que el lobbysmo paga, que era algo que todos suponíamos, pero que de la boca del lobbysta mayor del país se escuche tamaña confesión, es apabullante. Es Bayly mismo el que anota que esta es “una manera sutil y tramposa de decir que la plata llega por debajo de la mesa, en maletines, en coimas y cuentas secretas”.

Y que alguien esté dispuesto a dar un golpe de Estado y hasta de terminar en la cárcel para que las cosas sigan así, es demasiado.

07.12.10
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EL complot

En los primeros día del 2006, escribí un artículo que llevaba por título “Complot en Suramérica”, que quería ser una parodia de otro que había elaborado el diario “Correo” sobre lo que podría ser el Perú luego de conocida una hipotética victoria de Ollanta Humala: dólar por las nubes, fuga de “talentos”, caída de las bolsas, malestar de los cuarteles, etc. En mi nota, la licencia literaria (advertida en el pie de página, con la fórmula: Material para una próxima novela de John Le Carre, ambientada en Lima) y el afán de especulación política, me hacían imaginar una reunión en la casa del embajador de Estados Unidos, con presencia de algunos grandes empresarios, dueños de medios de comunicación y miembros del gobierno peruano, en la que se discutía como tumbar a Humala que ya había alcanzado el primer lugar de las encuestas.

El intercambio imaginario era sobre el porqué el comandante nacionalista podía ganar y lo que había que hacer para detenerlo, de donde salía el acuerdo de demolerlo mediáticamente, sin permitirle un solo respiro, lo que suponía levantar diversos temas: Chávez, entorno político, Madre Mía y otros. En algún momento el tema se iba a la cuestión Hildebrandt, que tenía un programa influyente y estaba fuera de control. Entonces se acordaba que Ivcher rompería el contrato a cualquier costo, a lo que el colchonero respondía dando seguridades pero pidiendo ser compensado con la reparación que estaba demandando al Estado por los años en que le quitaron el canal. Todo quedaba acordado.

Por supuesto que nuestros amigos de “Correo” nos contestaron: ¡qué va¡, no hay complot, no se necesita complotar para estar de acuerdo en muchas cosas, nadie está concordando nada. Pero algunas cosas que parecían imposibles empezaron a pasar: cerraron el programa nocturno de César Hildebrandt, la prensa se cerró unánimemente contra el “antisistema”, los temas de la demolición se hicieron monocordes, y el periodista botado de la televisión mostró finalmente en público el cheque que Ivcher había recibido como “reparación”, a los días del cierre de su programa. Estas coincidencias sorprendentes hicieron creer que yo me había informado de alguna fuente directa sobre la “reunión” en la casa del embajador y eso hizo que mi artículo circulara como si fuera una filtración anticipatoria de los actuales Wikileaks. Terminada la campaña tuve que aclarar que todo había sido inspiración del momento, aunque viéndolo bien los sucesos anticipados no tendrían porque habernos desconcertado tanto.

El hecho es que siempre pensé que hubo alguna forma de complot y que los gringos tuvieron que ver con ello y que eso se extendió hasta ese glorioso momento en que en pleno recuento de votos de la primera vuelta la derecha económica y periodística se pasaron del apoyo a Lourdes a la incondicionalidad hacia García. Lo que ahora falta saber es si en los Wikileaks que vamos a conocer aparece alguna reunión como la que imaginé hace cinco años. Me cambiaría de oficio.

05.12.10
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Los locos Adams

A la candidatura de PPK y su asociación con Lourdes Flores, Yehude Simon, César Acuña, Humberto Lay, la han llamado “sancochado”, “arroz con mango” y “locos Adams” (los Chistosos). Habría que preguntarse, sin embargo, si esta es la única disfuncionalidad en el actual panorama político. A algunos puede parecerles a estas alturas que es de lo más normal que entre los postulantes a la presidencia se encuentre la hija de un presidario condenado por delitos contra los derechos humanos y corrupción, cuya propuesta se resume en volver a hacer lo que hizo su padre, sin cometer errores.

O que el ex presidente que frustró la transición política del año 2000, que abandonó las promesas de democratizar el país y enfrentar la corrupción, y que terminó su período apoyando a Alan García para su vuelta al poder, se presente ahora como una alternativa de “oposición” al gobierno aprista. O que el alcalde que no habla, que colaboró con el gobierno de Fujimori (presidente de la Seguridad Social y de la Caja del Pescador en nombre del gobierno) y se mantuvo como aliado de los gobiernos de Toledo y García, quiera expresar una renovación de la política nacional. O que la economista que negociaba en las mesas del TLC y que le ofreció a García seguir ese curso sin necesidad de los ex ministros y viceministros de Toledo, y que empujó al país al enfrentamiento de los decretos de la selva, por absoluta subordinación al imperio, sea en esta ocasión la candidata de un partido que en el pasado se reivindicaba antiimperialista.

Las cinco listas de derecha reflejan desorden y confusión. Eso se puede ver en detalles como que Rafael Rey está barajando si se va con el APRA o con Kuczynski; o que Alex Kouri está viendo si es con Keiko, con el APRA o algún otro. También está el caso de Jaime Quijandría que era fundador de Fuerza Social y ahora aparece en los equipos de plan de gobierno de Toledo. Si se entiende bien, los movimientos de personas de un lado a otro puede estar reflejando que realmente no hay diferencias y que lo que realmente pasa es que hay demasiados aspirantes para un reparto más bien estrecho. Pero podría también tratarse de que nadie sabe cuál es la carta ganadora del 2011. Lo que también se puede redefinir en que nadie sabe qué es lo que va a estar en el centro de las preocupaciones de la sociedad durante el próximo año: economía, distribución social, infraestructura, seguridad, corrupción, democracia, etc.

Cada candidato de derecha expresa un cierto énfasis en cada uno de estos aspectos. Pero la gente está todavía lejos de enganchar con algún discurso. Las encuestas pueden consultar un por quién votaría usted si las elecciones fueran mañana y obligar a los entrevistados a escoger sobre la nada. Y es que si algo está faltando en el Perú en estos días previos a la etapa caliente de la campaña son los temas de la diferenciación política, aquellos en los que los cinco de la derecha han hecho lo posible por mimetizarse. Es el campo de la propuesta de cambio, de nueva economía, reparto social, denuncia directa a los corruptos (muchos de los cuales son candidatos), de donde debe provenir la ruptura y la confrontación. Sólo así se saldrá del actual pantano político.

05.12.10
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El Wikileaks peruano

“¿Qué revelaciones podría haber sobre el Perú? Algunos diplomáticos se inclinan a pensar que los cables norteamericanos podrían revelar… el peso y la presión sanguínea de Alan García, la talla de ropa de Keiko Fujimori, los tragos preferidos de Alejandro Toledo, el número de casacas amarillas de Luis Castañeda, las páginas Web que Rafael Rey, la relación de todos los políticos peruanos que se tiñen el pelo, las fotografías del Facebook de Vladimiro Montesinos o el chat con emoticones de PPK y el pastor Lay”.
Caretas, 2 de diciembre 2010

Mientras el presidente García y la revista “Caretas”, como se puede ver en la cita, se esmeraban en banalizar hasta el nivel del ridículo los posibles contenidos de las comunicaciones interceptadas a diplomáticos estadounidenses referidas al Perú, y el canciller Joselo García Belaúnde trataba sin éxito de ocultar sus nervios, trascendía a su vez que la embajada yanqui en Lima se habría dirigido directamente al candidato Ollanta Humala para advertirle que una cierta cantidad de mails de Wikileaks lo mencionaban y que no debería tomarlos como un gesto inamistoso.

Ciertamente de los 1,388 mensajes Lima-Washington que hasta ahora han sido reconocidos que existen, el 30.7% corresponden al año 2006 y 26.5% al 2005, lo que significa que nada menos que el 57% están situados en una de las etapas electorales más intensas de la historia peruana. Y, en esa época, ¿la preocupación principal era la gordura de AGP y Keiko, o el alcoholismo crónico de Toledo? Obviamente no. Lo sabe García y “Caretas”, y todos los que hace cinco años le clavaron el mote de chavista al comandante nacionalista, no sólo pensando en asustar a los electores peruanos, sino de llamar la atención de Casa Blanca y de los inversionistas gringos. Si había un supuesto “agente de Chávez” a la cabeza de las encuestas en el Perú, ¿cómo no iba a provocar el pánico de la diplomacia de Estados Unidos?

El punto de preocupación, sin embargo, no es lo que se opina en el extranjero (alguna vez hemos transcrito comunicaciones del dueño de la norteamericana Petrotech, Kallop y su esposa, con interlocutores peruanos en los que se habla abiertamente de intervención y dinero para detener a Humala), sino la manera como políticos, medios y otros actores políticos criollos alimentan la información internacional para provocar reacciones de acuerdo a sus intereses.

Algunas preguntas se caen de puro maduras: (a) ¿tuvo que ver la embajada de Estados Unidos con el cambio de opinión en plena carrera de las elites peruanas del apoyo a Lourdes Flores a la opción Alan García?; (b) ¿hubo relación entre las preocupaciones de la embajada de EE.UU. en Lima y la campaña de demolición de prensa en contra de Ollanta Humala, que utilizó supuestas filtraciones de “inteligencia estratégica”?; (c) ¿estuvo cerca el embajador yanqui de la decisión de echar de la televisión a César Hildebrandt y cerrar su programa, a pesar del rating que mantenía en esa época y su alta credibilidad?; (d) ¿cómo reaccionaron las embajadas de EE.UU. en Suramérica luego de la victoria en primera vuelta de Evo Morales y de la posibilidad que existió en algún momento de que este fenómeno se repitiera en el Perú?; (e) ¿quiénes eran los contactos principales para intercambiar información sensible con la embajada de la calle Encalada?

Nadie de verdad se sorprenderá que Washington haya visto como propia la encrucijada que vivía el pueblo peruano y que haya pedido estar al día al detalle de lo que estaba pasando. Después de todo, es claro que estuvieron metidos hasta el cuellos en las crisis de 1992-1993, y en la del año 2000, y que en cada caso fueron usando diversos aliados y contactos para alcanzar sus objetivos que eran controlar cualquier tendencia de izquierdización y de cambio en las reglas económicas, y reconstruir la legitimidad del sistema político afectado por el golpe de Estado, el fraude y la corrupción. Actualmente nomás ya nadie se pregunta qué hacía la embajadora de Estados Unidos en el CADE 2010 en Cusco, cuando no había ningún otro diplomático en la cita. Es que ellos sienten que los problemas de América Latina son suyos.

Entonces, les aseguro que no es de sobrepesos o chats con emoticones que tratan los wikileaks peruanos.

05.12.10
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viernes, diciembre 03, 2010

Artemio, Hidalgo y la redada

O sea, el gobierno, a través de agentes, bajo el mando del director de la Policía, llega hasta las narices del temible Artemio, lo filma lanzando arengas y explicando su postura sobre el panorama político. Y esto es en junio de este año, después de lo cual cayeron hasta tres supuestos lugartenientes del jefe senderista y no sé si una o dos concubinas, pero nunca Artemio.

De pronto, destituyen al ministro Barrios por la increíble osadía de cobrar por su pase de la Seguridad Social al edificio Córpac una suma exorbitante como “despido arbitrario”, y su reemplazo, el ex director de la Policía, lanza un operativo al día siguiente de su nombramiento. ¿Para capturar a Artemio? No, para capturar a los dirigentes cocaleros que estaban a la mano haciendo vida legal durante cinco meses, desde la filmación de junio, en la que algunos de ellos aparecen escuchando el discurso sin decir nada.

Varias preguntas quedan al aire: ¿por qué no se actuó de inmediato tras la información obtenida mediante la filmación de inteligencia?, ¿por qué la Policía siempre está casi sobre Artemio y nunca lo captura?, ¿por qué este operativo no se hizo durante la gestión de Barrios y se desató al día siguiente de comenzada la de Hidalgo?, ¿se ha querido distraernos del tema de la corrupción e inventarnos un asunto “más importante?

La dupla Salazar-Hidalgo ya era famosa cuando el primero era ministro, por su proclividad a las cortinas de humo, la más famosa de las cuales fue el asunto de pishtacos, pero que pasó por la culpabilización gratuita de Abencia Meza en el asesinato de la folklorista Alicia Delgado, en base a una falsa “confesión” del principal implicado; el caso Fefer y la denuncia contra la hija de la acusada y su mejor amiga, sin ninguna prueba (las jóvenes aún permanecen en la cárcel); y el viaje interminable del holandés asesino, por tierra, desde Tacna a Lima, y sus múltiples “confesiones”, luego desmentidas.

El más grande mentiroso de la historia policial peruana, que desapareció los USB que incriminaban a García, Del Castillo, Garrido Lecca y otros en el caso petroaudios y que encarceló a sus subalternos por reclamar mejores condiciones salariales, quiere ahora pasar por descubridor de una red de narcotráfico, encarcelando dirigentes gremiales y alcaldes (varios de ellos Acción Popular e independientes), cuando durante su gestión en Dinandro y la dirección de la Policía no ha caído ningún capo de la droga.

2.12.10
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miércoles, diciembre 01, 2010

La derecha dividida

Esta semana completaron cinco las candidaturas de “más de lo mismo”, y hay quienes dicen que todavía faltan uno o dos más. Al mudo, que está más silencioso que nunca; la gordita que de vez en cuando “emplaza” al gobierno porque “le falta autoridad”, para terminar apoyándolo en todo lo importante; al cholo, que parece que se le acabó la viada con la que llegó del extranjero; y a la Meche, que hace lo posible por parecer aprista para adentro (hasta mueve los labios cuando cantan la Marsellesa), y no aprista para sus amigos de afuera; se les ha sumado el polaco que a falta de uno ahora tiene cinco partidos detrás suyo, incluido el PPC de Lourdes y Cataño, y el humanismo a lo Yehude Simon.

Cinco candidatos detrás de la misma torta, como si esta diera para todos. Como si el 70% del país que quiere un cambio del modelo económico fuera a votar por los amantes del mercado sin intervenciones, de la exportación de minerales hasta que se acaben, de los TLC que condicionan la economía interna, o de no tocar la Constitución del 93, que es el que restringe todo cambio; o el 80% que cree que la corrupción es el principal problema del país, escogerá entre uno de cinco rabazos de paja que van desde tres gestiones de gobierno, duramente cuestionadas por corrupción, en las que fueron o presidente, o primer ministro, o ministro de economía, o hijita de papá, y una oscura gestión municipal. Hay que creer que el Perú no tiene memoria para imaginar que la población llegue a mirarlos como una solución para sus problemas.

Pero ahí están, dando la impresión de haberse creído sus propias encuestas, según las cuales cada vez que aparece un nuevo aspirante a la presidencia empieza a crecer en la estadística mientras los que van adelante no se desinflan. Esta ilusión de novedad puede hacer creer fácilmente que todos pueden. Así el desvelo de García durante los últimos cuatro años que era identificar un candidato del sistema para enfrentar al “antisistema” se está yendo, llevado por las aguas. Y eso que la derecha ahora dividida viene de diversos grados de derrota en las elecciones municipales-regionales de hace dos meses: el APRA, el PPC, Solidaridad, Lay, Yehude y el fujimorismo (Acuña es una excepción), han demostrado que se han debilitado en los últimos años. Y es absolutamente cierto que ninguno de ellos dispone de un candidato de vuelo, que destaque sobre los demás como podría haberlo hecho Vargas Llosa en 1990, Fujimori 1995-2000, Toledo 2001 o Flores 2006.

La fragmentación derechista en cinco candidaturas relativamente equiparadas, evoca a la izquierda desunida de 1980, que terminó en igual número de listas y que alcanzaron una suma de 13% entre todas. El punto es que entonces había una derecha compacta para sacar la ventaja de la autoeliminación del adversario. En un escenario de dispersión derechista como el actual, el 2006 hubiera ganado Humala por expresar precisamente la idea del cambio económico y la lucha contra la corrupción. El punto es que si hoy esto no se ve tan claro es porque ha habido confusión para armar un bloque unido y ganador frente a la derecha. Todavía hay tiempo. Pero los plazos no son eternos.

1.12.10
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lunes, noviembre 29, 2010

Dos candidaturas de izquierda

En estos días algunos sectores que habían proclamado la unidad de la izquierda casi como un artículo de fe, y criticado duramente a los que trazaron a priori una línea divisoria con el nacionalismo, con el que no aceptaban ninguna alianza, a lo que se agregaba la tesis de que lo que había que preparar era la izquierda del 2016 y no del 2011; han empezado a buscar culpables de que la unidad no se concrete y de que ellos mismos hayan andado las últimas semanas buscándose otros candidatos y armar el bloque con los que se habían puesto fuera de un proyecto de unidad de todos contra el neoliberalismo y la reacción, porque favorecía la hegemonía de Ollanta y el nacionalismo.

¿Cómo se explica que el MNI-Patria Roja esté en camino de convertirse en uno de los inventores de la candidatura del diplomático Manuel Rodríguez Cuadros, cuyos méritos nadie discute, y de su introducción en Fuerza Social para salvar la cara ante la caída de la de “Nano” Guerra García a partir de los destapes sobre su pasado fujimorista?

Si la candidatura y el proyecto logran alguna consolidación y despega algunos puntos, se puede convertir en una merma decisiva para el pase de Ollanta a la segunda vuelta. Para Fuerza Social, de repente, eso es lo mejor que les podría suceder para liquidar a un competidor incómodo. Pero el pueblo ¿cómo valorará esta operación suicida que contribuye claramente a los intereses de la derecha?

La pregunta es más directa: ¿el MNI–Patria Roja dará como toda explicación de su aventura que Ollanta no le respondió a sus llamadas y que los hizo esperar en sala de espera mientras corría el tiempo? ¿Dirán que ellos querían un acuerdo por escrito que evitara sorpresas y rupturas como las que hubo el año 2006 y que como nada se definía no les quedó sino irse por su cuenta?

Obviamente todos tenemos una versión de los hechos en los que participamos. El punto es si al pueblo que impulsó a Ollanta Humala, sin la izquierda, hasta el borde del poder en la anterior elección, va a tomar en cuenta explicaciones anecdóticas para una división, que no es cualquier división sino ponerse a contracorriente de lo que es una posibilidad de victoria popular y nacional como pocas en la historia.

A nadie le interesa ahora si fueron los troskos, los “prochinos”, los de la UDP, los que dividieron ARI en 1980, o si los “reformistas” o los “militaristas” hicieron explotar a la Izquierda Unida en el 90. Lo que queda para la historia es la incapacidad de la izquierda para salir de su pequeñez y colocarse en la disputa por el poder nacional.

En el 2006, la izquierda estuvo nuevamente dividida y me consta que sí hubo un sector dispuesto a hacer concesiones y tener paciencia con los demás fue el MNI-Patria Roja, y recibió varios maltratos. Pero eso no lo salvó del desastre, que en su caso fue el peor de todos: 0.32%, a pesar de todo el esfuerzo invertido en inscribirse y las alianzas fallidas con el PS, la UPP y el nacionalismo.

Es verdad que hay una explicación en esta historia para sus aprehensiones actuales, pero otra vez no va a justificar el camino que aparentemente estarían tomando de apuntalar el aislacionismo de las organizaciones de Susana Villarán y el padre Arana y de buscarse el candidato que creen que puede hacerle la mayor merma a Ollanta Humala. Errores que se pagan en los resultados y en las crisis posteriores a las elecciones.

28.11.10
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miércoles, noviembre 24, 2010

Antisistemas

Ernesto de la Jara acaba de hacernos recordar que Keiko Fujimori, “también es antisistema”, por si no nos habíamos dado cuenta. En el 2006 el único que estaba en esa categoría era Ollanta Humala porque quería cambiar la constitución y el modelo de libre mercado y completa apertura de la economía. Como de Keiko no se espera nada de eso, ya que el marco constitucional que hoy nos rige y el sistema económico provienen de su padre, cuando ella era la “primera dama”, y en el mismo 2006 el llamado fujimorismo fue parte del bloque sistémico de la segunda vuelta que salvó al país del “candidato peligro”, reinstalando a García en la presidencia, de donde derivó una cooperación implícita de cinco años, De la Jara nos advierte que la gordita no se ha arrepentido del golpe de 1992 y que ha reiterado la inocencia de su padre.

En varios países (Chile, España), los hijos de la dictadura, de los golpes y las guerras, son ya parte del sistema. Y en el Perú hace rato que estamos caminando en esa dirección. Nadie le ha pedido a varios del entorno directo de García, como su vicepresidente Giampietri, su ex ministro Rey y otros, que se arrepientan de su adhesión al golpismo, por lo menos de la misma forma que se lo exigen a Lori Berenson, o que sigan pensando que el gobierno de los 90 con el que estuvieron comprometidos fue el mejor de la historia y que si hubieron “excesos”, se debieron a las “circunstancias”. El propio García es un admirador de Fujimori, como en su primer gobierno reconoce que era de Velasco. La razón es que nunca se estableció un corte entre el viejo régimen y el actual y que la “democracia” que surgió de la transición fue un híbrido con lo que venía de atrás, pero francamente demarcada con la posibilidad de cambios profundos en la lógica económica y política del país.

Se podría decir que los pactos de la transición se hicieron para que el paso de dictadura a democracia no significara que la relación entre el país y el capital extranjero, entre la grande y las pequeñas empresas, entre el capital y el trabajo no se modificaran, y que poner sobre la mesa el asunto constitucional equivaliese a abrir la puerta al abismo, posición en las que se han movido fujimoristas y antifujimoristas, pepecistas, toledistas, y apristas, y con la que convive hasta la izquierda “moderna” y “emprendedora”. De la Jara sabe que es así. Y que la teoría de los “dos demonios”: antisistemas de izquierda y de derecha, no es sino una construcción electoral que se usa para las estrategias electorales (la usó Lourdes y la quiere emplear Toledo), pero que si hay un sistema funcionando hoy en el Perú, ese incluye de pleno derecho a los fujimoristas que hoy andan por el 20% de las encuestas.

Lo más costeante de todo esto es que ahí se aparezca un precandidato de la centroizquierda, afín a De la jara, que estuvo en un puesto de primera línea del fujimorato, porque según dice creía que las medidas económicas y antiterroristas de esa época eran las que le convenían al país (privatizaciones, desnacionalización, flexibilidad laboral; grupo colina, jueces sin rostro) y que tampoco está arrepentido del golpe de Estado como forma de resolver situaciones de grave crisis. Y el tipo dice que es del sistema.

24.11.10
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martes, noviembre 23, 2010

Todos quieren ser nuevos ricos

Lo que ahora teme ahora todo el mundo es si el alejamiento final de Barrios Ipenza no tendrá otro costo adicional al Estado. El hecho es que el ex jefe de Essalud no quería salir con poca plata después de cuatro años de manejar esa institución gigantesca. Y preguntó en tono alanista: ¿y cómo es la mía? Entonces la jefa de administración le dijo que se podía lograr elevar la indemnización si se usaba la figura del “despido intempestivo”, ya que intempestivamente se había vuelto ministro y que el único detalle era que el día del nombramiento coincidía con el vencimiento de su contrato, aunque colocando el cese un día antes se arreglaba el asunto. Por un ajuste de 24 horas y una interpretación de la norma, salían 90 mil soles adicionales para empezar la nueva etapa.

Las firmas que se necesitaban para dar curso a este procedimiento eran dos: la del jefe, o sea él, y la de la administradora, o sea ella. Y las resoluciones de ese día, por casualidad, indemnizan ricamente a dos despedidos: Pío Fernando Barrios Ipenza, “despedido” por García que fue quién lo nombró en la presidencia y el que lo designó para ministro, y Edelmira Barrantes, “despedida” de Barrios que la nombró jefa de administración y se la llevó como viceministra del Interior. Si no serán de mamey. Toda esta gracia costó 335 mil soles. Y uno no puede evitar pensar en lo que va a pasar de aquí a julio del 2011, en materia de indemnizaciones

Lo más gracioso es que Barrios era el que iba a combatir el creciente delito desde el despacho de la avenida Córpac y el que tenía bajo su mando a la Policía anticorrupción. Curiosamente esta cartera ha sido la más inestable bajo este gobierno y en la que han ocurrido algunos de los casos más emblemáticos de la historia de este gobierno: compra de patrulleros, porta-tropas y armamento; moqueguazo y baguazo; desaparición de los USB de Gianotti; filmación del general Hidalgo a la salida de un motel; etc. Ahora, Barrios le ha agregado una brevísima gestión de dos meses que acaba de la peor forma. Parece que el APRA, la policía y las normas presupuestales hacen una combinación explosiva.

Y aquí la pregunta que todos se hacen: ¿el presidente sabía de la gruesa indemnización de su hombre de confianza? Hemos hecho una rápida encuesta entre las personas que tenemos cerca y nadie piensa que no sabía, ¿por qué será?

24.11.10
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La encuesta de CPI

Según la última encuesta de CPI, algo así como el 72% de los electores entregaría su voto, si las elecciones fueran mañana, a candidatos del continuismo económico y político, en franca contradicción con otra medición que indica que casi el 70% reclama un cambio de programa económico y un alto porcentaje desconfía de los viejos políticos. La misma encuesta asigna 8% a Ollanta Humala y deja alrededor de 9% en el limbo de los indecisos. A primera vista todo estaría resuelto, los fantasmas del 2006 enterrados y la solidez del actual sistema fuera de toda duda. En cierta forma hemos vuelto a un escenario equivalente al de inicios de este año, en el que el casi el 80% de los votantes en Lima ya estaban alineados con Lourdes Flores o Alex Kouri.

Curiosamente en este conteo, la irrupción de Toledo, que es el acontecimiento de la encuesta, ascendiendo de 14.6 a 20.5%, no representa una merma para Castañeda que incluso gana un punto adicional de 23.1 a 24.1%, mientras que Keiko se mantiene estancada. A su vez Meche Araoz entra en escena con 7.5%. Lo que quiere decir, en resumen, que hay una ganancia de más o menos 13 puntos para estos cuatro candidatos, más o menos intercambiables, un mes y medio después de las elecciones municipales y regionales, cuando todos ellos formaron de alguna forma parte del pelotón de los derrotados.

¿Cómo hicieron para recuperarse tan rápidamente, arrebatarle intención de votos a la izquierda y definir a los indecisos?, ¿de dónde sale finalmente Toledo? Tenemos varias hipótesis: (a) la operación impedir una victoria clara el 3 de octubre (no necesariamente robarse la elección, porque eso era demasiado difícil), fue deliberada, y consiguió dispersar y desorientar a los ganadores, y hacerlos aparecer como los que tenían las mayores dificultades para pasar unidos y con punche a la siguiente etapa del proceso 2010-2011; (b) la ganadora de Lima interpretó su voto como un mandato puramente municipal y se negó a convertirlo en plataforma para una lucha nacional por el poder y dejó más bien abierta la posibilidad de canalizar parte de su apoyo hacia Toledo o hacia una candidatura sin futuro de Fuerza Social, pero en ningún caso apuntalar la posibilidad de una victoria de Ollanta Humala; (c) Ollanta Humala y la parte de la izquierda que quisiera llegar a un acuerdo para las elecciones, han pasado varias semanas de declaraciones por la unidad y pasos hacia cualquier lado, alimentando la confusión en los electores que no están viendo una voluntad de poder equivalente a la que existía en el 2006.

Toledo está siendo favorecido por la indefiniciones en el campo de Ollanta, Susana y el resto de la izquierda. El cholo se mueve para decir que él es casi izquierdista (para lo que se llena de discurso social) y está empezando a invadir las regiones y los gremios para ofrecerles lo que pidan y enrolar dirigentes en sus listas locales. Es una falacia decir que esto se debe a que Humala se está volviendo de “centro” (otros dicen lo contrario, que Ollanta declina porque está demasiado a la izquierda y no quiere moverse al centro), sino porque con toda la fuerza transformadora que inspiran sus propuestas y sus gestos de no dejarse envolver por los cantos de sirena del sistema, le está faltando el empuje ganador que antes tenía. En todo caso está permitiendo que en el espacio de los sectores que apuntan al cambio no exista liderazgo y determinación.

Estoy pensando que este interregno va a durar todavía algunas semanas. Después de eso veremos la verdadera campaña, en la que los votantes escogerán alternativas y no sólo personas.

22.11.10
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miércoles, noviembre 17, 2010

El CADE y los candidatos

Sin haber escuchado a los candidatos, los asistentes al CADE ya tenían una opinión formada: su preferido era PPK, que no es sólo el exponente más claro del modelo económico de los últimos 20 años, sino la encarnación de su espíritu, que se resume en pasar de los directorios privados a los gabinetes públicos y de ahí nuevamente a la gran empresa, y no tener escrúpulos para armar normas y producir decisiones favoreciendo intereses particulares específicos con los que estaba asociado antes y después de pasar por el poder. PPK no necesitó hablar en Urubamba para ganar la mayor parte de las adhesiones.

Según Ipsos-Apoyo, que tomó la encuesta, el segundo lugar de los amores empresariales fue para Mercedes Araoz, que tampoco fue programada para intervenir en las presentaciones principales, y que se desplazó todo el evento como si fuera uno de los dueños de casa. En realidad a ella la miran como una ejecutiva que asume el Estado como una empresa y con la que es fácil entenderse. Algo así como que frente a PPK, la imagen que viene a la cabeza es la de un presidente de directorio de esa gran asociación público-privada en que se ha convertido el país, mientras que Mechita bien podría resultar una gerente aceptable, con el plus de que trae en el bolso al APRA que es el partido principal del sistema.

Pero ni Pedro Pablo ni Meche van a ganar las elecciones. Los empresarios ya saben que sus gustos no son los de la sociedad peruana. Por eso andan especulando entre Toledo, Castañeda y Keiko, y por lo que se ha podido ver el cholo ha tomado clara ventaja al presentarse como el “mejor candidato para poder ganar”. Cara a cara, con el mudo Castañeda, la gente del CADE ha sentido una evidencia de que no es una carta trinfadora. Si no ha podido convencer a los de su clase, cómo lo hará con los pueblos del interior a los que no va ser suficiente mostrarles diapositivas sobre carreteras y puentes, mucho menos si cuando alguna pregunta lo pone en problemas patea la mesa y sale corriendo. En Keiko, la empresa privada reconoce lo que le debe al gobierno de su padre, en términos de orden y de reducción de los derechos laborales, pero tampoco les resulta creíble como presidenta.

En cambio el chakano trae como ventajas que “ya fue”, o sea que puede volver a ser; es mimético, es decir puede hablar para todos los sectores sociales, contradecirse y prometer lo que no va a cumplir, sin ningún problema de conciencia; y tiene ya una bolsa armada que le permite lanzarse desde arriba. Toledo es el candidato que ofrece seguir el plan Carranza, elaborado por encargo de los organizadores del CADE, cuyo eje es que no debemos movernos de lo que estamos haciendo, y el que pide escuchar a Porter que señala que si no nos movemos todo se vendrá abajo. Es decir, como Alan García el 2006, es el juego al centro para que gane la derecha, que es como se triunfa en las elecciones.

A Ollanta lo aprueba el 3% de los asistentes al CADE. No por lo que dijo, que fue lo más sólido en cuanto a presentación de propuestas, o como se desenvolvió ante las preguntas de un panel insidioso, sino porque encarna una voz distinta, la de los descontentos con el actual sistema económico y político, y que el poder financiero-extractivo, actualmente dominante, y otros sectores empresariales que le siguen en el juego, no quieren escuchar. En Urubamba se vieron cara a cara con su peor fantasma. ¿Y habría que preguntarse si después de escucharlo alguno cambio de opinión?

17.11.10
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domingo, noviembre 14, 2010

A diez años de la fuga de Alberto Fujimori

La historia explica que ha habido dos presidentes prófugos. El primero Mariano Ignacio Prado, que desapareció del país en plena guerra con Chile y fue acusado de haber tomado parte del dinero que la población limeña recaudó para la compra de armas. El segundo, Alberto Fujimori, que voló al Asia cuando vio que los oscuros secretos de su gobierno empezaban a salir a la luz y que había perdido los resortes del poder con los que manejó al país con mano de hierro durante diez años, y sólo regresó siete años después para terminar procesado por delitos de corrupción y contra los derechos humanos. Esta nota trata sobre este segundo episodio.

El 13 de noviembre del 2000, Alberto Fujimori, presidente del Perú que formalmente encabezaba una “transición” de 10 meses para entregar el poder en julio del siguiente año y resolver la crisis generada por la resistencia de un amplio sector del país a los resultados de la segunda reelección y agravada por la visualización del vídeo Kouri-Montesinos (septiembre del 2000) y la serie de acontecimientos que siguieron al anuncio del recorte del mandato gubernamental por un año, tomó un avión de itinerario, como si de pronto se hubiera convertido en un ciudadano común y corriente, con destino a Brunei, en los Emiratos Árabes, para participar en la cita anual de la APEC (Asociación del Pacífico para la Economía y el Comercio).

Para iniciar este viaje, Fujimori obligó a todo su equipo de seguridad y a los carros oficiales a salir muy temprano de Palacio con dirección a la carretera central, engañando a la prensa que imaginó que el presidente iba con ellos. En esos días Fujimori había venido cumpliendo una rutina que el país veía cada vez con mayor desconfianza y que consistía en realiza movimientos aparatosos supuestamente en busca de su ex asesor que se encontraba prófugo (en realidad ya había fugado del país en un yate algunas semanas antes), y los medios, todos ellos fujimoristas, se prestaban a la farsa. El 13 de noviembre mientras iban en dirección a Chaclacayo, el “chino” volvía a hacer gala de su astucia y se dirigía raudo al aeropuerto para su último vuelo como presidente de la nación.

En el avión que iba con ruta a Los Ángeles en Estados Unidos, se habían colocado decenas de maletas y bultos a nombre de Fujimori. Pero en el intercambio para el Asia el equipaje tomó el camino hacia Tokio, mientras el personaje se dirigía a su última misión oficial. En Lima, Olivera denunció que el periplo iniciado por el presidente tenía todas las trazas de una fuga: no había sido consultado con el Congreso, no se había hecho acompañar por el canciller y otros funcionarios que suelen asistir a estas reuniones y había salido engañando a la prensa y sorprendiendo a la opinión publica. Esa misma tarde se tenía que votar un pedido de censura de la Mesa Directiva del Congreso, que presidía Martha Hildebrandt, con su estilo groseramente autoritario, y que veía del día 8 de noviembre cuando la dama de hierro frustró un intento de formar una comisión independiente para investigar las cuentas de Montesinos que habían empezado a conocerse.

La censura fue aprobada, lo quería decir que el fujimorismo había perdido la mayoría parlamentaria que tan trabajosamente armó el Doc en la salita del SIN, poniendo precio a la cabeza de cada uno de los trásfugas. El 11 de octubre, 33 días antes, la oposición había fracasado en censurar a Hildebrandt, tras haberse presentado las primeras renuncias a la bancada oficialista. Una manera, por tanto, de entender el viaje del “chino”, es que ya no podía controlar los votos de la Plaza Bolívar. No olvidar que en 1992, Fujimori organizó un golpe de Estado acusando a un congreso que le había sido más bien colaboracionista y que le cedió numerosas facultades para legislar directamente en los temas de la época: crisis económica y terrorismo, de obstaculizarlo e impedir la reconstrucción del país. Y que entre 1993-2000, gobernó con una mayoría total a la que manejaba desde Palacio. El régimen de los 90, por su naturaleza antipartido (culpaba de todos los males al sistema de organizaciones políticas), era también antiparlamentario, y sólo admitía ser complementado por un Congreso genuflexo.

Pero el “chino” no sólo había quedado colocado frente a un Congreso que ya no respondía a sus directivas. Había otros aspectos de la maquinaria de poder que funcionó en los años de apogeo dictatorial y que se habían escapado de las manos. El más importante de todos, la seguridad de tener el control absoluto de las Fuerzas Armadas a través de una cúpula corrupta y de los organismos de inteligencia y contrainteligencia que vigilaban a los uniformados. La inevitable ruptura con Montesinos, se produce exactamente en el punto en el que el asesor había logrado copar el Ejército con personal de su confianza, lo que incluía a familiares, amigos, miembros de su promoción y oficiales que le debían favores o le tenían miedo, y hacerse de un importante control en la Aviación y la Marina. Fujimori ya no sabía en quién apoyarse. Por eso el 28 de octubre, cambia a los comandantes de las tres armas: Chacón reemplaza a Villanueva Ruesta en el Ejército y el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Asimismo cae el jefe de la segunda región militar (Lima) que era cuñado de Montesinos.

Pero el 29 de octubre se rebela el comandante Ollanta Humala con el destacamento de Locumba, al lado de las instalaciones de la Southern, poniendo en evidencia el descontento de la oficialidad joven ante el manipuleo institucional. Era claro que el presidente ya no podía pedir a los militares que volvieran a sacar la cara por él. Muchos años después de los hechos de Locumba, cuando Humala se había convertido en uno de los personajes de la política que suscitan mayores pasiones, ha circulado una “revisión”, de este hecho histórico que lo asocia a una supuesta coincidencia en el tiempo con la fuga de Montesinos (como si hubiera necesitado algún tipo de distracción en el sur, para salir tranquilamente como lo hizo por el Callao), y que apunta que no hubo enfrentamiento, muertos y heridos, es decir una comedia. Esa mirada es convergente con la que niega que los Cuatro Suyos hirieron de muerte al régimen, y que explican los cambios del año 2000 como una suma de la “lucha de los demócratas” (Toledo se pasó la mayor parte del segundo semestre, cuando se definían las cosas en el exterior; y la Mesa de la OEA era un terreno de conciliación vergonzosa de los partidos “democráticos”), con hechos fortuitos como el video de la coima y la fuga del japonés.

En realidad es totalmente al revés. A los “demócratas” los empujó el pueblo, como ocurrió en la célebre movilización a Palacio desde el Hotel Sheraton, cuando Toledo no se decidía y seguía bebiendo para entonarse, y los otros candidatos y líderes derrotados: Castañeda, Andrade, Vitocho, Meche Cabanillas, Olivera, Lourdes, le pedían que no saliera a la calle. Como sucedió en la resistencia al fraude; y volvió a pasar con la segunda vuelta cuando el “cholo” no se decidía si participar o boicotear; y llegó a su punto clave el 28 de julio en el centro de Lima, cuando el 99% de los líderes de la “democracia” brillaron por su ausencia y Toledo abandonó a sus huestes cuando la cosa se puso fea y no paró hasta embarcarse en un avión para refugiarse en el exterior. Entre octubre y noviembre del 2000, la nueva Mesa de la OEA, repitió el palto. Los políticos que querían volver a la dirección del poder conversaban sobre lo que los fujimoristas les pedían para dejarles el asiento. Dentro de estas discusiones no estaba el modelo económico, los derechos sociales y laborales, la reorganización de las Fuerzas Armadas, el cambio de Constitución, etc., sino solamente el nuevo reparto político y la cuestión de la impunidad.

Esta “transición” excluía la voz del pueblo y de las organizaciones sociales. También a los militares no corruptos. Era un arreglo para volver al régimen de partidos con los menores trastornos. Pero mientras se hacían los arreglos siguieron ocurriendo hecho tras hecho: aparecen las cuentas de Montesinos en Suiza por 48 millones de dólares, y el ministro de Justicia, aplastado por la evidencia dice que “esta es la gota que rebalsa el vaso”, y nombra al abogado José Ugaz como procurador especial para el caso Montesinos. La hipótesis que lanza el ministro es que estos dineros provendrían de narcotráfico y venta de armas. Fujimori dice que “nuca supo” de estas actividades de su hombre de confianza, pero que no olvidará su contribución a la lucha contra el terrorismo. El 7 de noviembre, Fujimori allana la casa de la familia Montesinos en la avenida Javier Prado, acompañado de un falso fiscal, y se lleva documentos y videos. ¿Cómo sorprenderse que todo esto desembocase en una fuga al exterior?

Si Fujimori retuvo el poder por dos meses después de que su gobierno quedó al desnudo en su corrupción, fue para borrar huellas, arreglar lo que pudiera arreglarse y convencerse que sus supuestos enemigos “democráticos” no iban a ir más lejos que hasta un reacomodo del poder y que si se iba a tiempo, el fujimorismo podría volver a existir, esta vez sentado como parte de los llamados “demócratas”. No se equivocó. Los equivocados fuimos los peruanos que dimos por cerrada una era y que asistimos luego a la trampa de una transición que se las ingenió para mantener lo anterior. Las elecciones del 2011, sin García ni Lourdes de candidatos, van a ponernos frente a frente a algunos de los principales actores de esa etapa crucial e inconclusa de nuestra historia: Fujimori (representado por su hija Keiko); Toledo (que como el 2001, ya no le interesa reivindicar su lucha por la democracia y enfatiza más bien su condición de “economista”); Castañeda, que fue colaborador de Fujimori, luego rival electoral y ahora cabeza de las derechas); y Humala, que viene de celebrar la gesta de Locumba.

Si bien los problemas del Perú son hoy diferentes a los de hace diez años, hay un elemento que no ha cambiado y que es lo que significa cada uno de estos liderazgos.

14.11.10

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El papel de Toledo

Cuenta, el cholo nacido en Cabana, que un día en que cuidaba ovejas en los cerros y quebradas de Corongo, tuvo una iluminación y supo que iba a ser presidente. Claro que esta historia es parecida a otras de Toledo: que su madre murió en el terremoto de Huaraz en 1970, pero la señora Manrique murió de una peste, años después, como consta en su tumba en la capital de Ancash; o que Alejandro era lustrabotas en Chimbote que jugaba pelota en las calles, cuando lo recogió el Cuerpo de Paz y lo llevó a Estados Unidos, pero según se sabe ahora nunca lustró botas, por lo menos cuando era niño, y no fue tan pobre como ha querido hacernos creer; o como que era profesor en Harvard, cuando en esa Universidad no lo conocen.

La vida de Toledo es efectivamente una excepción o error estadístico, como la describió en algún momento, porque es verdad que normalmente las personas que nacen en los pueblos perdidos de la sierra, en las extendidas familias con muchos hijos, tíos y primos, no llegan a convertirse en profesionales con títulos en el extranjero, funcionarios de altos cargos del Estado y de entidades financieras, líderes antidictatoriales y presidentes de la república, incluso con ganas de repetir el plato. Pero a toda esa anormalidad sorprendente que ha acompañado la trayectoria del personaje, se agrega el aderezo místico y un gusto por la leyenda. En los hechos decisivos del año 2000 se aprecia esta ambivalencia del papel de Toledo, que hoy muchos han perdido en la memoria, incluida la actual propaganda electoral toledista que se remite únicamente a subrayar supuestas bondades de su primer período de gobierno, especialmente en el aspecto económico que es como resaltar las continuidades con Fujimori y García, y el rol de Kuczynski.

A comienzos del año 2000, Alejandro Toledo formaba parte de un paquete de candidatos no fujimoristas, cuya mayor aspiración en las condiciones de la elección era lograr el mejor resultado entre sus pares y colocar algunos congresistas. En 1995, hablando con acento de gringo (la voz engolada la inventó años después), Toledo fue candidato presidencial y tuvo un momento de alza en las encuestas por encima del 10%, y luego cayó hasta el fondo. Logró meter dos congresistas que se pasaron a Fujimori a los pocos días de asumir el cargo. Cinco años después, el “opositor” con mayores posibilidades parecía Andrade, entonces alcalde de Lima, pero una campaña implacable de demolición, lo hizo derrumbarse en las encuestas, y ya no pudo sobreponerse. Como reemplazo creció brevemente la figura de Castañeda, y la maquinaria mediática del fujimorismo lo destruyó en corto tiempo.

Hasta ahí Toledo había sobrevivido en un nivel de apoyo relativamente bajo (no era peligro) y haciendo declaraciones contemporizadoras hacia el sátrapa que residía en Palacio. Una de sus ocurrencias más recordadas fue el spot publicitario en el que aparecía reconociendo que Fujimori había levantado el primer piso de la nueva casa económica para los peruanos, pero que él se encargaría de la segunda planta. Esta idea, que sería en realidad la sustancia de su gobierno, pretendía “dialogar” con el re-reeleccionista para convencerlo que desistiera de su intento, que formalmente se justificaba en el concepto de que sólo él podía garantizar la estabilidad económica y la lucha contra el terrorismo. Este Toledo sin bronca, se encontró de pronto con el vacío de cabeza opositora, creado por las campañas liquidadoras de la prensa de Fujimori (parecida a una que hemos visto en acción recientemente) y empezó un crecimiento brusco en las encuestas y en las manifestaciones que nadie se esperaba por el corto tiempo que mediaba a la primera vuelta, y que el cholo interpretó seguramente como una confirmación de su destino.

Al fujimorismo no le alcanzó el tiempo para hacerle al cholo lo que le habían hecho a Andrade y Castañeda, y el día de la votación en primera vuelta, todo el que quería votar contra la re-reelección sabía que tenía que hacerlo por Toledo. Muchos no conocían ni quién era, qué proponía o qué podía pasar si encabezaba el gobierno, pero como suele decir César Hildebrandt, en esas circunstancias habría que votar por un mono si así se le ganaba a los ladrones. El fenómeno Toledo llegó a extremos que en algunas mesas sólo habían votos por el chino y por el cholo, a pesar de que habían otros siete candidatos en las cédulas y personeros de cada uno de ellos en los centros de votación. Luego vino el asunto de las primeras encuestas a boca de urna que dieron ganador a Toledo, evidenciando que en toda la parte moderna y de mayor acceso del país hubo un voto masivo por el candidato en ascenso, pero que en otras partes todavía no había prendido la chispa y había mayor capacidad de manipulación del gobierno.

El hecho es que al final del día de la primera vuelta, con sus resultados ambiguos (Toledo ganando en la tarde y Fujimori volteando el partido en la noche), y con la movilización de protesta a la Plaza de Armas con Toledo en hombros de la gente, había nacido un líder de la lucha democrática. Era un líder legítimo, porque no eludió el momento crítico, pero era también un alucinado que no entendía el Perú que estaba acaudillando. Se imaginaba un émulo de Corazón Aquino, la candidata filipina que con apoyo de Estados Unidos, echó al viejo dictador y antiguo amigo de los yanquis, Ferdinand Marcos. El Toledo del 2000, llamaba a las masas a conquistar la democracia, pero confiaba mucho más en que sus llamados hicieran reaccionar a Fujimori y negociar un retiro honroso auspiciado por Washington. Las masas no pasaban de ser una plataforma de maniobra, y por eso tantos mensajes contradictorios: no reconocemos los resultados, cualquiera que sean, y defenderemos el voto popular que ha conquistado el derecho de ir a la segunda vuelta (¿); no participaremos en la segunda vuelta en ninguna circunstancia, no dejaré a mi pueblo y ganaremos la segunda vuelta; no ir a votar, votar blanco y viciado, votar por Perú Posible.

Todo esto se dijo en el mismo tono solemne e impostado, y como el autor no estaba realmente loco, lo único que cabe es presumir que el candidato apostaba a que el proceso fuera interrumpido por una intervención externa y lo que él hacía era remover el ambiente para forzar ese arreglo. Obviamente esta dinámica tenía que llegar en algún momento a su pico. Y eso ocurrió con la llamada marcha de los Cuatro Suyos, cuyo llamamiento incluía una movilización del pueblo para impedir la juramentación de Fujimori en el Congreso. Para los partidos y las clases medias limeñas, esta convocatoria se agotó en la marcha ante el estrado levantado en la Plaza de los Héroes Navales con casi 100 mil asistentes, que proclamó la democracia y la lucha contra la corrupción. Para algunos el haber estado en ese tabladillo equivale a “haberse fajado por la democracia”. Pero para la masa popular y los miles de provincianos que se trasladaron a Lima para este acontecimiento, la gran cita era el día 28 de julio, para movilizarse contra la reentronización del dictador.

Esa fue la gran ruptura entre la “democracia” de salón y de cubileteo, y la democracia popular. Y como no podía ser de otra manera, en la disyuntiva Toledo actuó con la misma doble faz con la que había caminado los meses anteriores. Fue el único líder que estuvo en la calle, ese fue su mérito. Pero cuando la multitud le pedía encabezar la ruta hacia el Congreso, tomó la dirección opuesta y no paró hasta el aeropuerto donde partió a un autoexilio. Ahí acabó el luchador antidictatorial, que sólo volvió al país en octubre del 2000, cuando se iniciaba la mesa de negociación de la OEA y Fujimori aparentaba perseguir a Montesinos preparando su propia fuga. Tuvo un mitin en la plaza San Martín, al que llegó sobre la media noche (había citado a las 8 pm), y no señaló ningún camino: ni con la OEA, ni sin la OEA. La asistencia era mucho menor que sus anteriores presentaciones. Había empezado a morir en el calor del pueblo.

La siguiente vez que volvería a hablar, se dirigiría a Valentín Paniagua que estaba a cargo de la presidencia después de la fuga del japonés, para decirle que no debía postergar la convocatoria a elecciones, lo que reclamaban otros sectores exigiendo que primero se limpiara al país de corrupción y se llamara a una constituyente, porque eso postergaría la solución de los problemas. En otras palabras que el Perú estaba necesitando el hombre de Cabana, el predestinado a gobernarlo. El resto de la historia lo contaremos otra vez.

14.11.10
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Porter y el CADE

Hace un año, el gurú estadounidense Michael Porter, revolvió el gallinero con sus opiniones sobre los límites del modelo peruano de crecimiento económico. El mal rato que hizo pasar a cierta elite empresarial que creea firmemente que la fórmula de Toledo: me aplauden en Wall Street, pero me critican en el Perú, debía matizarse bajo la idea: si me celebran en la meca de las finanzas, no tengo que preocuparme de cuestionamientos internos; hubiera quedado encerrado en un espacio entre economistas y hombres de empresa, si no es porque César Hildebrandt llevó el caso a una de sus columnas para mostrar que aún en el campo de las asesorías de grandes negocios, habían estudiosos de primer nivel que no creían que habíamos tomado el camino del futuro, del que nunca hay que arrepentirse.

Porter dijo lo suyo: que no se puede basar el crecimiento en exportaciones primarias y con indicadores sociales tan deplorables como los que todavía mantiene el Perú. Y por eso estalló la molestia gubernamental, empezando por el propio presidente García que de pronto descubrió que uno no debe estar haciendo caso a consultores extranjeros, y de la prensa de derecha que ha establecido los dogmas sobre lo que se debe creer en economía y que no estaba dispuesta a permitir que viniera “uno de los suyos” a decirles que esa teoría tenía que renovarse.

Sorprendentemente, el CADE Cusco, ha tenido nuevamente como invitado especial a Michael Porter, sabiendo lo que venía a decir, marcando un fuerte contraste con el discurso que en la mañana había realizado el ex ministro Carranza, que tenía la pretensión de convertirse en la plataforma de los empresarios hacia los candidatos, para la continuación de actual modelo económico. No hay forma de entender este desajuste que como una expresión de diferencias entre los empresarios peruanos de nivel de CADE, entre los cuales parece que hay los que gustan oír el discurso del optimismo y continuismo, mientras hay otros que buscan una explicación a los problemas que están empezando a enfrentar.

Esta vez, Porter ha traído un mensaje basado en tres puntos: (a) hay que cerrar un capítulo en la historia de la economía peruana y abrir otro. No se puede seguir adelante con la manera actual de generar riqueza e impulsar el crecimiento. Algunos le llaman a esto cambio de modelo y otros responden que cualquier intento en ese sentido es “traición a la patria”; (b) No se aumenta la productividad y la competitividad en forma sostenida y a largo plazo con un esquema puramente exportador, sobre todo si las exportaciones son de productos primarios, sin valor agregado. Para desatar dinámicas de crecimiento alternativo es necesario organizar la economía creando cadenas internas de producción, comercio y servicios (clusters). Las economías se consolidan y desarrollan cuando estas redes se multiplican. Esto equivale a construir mercado interno y superar el sistema de enclave que está presente en la minería y otros sectores; (c) el desarrollo no es simple crecimiento, aunque sea por muchos años, aprovechando las dotaciones de recursos naturales con las que cuenta el país. El desarrollo supone priorizar sectores y regiones, para establecer focos de progreso que empujen la economía en su conjunto.

Este resumen (al que ayudó mi amigo el economista Félix Jiménez), seguramente requiere una complementación por el lado de la demanda: cómo distribuir el ingreso para que hayan más compradores en el mercado local. Pero tal vez Porter estaba pensando en eso y no quiso decirlo todavía.

14.11.10
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El cholo sagrado vuelve otra vez

Alejandro Toledo ganó la elección en el 2001, porque tenía como oponente a Alan García, que según las encuestas era el peruano con mayor índice de rechazo (70% decían que nunca votarían por él) , y justamente para conseguir un escenario como este Toledo viajó en pleno inicio de campaña a París y se reunió con el ex presidente y le ofreció sus buenos oficios para lograr la prescripción de los juicios por corrupción que le hubieran impedido postular. Esto se consiguió en plena transición de Paniagua.

García regresó al país, limpiado judicialmente, y logró de atropellada entrar a la segunda vuelta y finalmente reunir 46% de los votos, en un resultado inesperadamente estrecho (la diferencia era de más de 10 puntos en primera vuelta), sobre todo teniendo en cuenta que ningún otro partido declaró su apoyo al postulante aprista, y que los que quedaron tercero y cuarto en la votación inicial (Unidad Nacional y FIM) eran claramente contrarios al regreso de García.

Extrañamente Toledo casi pierde con el enemigo que él mismo había elegido. Una broma de la época afirmaba que mucha gente apagaba el televisor cuando aparecía García para que no los convenza, y también cuando veían a Toledo porque si no ya no iban a votar por él. El candidato que un año antes había conmovido al Perú rebelándose a aceptar el fraude fujimorista y había convocado a los Cuatro Suyos, con una ardiente promesa de democratización y moralización, ya no era visto de la misma forma y con la misma amplitud en su siguiente postulación.

La razón estaba en el propio Toledo que cambió radicalmente de discurso. En un país que no se había democratizado y moralizado, el “luchador contra la dictadura”, se redujo al más pedestre electoralismo, haciendo promesas a diestra y siniestra, a veces contradictorias, como si la función del poder fuese exclusivamente favorecer intereses sectoriales. Muchos se dieron cuenta de la mentira y empezaron a desencantarse. Pero la decepción en masa vino en los primeros meses del nuevo gobierno.

Nadie ha caído tanto y tan rápido en la aceptación social como lo hizo el llamado “cholo de Harvard” (que tampoco era de Harvard), y lo más grave es que este estrepitoso derrumbe murieron las ilusiones que había en el cambio de régimen. Algunos analistas imputaron “racismo”, a la ola de críticas que cayeron sobre Toledo, pero si eso fuera cierto no hubieran votado dos veces por él, ni hubieran aceptado su liderazgo. En todo caso la “choledad” que Toledo ha usado siempre políticamente, lo acompañó en su ascenso: un peruano legítimo, que se ha hecho sólo, que habla inglés y es profesor en Estados Unidos, con mujer europea, etc., como en su declive.

El punto es que Toledo fue recomponiéndose en la imaginería popular como un farsante. Algunos hechos marcan esta mirada del personaje: el caso Zaraí, la negación de la relación con su madre, y el rechazo a reconocerla; el descubrimiento del asunto de las firmas falsificadas con las que Perú Posible intervino en las elecciones, ayudado por las instituciones fujimoristas; el intento por privatizar empresas que explícitamente se había comprometido a mantener como estatales; las cuatro veces en que inauguró el proyecto Camisea; la famosa frase “se firma sí o sí”, con la que empezó la negociación del TLC con los Estados Unidos. En el mejor de los casos Toledo era capaz de creerse sus propios cuentos.

Hoy mismo, cuando comienza la nueva campaña hacia el poder, Toledo imagina estar resolviendo una enorme interrogante al anunciar que sí volverá a postular a la presidencia. Como si el Perú lo hubiera acompañado en sus aparentes dudas, mientras aumentaban las pintas con su nombre en cuanto muro tuviera espacio libre en las carreteras del país, y se repetían los episodios de amor-odio con García (desayunos en Palacio, insultos callejeros) que generan inevitables titulares. Todo el mundo lo contaba en la baraja de los principales candidatos. Pero Toledo seguí a haciendo un suspenso idéntico a otras actuaciones previas. La pregunta que queda suelta es si eso que ya vivió la ciudadanía con el “cholo sagrado” hace diez años se a repetir tal cual: que la gente caiga en sus artimañas antes de decepcionarse nuevamente.

12.11.10
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miércoles, noviembre 10, 2010

Locos y loquitos

Lo que necesita Toledo es que García le diga “loquito de la calle” y que Susana le endilgue un supuesto 100% de respeto a los derechos humanos y se tome en serio su compromiso de no seguir una política neoliberal. La estrategia del candidato de la chakana está a la vista: convertirse en el opuesto del actual presidente y que alguien que todavía puede ser creíble lo evoque como un gobernante con algunos indicadores buenos.

En cuatro años y medio de gobierno de Alan García nadie le ha visto una diferencia de fondo con Alejandro Toledo. Pero uno y otro han ayudado a crear una leyenda urbana de que no se soportan, en la que el “cholo” reclama ser el que puso en marcha el crecimiento económico del que hoy se jactan los apristas, y estos últimos indican que nunca hubo cifras como las suyas y que eso no se lo deben a sus antecesores.

En realidad, unos y otros están diciendo que son parte de un mismo modelo económico, que comenzó antes que ellos, bajo Fujimori, y cuyos padres espirituales son Hurtado Miller, Boloña, Camet, seguidos luego por Kuczynski, Quijandría, Zavala, rematando en Carranza, Araoz y Benavides. Lo que ofrece Toledo el 2011 es continuidad. Y lo mismo pasa con Keiko y Castañeda, que de seguro escogerían su ministro de economía de la lista de ex titulares de ese portafolio.

¿Y qué decir de Meche Araoz, que es una especie de alumna empeñosa de los viejos lobos de la economía neoliberal, que se ha empeñado en superar lo peor de sus maestros? Por todo lo dicho, el “economista” Toledo necesita algo más que economía y nostalgias sobre el pan francés de 10 centavos. De ahí el juego reiterado de lanzarle a García y su gobierno sus típicos desafíos grandilocuentes que derivan en respuestas de Mulder, Velásquez y otros voceros duros del régimen siempre aludiendo a las copas que el ex presidente habría bebido antes de hablar.

El premio mayor es, sin embargo, cuando García mete la bocota para evidenciar su desprecio por Toledo que seguramente le parece muy poca cosa para el cargo que ya casi considera propio. Es sorprendente que alguien que sabe que el otro está buscando una distancia con el APRA y su gobierno, para venderse como una alternativa de cambio, sea tratado con una rudeza ofensiva propia de gamonales. La frase: puedo presentar mis cuentas ante un juez, pero no porque me lo pide cualquier loquito de la calle, sólo puede explicarse como propia de un verdadero locazo (el mismo que cachetea personas por la calles), o como un encargo del propio Toledo.

Ahora el cholo de las firmas falsificadas, del segundo piso de la casa de Fujimori, del caso Bavaria, del arequipazo, de los estudiantes baleados en Puno, del contrato de Camisea modificado para la exportación del gas, de la ley Odebrecht para la Interoceánica (por la que lo denunciaron los actuales dirigentes de Fuerza Social, incluida Villarán), está en las primeras planas de todos los medios escritos. Mientras usa su verbo engolado para negar que sea candidato, ni siquiera precandidato, las pintas verde y amarillo con la T y la chakana, están compitiendo con la K de Keiko Fujimori, y el ex presidente se prepara para estar en el CADE para presentar su programa de gobierno.

Lo que quiere decir que si no funcionan los candidatos explícitos de García, también se puede buscar cualquier loquito de calle que mantenga el modelo y no persiga a los corruptos, como no se hizo entre 2001-2006.

10.11.10
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lunes, noviembre 08, 2010

Entre la división y la falta de voluntad de poder

La noche en que se dividió la Alianza Revolucionaria de la Izquierda (ARI), dos días antes del cierre de las inscripciones electorales del año 1980, la joven izquierda de los 70 envejeció violentamente. Dos años antes, cuatro partidos o frentes de la izquierda habían intervenido en las elecciones para una Asamblea Constituyente y habían sumado en conjunto un sorprendente 29.5%, sólo por debajo del APRA que logró 35.4%, superando al PPC que alcanzó 23.8%.

Partido/frente Porcentaje

Frente Obrero Campesino Estudiantil Popular (FOCEP) 12.4%
Partido Socialista Revolucionario (PSR) 6.6%
Partido Comunista Peruano (PCP) 5.9%
Unidad Democrática Popular (UDP) 4.6%
TOTAL 29.5%

El ARI integraba a la UDP de Javier Diez Canseco y la izquierda castrista (VR, PCR, MIR y otros), a los trotskistas de Hugo Blanco (que fueron el núcleo principal del FOCEP) y a Patria Roja que no habían intervenido en la Asamblea Constituyente y que tenía fuerte influencia en el magisterio y el movimiento estudiantil El PCP, el PSR y el FOCEP, que como logo se había quedado en propiedad de Genaro Ledesma, formaban la Unidad Izquierda UI, que no debe ser confundida con la posterior Izquierda Unida IU. El ARI estaba evidentemente colocado a la izquierda de la izquierda de su tiempo, y era en esas circunstancias, claramente mayoría frente a sus primos hermanos de la UI. Se calculaba que su influencia podía alcanzar entre 20 y 30% de la votación, mientras que el bloque moderado se movía sobre el 5 y 10%.

El crecimiento de la izquierda era una expresión de la radicalidad de los años 70; del impacto de las reformas del gobierno militar, que al final quedaron defendidas exclusivamente por la izquierda (tanto la que fue velasquista, como la antivelasquista); y de las grandes movilizaciones contra Morales Bermúdez. Con un tercio de la votación la izquierda estaba en condiciones de disputar mucho más que un paquete de curules parlamentarias.

Pero sus componentes desconfiaban más entre ellos mismos que del enemigo. Esto se debía a múltiples razones: relaciones con corrientes internacionales, estrategias y programas, experiencia política reciente, y control de diversos gremios. De ahí que de arranque aparecieron en dos bloques contrapuestos; que algunos consideraban casi inexorables, pero que luego mostraron su verdadera cara, cuando en cada lado estallaron tensiones, porque no se aceptaban a los candidatos presidenciales (Hugo Blanco en ARI, y Leónidas Rodríguez en UI), no se estaba conforme con el reparto de puestos parlamentarios, o a nadie le gustaba la cara de su aliado. Al final el sueño unitario se hundió en cinco (¡) listas izquierdista, tres que salieron de ARI y dos de IU.

El balance electoral de este fraccionamiento fue desastroso. La izquierda tomada como totalidad descendió a menos de la mitad de lo que era en la Constituyente. Y la historia de ARI quedó como un modelo de suicidio colectivo, perjudicando más que a nadie a los grupos radicales, y en particular a los trotskistas que perdieron significación electoral.

Partido/frente Porcentaje

Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) 4%
Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR) 3%
Unidad de Izquierda (UI) 3%
Unidad Democrática Popular (UDP) 2%
Frente Obrero Campesino Estudiantil Popular (FOCEP) 1%
TOTAL 13%

La explicación de este desastre siempre se ha remitido al electoralismo, la ambición parlamentaria y la inmadurez y sectarismo de los dirigentes. Todo eso hubo. Pero lo que no se dice es que además hubo inconsciencia de la responsabilidad que representaba la alta votación constituyente, y la línea que toda la izquierda siguió frente al evidente contubernio APRA_PPC, con la dictadura de Morales, en esos años finales de los 70. La izquierda estaba bajo el ojo del país, obligada demostrar que podía ser alternativa. Pero fracasó de la manera más decepcionante, mientras los partidos del sistema traicionaban su democracia y la cuota del poder que les habían conferido, la izquierda se traicionaba sí misma, mostrando que no era capaz de hacerse cargo del gobierno. No por casualidad, el ganador de ese año fue el partido que se abstuvo de ir a la Constituyente de Morales Bermúdez. Con esa jugada, Belaúnde no se desgastó y se favoreció olímpicamente con la pulverización izquierdista, que le corrió un montón de voto a su favor por aquello del miedo al APRA que se venía con todo con la candidatura de Villanueva, que fracasó.

El mismo año de la primera división (1980), se produce sin embargo el milagro unitario. Una parte de los partidos que antes no se tragaban, formaron casi como si fuera obvio, un frente unido de las izquierdas. Estaban alrededor de la mesa la UDP de Diez Canseco (posteriormente PUM); el UNIR de Breña y Moreno (formado sobre la base de Patria Roja); el PCP de Jorge del Prado; el PSR de Leónidas Rodríguez; el FOCEP de Ledesma y Acción Popular Socialista (APS) de Gustavo Mohme. Nadie discutió tampoco la presidencia de Alfonso Barrantes, que había tenido la habilidad política de ponerse al margen de la crisis del ARI y no ser candidato a nada en la diáspora final, y menos hubo oposición a su candidatura como alcalde de Lima. El “tío frejolito”, como le llamaban de cariño llegó segundo en la votación de Lima, y la izquierda ganó plazas significativas como Arequipa, Puno, Cusco. En la suma nacional de votos, la izquierda ascendió a 23.4%, sólo detrás de Acción Popular, que era el ganador reciente de las presidenciales, y por delante del APRA y el PPC. En las siguientes municipales, en 1983, la IU alcanzó el 28.9% de los votos (muy cerca de la marca de la Constituyente), y sólo fue superado por el APRA que obtuvo 33.1%, pero no ganó Lima. El nuevo alcalde metropolitano era el “tío frejolito”, que había marcado un hito histórico.

Era evidente que la izquierda estaba caminando a disputar gobierno. Y también muy claro que su próximo rival sería el APRA que iba en ascenso y contaba con la figura ascendente del joven Alan García, que apuntaba como una carta de renovación y que tenía la extraña habilidad de confundir a la izquierda como si fuera una opción progresista, y a la derecha, como si fuera el representante del APRA reciclada. La votación del año 85, tenía como favorito indiscutible a García, que consiguió 53.1% en primera vuelta, pero que por una maniobra belaúndista en el congreso le hicieron una nueva cuenta de votos, incluyendo los blancos y nulos (lo que no se hace normalmente) bajándole el porcentaje hasta 45.7%, lo que conducía a una segunda vuelta. Alfonso Barrantes había conseguido 24.7% de los votos válidos y alrededor de 20% de la nueva suma. Esto significaba que la trampa derechista lo había terminado favoreciendo y que entraba a la segunda vuelta. Era una determinación crucial. Ciertamente que la IU no iba a ganarle al entonces “mozallón”, que venía como una tromba; pero intervenir o no en la vuelta definitiva, significaba separar o confundir los campos, tomar el camino de la disputa, o ceder al de las buenas formas. Lo que ocurrió es que el jefe de la izquierda y candidato decidió motu proprio retirarse y dejarle la cancha libre a García, que por supuesto nunca se lo agradeció y le robó la reelección municipal al año siguiente.

Las siguientes presidenciales eran en el año 1990, y bastante antes de ella estaba claro que la izquierda sería aún más que el 85, una de las opciones de gobierno. La derecha que había desaparecido del mapa tras el desastre del régimen de Belaúnde, recién reaparece en escena en 1987, con motivo del intento fallido de estatización de la banca, que engendró la candidatura de Mario Vargas Llosa y al Movimiento Libertad, que parecía el partido de los liberales peruanos. El APRA, por su lado, hizo lo que ha sido reconocido ampliamente como “el peor gobierno de la historia” y estaba muerto como competencia en las elecciones. Finalmente, estaba la IU, que nunca había gobernado al país y que tenía los más fuertes vínculos con la población más afectada por la crisis y las medidas de ajuste que atacaban sus condiciones de vida. En muchas provincias y distritos las autoridades eran de izquierda, y en las primeras elecciones regionales entre 1989 y 1990, la izquierda ganó un número importante de presidencias o integró alianzas que dirigían el gobierno. Por eso Vargas Llosa, se veía no sólo como enterrador del APRA y Alan García, sino como la barrera para detener la posibilidad de un Perú izquierdista. Pero el destino de la izquierda estaba escrito y no llegaría unida a la cita de 1990, lo que aseguraba que perdería las elecciones.

En enero de 1989, y luego de un largo proceso preparatorio la IU realizó en Lima, para más señas en el antiguo Centro Vacacional Huampaní (hoy Colegio Mayor Presidencia de la República), un grandioso Congreso con más de cuatro mil delegados, probablemente el más grande y representativo que ningún sector político ha hecho en el país. Implicaba el triunfó de la democracia, de los delegados elegidos en distritos que llegaban con mandatos de las bases, pero también de la disputa entre las distintas tendencias para demostrar fuerza y pesar en las decisiones. El Congreso podía entenderse como que se preparan para participar con una demostración de gran fuerza en todo el país; o como un proceso interno, en el que los partidos armaban bloques para derrotar unos a los otros. El fantasma de 1980, estaba desde un principio: un sector era tachado de “reformista” y estos contestaban acusando a los otros de “militaristas”. Peor aún, unos decían que iban a tomar el control de la IU, barriendo a los reformistas, y otros que iban a proclamar la candidatura de Barrantes sin lastres radicales ni militaristas. O sea anticipaban su propia destrucción y eliminación como alternativa ganadora.

Como había ocurrido antes, el tema del candidato se convertía para los que estaban en torno al de mayores posibilidades, en la certeza de que podía deshacerse de sus aliados indeseables sin que pasara nada. Es lo que pensaban los trotskistas que se consideraban dueños de Blanco en 1980 (aunque el propio Hugo dudara de ese juego), y lo que volvían a creer los grupos “no partidarizados” y otros que cercaron a Barrantes y le hicieron creer que no necesitaba del resto de Izquierda Unida. En el medio estaban además las enormes presiones mediáticas, que acicateaban la división y retaban constantemente a la izquierda a “demostrar” que estaba rompiendo no sólo con el terrorismo, sino con los que supuestamente habían conciliado de una forma u otra con las variantes de la “lucha armada”. Irónicamente el Congreso llegó a su punto culminante cuando se puso al voto una fórmula que admitía “diversas formas de lucha”, aunque otorgaba primera importancia a la participación electoral, versus otra que planteaba que sólo se usarían formas de acción política democráticas.

Parecía el gran deslinde. Y se votó, mediante el procedimiento de un delegado un voto, en cabina secreta y con comité electoral y personeros de ambas posiciones. El resultado fue una votación muy estrecha, con una diferencia de menos de cien votos, con todo lo que se llamaba “centro”, encabezado por el PCP, el sector cristiano de Henry Pease y otros, votando junto con los llamados “reformistas”, que lograron una precaria mayoría; y al otro lado los “radicales” (PUM; UNIR, FOCEP), que perdieron, pero que celebraban haber demostrado su fuerza. Proclamado el resultado, el sector barrantista se retiró, confirmando que ya no quería permanecer en IU aún si se aprobaban sus posiciones. En la mellada IU quedaron los del “centro” y los “radicales”, que mantenían el nombre, el símbolo de la bandera y la historia, pero carecían del candidato ganador que estaba con los rupturistas que pasaron a llamarse “Acuerdo Socialista”, con el símbolo del frijol.

Pero quiénes esperaban ver en el terreno dos izquierdas y dos programas, sólo encontraron dos candidatos uno por IU (Pease) y uno por AS (Barrantes), que antes habían trabajado juntos y que tenían discursos y propuestas similares, y que además eran conscientes que ventilar sus supuestas diferencias sólo podía perjudicarlos, así que las guardaron en un baúl e intentaron hacer frente al adversario principal, con el hándicap que habían entregado de inicio y que les impedía ser una carta de triunfo.

El resultado de primera vuelta de 1990, reflejó el final ignominioso de la IU, en el que por un lado estaba la sigla y el símbolo de la bandera, y por el otro el candidato histórico representado en un frejol. Veamos:

Partido//frente Porcentaje Posición

Izquierda Unida (Pease) 8.2% 4to
Acuerdo Socialista (Barrantes) 4.8% 5to
TOTAL 13.0%

La izquierda volvió al fatídico 13% que había conseguido cuando se fragmentó en cinco pedazos. Para el ciudadano común y corriente, era una izquierda suicida, que inventaba la manera de salirse del juego y quedar reducida a minorías parlamentarias, más o menos belicosas, pero lejana, muy lejana, de una posibilidad de gobierno. Sólo a manera de comparación habría que contrastar esta actitud con las de Fujimori (1990), Toledo (2000), Humala (2006), que viniendo de mucho más abajo, que la izquierda del 80 y el 90, convencieron al pueblo que querían triunfar y gobernar el país y recibieron apoyo para enfrentar desafíos tan grandes como Vargas Llosa (90) Fujimori (2000) y Lourdes Flores-Alan García (2006).

Precisamente en el 2006, Ollanta toma en sus manos varias de las principales banderas de la izquierda y logra con ellas el 30.6% en primera vuelta y el 47.4% en la segunda; pero los partidos que desde el 2001, hablaban de “reconstruir el espacio de la izquierda” y hacían fintas para darle un significado a estas palabras, nunca se imaginaron que esto podía ser posible, ni hicieron una consideración estratégica sobre lo que significaba este rebrote nacionalista que no tenía nada que ver con lo que pasó en los 80 y 90, pero sí antes de eso. En la primera mitad de los 2000la izquierda en sus variantes inventó una escalerita: reunir firmas, inscribirse, negociar alianzas, tratar de sobrevivir a la valla del 4% y obtener representaciones, y preparase para la siguiente elección. Nadie creía que el 2006 se diputaría la posibilidad de que los partidos tradicionales del sistema pudieran perder el gobierno. En consecuencia los debates no iban más allá de aquello de que unidad sí, pero no cualquier unidad, o si hay unidades que suman y otras que restan, etc. El día de la elección había tres izquierdas, fuera del nacionalismo, queriendo ganarse un lugar en la democracia institucional: Concertación Descentralista de Susana Villarán y Yehude Simon; Partido Socialista de Javier Diez Canseco; y Frente Amplio de Alberto Moreno y Mario Huamán.

Estos fueron los números de la izquierda histórica en las elecciones de primera vuelta del 2006:

Partido/frente Porcentaje Puesto

Concertación Descentralista (Villarán) 0.6% 7mo.
Partido Socialista (Diez Canseco) 0.5% 9no.
Frente Amplio (Moreno) 0.3% 12vo.
TOTAL 1.4%

Nada que comentar por supuesto.

Las conclusiones están a la vista:

(1)la izquierda no ha peleado las elecciones generales con voluntad de ganar y ser gobierno, ni en el 80, 85, 90 y 2006, tal vez porque no se crea a ella misma gobernando el país;

(2)el tema de la unidad de la izquierda suele encubrir el de esta falta de voluntad de poder: la IU tuvo apoyo porque era un proyecto de gobierno, ninguna otra de las creaciones de la izquierda ha podido transmitir esa idea a la gente;

(3)la izquierda dividida se anula mutuamente, o como ocurrió en el 2006, es sustituido por una fuerza nueva como el nacionalismo;

(4)la inscripción, muchas veces esforzada y meritoria, alcanzada por partidos o bloques de izquierda, no garantiza nada, salvo un cierto poder en los momentos de negociación, pero puede ocurrir como en el 80 o el 2006, que un montón de partidos inscritos aseguren una división más minuciosa;

(5)la izquierda ha argüido “modernidad” y “radicalidad” para dividirse, pero lo ha hecho en un escenario crecientemente copado por la derecha que la excluye a las dos, lo que sugiere que los deslindes dentro de la izquierda son prematuros y que hay todavía una tarea de abrir la democracia peruana e introducir el tema social y nacional, antes de competir entre izquierdistas;

(6)la izquierda del candidato, es decir la que tiene un mejor cartel que las otras, ha mostrado recurrentemente que sólo lleva al desastre de todos y a la caducidad del candidato con posibilidades, porque los votantes ven ante todo el debilitamiento general del izquierdismo;

(7)la izquierda no ha demostrado, hasta ahora saber capitalizar una victoria parcial para subir el siguiente escalón. Se vio con la Constituyente de 1978, con la victoria municipal de 1983 y se está viendo en estos momentos con el resultado municipal regional del 2010.


05.11.10
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