martes, agosto 27, 2013

Estados Unidos prepara otra invasión en Medio Oriente

George W. Bush hizo concluyó después del 11 de septiembre que había que acabar con los países malvados que tienen armas de destrucción masiva, para que no siguieran amenazando la paz y las seguridad de los Estados Unidos. Poco valió que le dijeran que el ataque con aviones secuestrados y pilotos suicidas no reflejaba la existencia de armas sofisticadas, ni había evidencia alguna que culpara algún gobierno.

Como se sabe el mismo año del atentado, los Estados Unidos invadieron Afganistán de donde no salen hasta ahora y dos años después entraron en Irak y prácticamente desarticularon ese país y lo sumieron en una violencia permanente. Para ocupar un país arguyeron que en él se escondía Bin Laden lo que les dio justificación para destituir un gobierno y bombardear poblaciones civiles,  aunque nunca encontraron al que buscaban que se había refugiado en Pakistán donde finalmente fue muerto.

El segundo objetivo fue decidido en función a un argumento distinto: Irak tenía de acuerdo a informes secretos depósitos de armas de destrucción masiva que ponían en peligro a Occidente. Muchos otros informes desmentían que eso fuera cierto, lo cual además era casi obvio en un país que diez años antes había sufrido el embate de una durísima guerra aérea y que estaba cercado para el ingreso de los productos más elementales para la vida y la salud, pudiera contar con capacidad para producir armamento de alta tecnología y medios para movilizarlos.

Se sabe que las armas de destrucción masiva no existían, pero la que fue destruida fue una nación con una rica historia y una población que no había tenido nada que ver con lo que había pasado en Nueva York y Washington. Pero Estados Unidos no ha reconocido hasta ahora que mintió y que cometió crímenes inaceptables contra gente inocente. Por algo son un imperio y los imperios no se autocritican. Como no lo hacen de su intervención en la crisis egipcia que ha transformado la primavera árabe en una violenta tragedia, o su apoyo a la rebelión en Libia que ha sumido ese país en un caos.

Hace poco se oyó decir al presidente Obama, cuya superioridad intelectual sobre Bush nadie discute (en realidad cualquiera podría tener mayor coeficiente que el texano), que la línea roja que decidiría si los Estados Unidos ingresan a participar de la guerra civil Siria, estaría marcada por el uso de armas químicas. ¿Y qué creen que sucedió? Los medios mundiales nos sorprendieron hace unos días con  la noticia de que el gobierno sirio había lanzado un ataque químico, como para que lo invadan. Casi de inmediato han aparecido cuestionamientos a la validez de las imágenes mostradas y a los testimonios presentados. Pero en la Casa Blanca hay una convicción absoluta: se pasó la línea roja, o sea que corresponde invadir. Como en todos los casos anteriores.   

27.08.13

lunes, agosto 26, 2013

Nueva sanción al robagua

Hace un buen tiempo que me hice eco de la denuncia que agricultores del valle de Huaura me hicieron llegar sobre lo difícil que era lidiar con un poderoso propietario de tierras (cuenta con más de mil hectáreas de tierras altamente productivas: 602 por procesos de compra y 471 que se apropió del Estado arguyendo abandono y prescripción adquisitiva, sin tener el derecho acreditado), que está amarrado con la Junta de Regantes cuyos miembros se han eternizado en el cargo (ya llevan 13 años) y que para remate se asoció con el fujimorismo para llegar al Congreso.

A este personaje lo llamamos el robagua y su característica más llamativa es que puede irrigar sus sembríos y pastizales con una autorización de agua para 71.82 Has, para ser usada exclusivamente en uno de sus fundos, trabaja 1,073 Has, en cuatro fundos, y puede hacer retroceder a funcionarios de la Autoridad del Agua que tratan de imponer el orden en medio de la arbitrariedad y el desorden impuestos por la sociedad entre el congresista y la Junta de Regantes. Así, a comienzos del 2012, la Agropecuaria San Ramón del congresista fujimorista Elard Melgar fue multada con 30 UIT por dos faltas: usar más agua de la autorizada para irrigar 477 Has; y hacerlo en por lo menos otros dos fundos al señalado en la resolución de autorización.

En apelación, los directivos  de la Autoridad Nacional emitieron una segunda resolución en noviembre del 2012, declarando que las hectáreas servidas por agua sin autorización eran menos que lo señalado anteriormente y no había desviación hacia otros fundos. La multa bajó a 4.99 UIT, pero fue igualmente apelada. Fue así, que en las últimas semanas en medio de rumores sobre el nuevo jefe del ANA, se filtró la información de que efectivamente habría una tercera resolución exculpatoria que dejaría a Melgar libre de polvo y paja y en condiciones de “regularizar” su real uso de agua de riego.

Sin embargo con fecha 14 de agosto, es decir hace muy pocos días, acaba de aparecer la Resolución Directoral Nº 289-2013-ANA-AAA-Cañete-Fortaleza, que vuelve a sancionar a Melgar Valdés indicando sin dejar lugar a duda que “ha quedado acreditado en el presente procedimiento que la imputada Agropecuaria San Ramón SAC ha desviado aguas provenientes de los pozos tubulares Nº 01 y Nº 02 están irrigando un predio distinto al que fueron destinadas”.   En otras palabras que la primera resolución de la Autoridad Local estaba en lo cierto y que las denuncias sobre uso indebido del agua que debe servir a todos los productores y abuso de la condición de congresista que llegó hasta la comisión de ética, eran totalmente verdad.

Sólo que los miembros de la comisión decidieron lavarse las manos sobre el problema a pesar de estar conscientes de que había un problema con la situación del congresista empresario agropecuario, funciones que son constitucionalmente incompatibles, pero que existen. Es la verdad.  

26.08.13

domingo, agosto 25, 2013

La guerra de las palabras

Alguien me reprocha que use el término “guerra interna”. Fue “terrorismo” me dice. Y que negar que haya sido así significa desorientar a las nuevas generaciones sobre el “actuar genocida” de las organizaciones que se alzaron en armas en las décadas de los 80 y 90. Todo esto a propósito de mi comentario sobre los diez años del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), a la que también le han enrostrado el empleo de expresiones como “partido político”, “conflicto interno” y otras que supuestamente velarían la verdad del “terrorismo”.

El terrorismo en su definición más simple es el ejercicio sistemático de elementos de violencia para infundir terror, es decir para mantener al enemigo bajo el miedo y presionar a la sociedad civil bajo una permanente inseguridad. Que de eso hubo en abundancia desde que Sendero Luminoso inició su acción armada, nadie podría discutirlo, pero eso no significa que ese terrorismo subversivo y otras formas de lucha de las que se valieron en esos años, no formaran parte de una guerra brutal que sacudió al país.

Si Sendero solamente hubiera sido un pone bombas, con el sólo propósito de mantenernos aterrados (terrorismo por el terrorismo), no se explicarían un montón de cosas como el dominio de territorios, la construcción incipiente de elementos de Estado, su obsesión por los medios de propaganda, etc. Que en todo, los senderistas actuaran en forma sectaria y bárbaramente autoritaria, no cambia que lo que trataban era de conquistar masas y territorio para enfrentar al Estado. Y, por eso, la respuesta del poder fue también sumamente violenta y muchas veces incluyó acciones que buscaban aterrorizar a la población para que no apoye a los “terrucos”, que representaron graves violaciones de derechos humanos 

Es verdad que la palabra “terrorismo” está introducida en el lenguaje actual para describir múltiples fenómenos de violencia y también para enfrentar el debate ideológico. Por ejemplo Wiener es un pro-terrorista porque habla de “guerra interna” y no de terrorismo; la CVR quiso presentar a Sendero como partido político cuando se trataba de terroristas. Así, a lo que se está apelando es a la carga emocional de la palabra y a su valor propagandístico, colocándolas como barreras a la discusión racional, y bloqueando toda reflexión sobre las causas de la violencia y la naturaleza de los actores.

El PCP-SL, siempre fue un partido político, con un estructura, una dirección, una ideología y una estrategia, que nos pueden parecer totalmente repudiables, pero hay muchos partidos también condenables por corruptos y tener las manos con sangre, pero lo son, aunque parezcan bandas. Un partido que se va a la guerra y usa el terror, debe ser estudiado como tal. Es lo que hizo la policía y por eso logró vencerlos. No se dejó cegar por su propia propaganda.  

25.08.13


Prohibido discutir sobre coca y narcotráfico

El Congreso suspende debate y abandona en Lima autoridades y dirigentes campesinos del VRAEM

El 23 de agosto debía realizarse en el Congreso un foro que llevaba como sugerente título: “La problemática de la seguridad en el VRAEM. Lucha antidrogas y relaciones en materia de defensa con los Estados Unidos”, que llevaría al centro del sistema político la discusión sobre la situación actual del narcotráfico en el país, con énfasis en el problema del VRAEM y las posiciones de los distintos sectores políticos.

Pero, de pronto, alguien advirtió que la coyuntura sobre el tema estaba demasiado caliente con asuntos como los narcoindultos y narcoconmutaciones de Alan García, la detención de Nancy Obregón, la muerte de dos importantes dirigentes senderistas en el VRAEM y, más recientemente, las audaces y no probadas declaraciones de Jaime Antezana sobre una docena de narcocongresistas en las principales bancadas, y decidió que no era el momento para abrir el debate.

Para al evento habían llegado dirigentes y autoridades de la zona cocalera que venían a explicar lo que realmente ocurre en esta parte del país, la inmensa riqueza agropecuaria de la zona y la ausencia de planes de desarrollo para la ceja de selva. Los viajeros se quedaron en ficha con la abrupta suspensión y tuvieron que deambular por algunas emisoras de radio y otros medios para y transmitir su mensaje.

En sustancia, el Congreso se asustó de su propia osadía de provocar una discusión sobre tres temas capitales: (a) la violencia remanente de la guerra senderista de los 80 y 90; (b) los cultivos de coca y la economía del narcotráfico; (c) las alternativas de desarrollo en el VRAEM. Por lo visto, estas cosas no se pueden tratar con el suelo removido. La actual mesa directiva no ha querido fijar una posición dentro de un debate, y ha preferido cancelar el debate, tal vez porque sus miembros no tienen nada que decir.

Gobierno de Humala

Al comenzar el actual gobierno, Humala tomo muy pocas decisiones audaces, pero en un campo donde aparentemente decidió arriesgar fue en el de la política hacia los sembríos de coca y en el de la necesidad de ensayar una propuesta alternativa a la promovida y financiada por los Estados Unidos (erradicación de cocales), que llevaba décadas de fracaso, mientras aumentaban las hectáreas sembradas, la producción de cocaína y su exportación al exterior.

El ingreso de Ricardo Soberón a la jefatura de DEVIDA, organismo de dirección de la lucha antidrogas de carácter integral (todos los sectores y todos los aspectos del tema del narcotráfico), era un desafío a la orientación impuesta desde Washington, debido a la claridad de sus propuestas (diálogo con los cocaleros; despriorización de la erradicación; persecución a las mafias de los insumos, el transporte y el financiamiento de la cocaína y otras drogas), que se contraponían en puntos medulares a lo sostenido siempre por los norteamericanos.

Soberón fue combatido implacablemente por los medios de derecha que decían que se iban a perder las metas de erradicación y que Estados Unidos nos iba a castigar con menor financiamiento. Poco después de la renuncia de Lerner, el jefe de DEVIDA, Ricardo Soberón, fue obligado a dejar su puesto, y reemplazado por una señora cuyas cartas de presentación eran sus vínculos con la Embajada de Estados Unidos y su convicción de que la política antidrogas no debía modificarse. El miedo a mover los conceptos tradicionales (y fracasados) sobre el tráfico de drogas, no empezó con la reciente corrida del Congreso.

Viene de mucho antes y no sólo bajo este gobierno.  Alan García tuvo la osadía en octubre del año 2006 de viajar a Washington anunciando que le plantearía a Bush un cambio de la política con una mesa de corresponsabilidad entre Estados Unidos, Europa y los productores latinoamericanos, y regresó después de algunas horas en la Casa Blanca convencido que había que seguir erradicando como antes y presentándole cada año a los jefes del Norte una cantidad de hectáreas erradicadas, aun cuando se hubiesen sembrado en paralelo más hectáreas que las erradicadas.

La principal característica de la política antidrogas en el Perú, es su carácter subordinado a las necesidades de los grandes consumidores, en particular de los Estados Unidos, que no es que la droga desaparezca, sino que en su país crean que realmente se la está combatiendo como muestran ciertas cifras y que la lucha siempre es fuera de sus fronteras. Esto viene siendo así por varias décadas y Ollanta Humala no está haciendo sino reforzar un viejo patrón de actuación del Estado.

Lo más grave es sin embargo que el actual presidente levantó la esperanza de los cocaleros del Huallaga, el VRAEM y otras partes del país de que se convertirían en interlocutores con el Estado para generar políticas de desarrollo en la selva y la sustitución progresiva de la coca que va al narcotráfico por cultivo alternativos y formas de vida dignas para los campesinos. Por eso hubieron dirigentes cocaleros en sus listas parlamentarias del 2006 y 2011. Ahora que el presidente y su partido reculan bajo presión de la derecha cavernaria, se lanzan preguntas al aire sobre quién llevó a Obregón, Malpartida y Acha a ocupar posiciones parlamentarias y por qué lo hizo. Y ningún miembro del gobierno contesta, como si el asunto hubiera venido del aire.

Por eso a muchos no les conviene discutir abiertamente sobre el tema. Por un lado porque la vieja clase política, principalmente el APRA y el fujimorismo, tienen muchos lazos con el financiamiento ilícito, y por otro porque el partido de gobierno ha cambiado también en este punto su línea y sus aliados, al punto de dejar a su suerte al movimiento cocalero. Y no quieren que nadie se los recuerde.      

25.08.13

sábado, agosto 24, 2013

A diez años del Informe de la CVR

La presentación del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en agosto del 2003, fue el momento culminante de la transición política de los 2000, cuando se le entrega al país por primera y única vez un proyecto de mirada sobre las dos décadas anteriores con eje en la explicación de la violencia de esos años, pero a su vez una interpretación de las razones del fracaso del sistema político para asegurar una paz duradera y un cierre de las heridas de la guerra.

El gran tema de la CVR era la relectura de la historia reciente desde la perspectiva de l caída del fujimorismo en un escenario de masivo repudio ciudadano a la corrupción que había acorralado el supuesto eficientismo autoritario y su burla continuada de las reglas legales y morales en nombre de los resultados. La CVR era directamente crítica de la “solución” fujimorista a los temas del conflicto, que entre otras cosas presuponía justificar el golpe de Estado; las leyes especiales de represión, procesamiento y penalización de los delitos denominados como terrorismo; la utilización de grupos militares especiales para la eliminación de personas; etc.

Pero al tiempo de condenar esa mirada sobre la victoria que subrayaba que un enemigo como Sendero Luminoso debía combatirse con la superioridad de los métodos democráticos, la CVR tenía que dar alguna versión de por qué en los 80, bajo regímenes formalmente más respetuosos de las normas democráticas, se produjeron tantas violaciones de derechos humanos y la insurgencia armada se desbordó amenazando al Estado. La tesis que uno encuentra en las páginas del informe es que el poder civil capituló al militar al cederle las partes del territorio en emergencia y que los generales intentaron eliminar el foco de violencia con una cirugía social que trajo altos costos sociales.

La idea de que una fuerte intervención militar como se hizo durante la guerrilla del 65, acabaría rápidamente con los alzados, aun cuando eso afectase a la población civil, llevó a una militarización creciente del país y al escalamiento del conflicto. De ahí el curioso concepto de que en algunas zonas y algunos momentos predominó una estrategia militarista que subordinó la obligación de protección de los derechos humanos a los fines de la guerra.

Es cierto que la CVR tenía que tomar en cuenta para sus conclusiones lo que representaban cada uno de sus miembros: un general, una exministra fujimorista, un pastor evangélico de ideas conservadoras, un obispo con mucho sentido de ubicación en las circunstancias políticas, algunos intelectuales de izquierda, etc.; el gobierno de Toledo que los auspiciaba pero que no tuvo el coraje de asumir su punto de vista; y el contexto político e institucional de comienzos del nuevo siglo. Si la CVR no pudo ir más lejos es porque las ilusiones de la transición: un Perú distinto y capaz de mirar a la cara sus problemas, se pasmó en el camino.     

24.08.13
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