sábado, julio 27, 2013

Cuestión de género

Lástima que la por fin lograda equiparidad ministerial de género se alcance cuando el gobierno de Humala atraviesa una profunda crisis de credibilidad y está afectado por una desorientación que se nota a la distancia. Peor aún, porque no son pocos los que leen que el ingreso de tres nuevas ministras es otro triunfo de Nadine sobre Ollanta, y que las nuevas integrantes del gobierno son parte de un gabinete propio de la primera dama (aunque hay ministros hombres que también parecen formar parte del mismo).

Quizás para despejar estas dudas, al presidente se le ha ocurrido decir que no es por ser mujeres que se han nombrado tres mujeres en los puestos vacantes, sino por meritocracia, o sea que las doñas se han ganado el fajín por sus méritos profesionales dentro de los que destacan múltiples títulos académicos, trayectorias burocráticas y antecedentes de trabajo en organismos internacionales, de esos que ajustan a los países cada cierto tiempo luego de haberse pasado la vida diciendo que lo estaban haciendo muy bien.

No sé en que universidad se estudia para ministro de Estado, pero sí estoy convencido a estas alturas que Humala es incapaz de comprender que a su gobierno no le faltan especialistas ni currículums abultados, que los tienen casi todos los que han pasado por sus sucesivos ministerios, sino liderazgo político, claridad de lo que se está buscando y capacidad para articular voluntades dentro y fuera del Estado.

Esa idea de que un Ph.D., permite una buena política de “inclusión social”, ha conducido a convertir a los beneficiarios en sujetos pasivos, receptores de regalos del Estado, que no generan ninguna dinámica participativa o productiva que señale que están cambiando su relación con la sociedad y el poder. Lo mismo puede decirse en otros sectores, donde los ministros administran lo que han recibido del pasado y no incorporan ningún elemento nuevo a la gestión pública.

Meritocracia, es un término engañoso que se usa para supuestamente contrastar a los profesionales calificados frente a los empleados públicos que llegan por carnet partidario o relaciones de favor. Pero hay que tener una idea totalmente errada de lo que separa gobierno de Estado, para suponer que los ministros tienen que reunir los mismos requisitos de un buen tecnócrata. Es decir que la tecnocracia dirija tecnocracia, que es casi como pretender que el Estado se conduzca a sí mismo, con un comandante a la cabeza de la pirámide.

Si de esta construcción se trata, entonces no hemos avanzado mucho en el llamado empoderamiento de las mujeres. Que Nadine virtualmente nos gobierne no es un asunto de género; como no lo es tampoco que Keiko vaya adelante en las encuestas. Hay movimientos femeninos y mujeres líderes y luchadoras, que no existen para Humala. En realidad no existen personas, apenas files con documentos y el visto bueno de la primera dama.

27.07.13

viernes, julio 26, 2013

Tiempos nuevos

La pregunta es si hay algo nuevo  en el país después de la repartija. Y hay respuestas para todos los gustos: (a) los que dicen que ya pasó, que fue un error que se corrigió, que las manifestaciones fueron minoritarias y que sus organizadores se quedaron sin banderas (es decir que tras una breve turbulencia volvemos dónde estábamos);

(b) los que piensan que si esto sigue como va, de tumbo en tumbo, y con presiones cada vez más fuerte de todos los lados, y si se le agrega más adelante un mayor malestar económico que el actual, lo que puede pasar es que se creen condiciones para un desvío autoritario (desde el gobierno o contra el gobierno);

 (c) los que andan asustados con el desorden y ven reaparecer viejos fantasmas, incluso alguien por ahí que dice que vuelve el terrorismo (lo que suena a reclamo inconsciente de mano dura desde el Estado);

(d) los que ven un rebrote de los impulsos democráticos que se manifestaron a finales de los 90 y que forzaron la transición democrática del 2000-2001, que luego se asfixió en la rutina continuista de los siguientes gobiernos, volvió a la carga para cerrarle el paso a Keiko y se aturdió con la traición de Ollanta (la idea de que hemos entrado a un ciclo de movilizaciones democráticas independientes, sin caudillos y alternativas, pero con una gran potencia social).

¿Dónde está la razón?  El tiempo va a despejar todas las incertidumbres. Pero avancemos por ahora con algo. Aunque ahora el tema de los medios sea el de las ministras mujeres y por ahí se deje anotado que las resoluciones del 17 de julio sobre los cargos vacantes en el BCR, TC y Defensoría quedaron sin efecto, la sensación que ha quedado en el aire es que ya no hay base para la credibilidad hacia los líderes políticos.

La debacle de la bancada de Perú Posible no puede juzgarse como una revolvedera más en el escenario parlamentario, porque se trata de la cuasi desaparición del aliado clave del gobierno, que deja paso a una situación mucho más inestable. Lo que no pudo hacer Ecoteva y las casas de la suegra de Toledo, lo logró el capricho por elegir a Freitas. Y esto significa que la crisis post repartija  recién está empezando.

Efectivamente, la perspectiva institucional es bastante mala, pero de ahí a que alguien se anime a resolver esto a punta de tanques como en el 92, hay mucha distancia. El ánimo mayoritario del país no es autoritario, aunque haya los que mantienen reflejos anclados en el período de la vio9lencia, y confundan las protestas juveniles y laborales, con los coches bomba. En realidad la confusión existente sobre lo que sucede y puede suceder, es normal y propia de los tiempos de cambio. Aquellos en que algunos piensan que todo permanecerá igual, otros se asustan, y cada vez más se deciden a la lucha.  

26.07.13

jueves, julio 25, 2013

El hombre que no creía en marchitas ¿

Qué son 2 mil 500 o más jóvenes peleando en las calles en una ciudad de 9 millones de habitantes? Cuando marchen cuatro millones me avisan. Entretanto que les peguen, los gaseen y los lleven presos. Y no se quejen porque en Estados Unidos y España se quedaban una semana tras las rejas. Pensamiento DBA, con una B bien grande, plena de brutalidad.

Pero habría que preguntarse: ¿quién representa al país de hoy?, esos miles de estudiantes muchos de ellos interviniendo por primera vez en política, que ya no le creen a las instituciones como el Ejecutivo, el Congreso y cierta prensa, y que siguen movilizándose hasta que la repartija caiga completamente y empiece una nueva relación entre el poder y la sociedad; o los políticos que hicieron el entuerto y son incapaces de asumir su responsabilidad.

Como siempre, Aldo M otra vez actúa como un liberal fallido, cuya verdadera pasión son los palos, las bombas y los muchachos encerrados en las comisarías. Para que aprendan, como dicen los generales. La historia no la hacen las muchedumbres, como se ve en Brasil, Egipto o Grecia, sino los policías que despejan las avenidas de los que joden.

Y  por si acaso esta no es una dictadura, chibolos; dicho sea por el que aseguraba que Ollanta era un fascista congénito, el que iba a irse al extranjero si ganaba las elecciones pero se quedó porque nombró a Castilla; y que ahora se molesta porque a los apristas (que antes también odiaba y ahora ama) no los admitieran en la marcha porque nadie cree que ellos encajan en una protesta ética cuando lo que quieren es salvar a Alan.

Vamos Aldo, ya fuiste muy lejos en tu odio a los caviarines, tu trauma con La Católica, tu molestia con los que votaron por el no en la revocatoria, y estas tratando de cerrar los ojos a lo que sabes es un sentimiento ciudadano en pleno desarrollo. Hay síntomas por todas partes de que los partidos, incluidos aquellos que en su origen se proclamaron enemigos de la partidocracia tradicional (fujimorismo, toledismo, humalismo), han entrado en colisión nuevamente con la ola democrática que viene de las bases.    

Este no es un fenómeno arbitrario, o una idea de algunos personajes “progres” que quieren hacer figuretismo, ni un invento de algunos diarios o corresponsales extranjeros que tanto apenan a M, sino una onda profunda que no se presenta por primera vez y que ha sido traicionada por liderazgos oportunistas que se montaron sobre ella.

Que la represión quiera matar este germen de democratización es algo que ya se vio en otros momentos y justamente ahí, en la voluntad de persistir y no entregar la calles, es que se ve la consistencia del movimiento. Aunque algunos no entiendan.

25.07.13

Feliz 28, sin sorpresas y esperanzas

Pocas veces se ha ido llegando a la fecha del discurso presidencial más importante del año, con casi cero expectativas de que de ahí pueda salir algo que cambie la vida de la gente.

Después del famoso anuncio de Alan García de 1997 sobre la estatización de la banca (que nunca estatizó nada), quedó un profundo trauma en los sectores más privilegiados de que a los presidentes pudiera ocurrírseles alguna cosa que los afecte y que eso lo tuvieran guardado para el mensaje de fiestas patrias.

Por eso era música en los oídos, escuchar desde comienzos de cada mes de julio que el gobernante de turno y sus voceros aseguraban que no habría “sorpresas” el día 28, que a nadie se le quitaría nada, ni habría reformas ni en la propiedad, ni en los impuestos, ni en los derechos laborales y sociales.

Pero con el Humala que juramentó por “el espíritu de la Constitución de 1979”, habían al principio nuevas aprehensiones: ¿y si de pronto volvía a la Gran Transformación?, ¿o le salía el velasquista o el chavista que lleva adentro?.

La conclusión ha sido que durante dos años, el mérito asignado al presidente Ollanta Humala ha sido no hacer nada nuevo o significativo, para no tener tentaciones peligrosas. Más aún, lo más aplaudido han sido sus retrocesos como en el caso Repsol, la postulación de la primera dama y sus vínculos con los gobiernos progresistas de América Latina.

De ahí que los 28 de julio de Ollanta Humala se hayan hecho intrascendentes. Al extremo de que algunos que aplaudieron su parálisis y la economía con “piloto automático”, ahora le piden algo de emoción. Por ejemplo, que diga que ya abandonó sus ideas nacionalistas, porque a este país no requiere nacionalizarse sino extranjerizarse; o que declare que andaba muy equivocado cuando se buscó asesores izquierdistas por no conocer lo bueno que pueden ser los derechistas.

En fin, que ponga un primer ministro que refuerce la confianza de los mercados, que es como la CONFIEP, le llama a sus propios intereses. Pero todos, a la izquierda o a la derecha, coinciden en que el presidente no dirá nada. Más claro aún: que no tiene nada que decir.

El gobierno de Gana Perú, fue aplaudido por los empresarios y los grandes medios, por anodino, porque eso les era mucho mejor que los puntos originales de su programa que aborrecían, mucho más de lo que realmente representaban como amenaza a sus intereses.

Ollanta nunca se propuso un cambio de 180 grados o un nuevo velasquismo. Pero como se ha visto nuestra derecha no estaba dispuesta a tolerar alguna regulación a la publicidad de comidas dañinas para la salud, o un viaje a Caracas o un desaire a Capriles.

Si esos han sido los términos y el presidente se ha corrido a toda posibilidad de enfrentamiento el resultado ha sido un régimen anodino, que hasta a la derecha más temerosa de cualquier cambio, ya ha empezado a aburrirle.

Las encuestas reflejan un cansancio con el estilo de gobierno. Ni los programas sociales que han sido el aparente aporte inclusivo de la actual administración, han podido evitar caer en la valoración de la gente. Pero al mismo tiempo se ha asentado la idea de un presidente que no cumple sus promesas y miente como cualquier político tradicional.

Incluso hay gente que ve corrupción, nombramientos inadecuados y escalada en los precios a los consumidores. Son signos de que se están acumulando los peores descontentos: ver que se gobierna sin proyecto, sólo para usufructuar las ventajas del poder político; que se reparten los cargos entre un mismo grupo; y que la gente está perdiendo capacidad adquisitiva y sus salarios no mejoran.

El inicio del tercer año sin esperanzas y con profundas desilusiones, no augura nada bueno para el gobierno de Humala que se ha ido cerrando todas las puertas que le quedaban para un camino de enmienda. La crisis de la repartija lo ha tocado de fondo, poniéndolo en el mismo saco de los que antes trató de echar del poder por distintos medios.

Y así llega al 28 de julio para un discurso sin sorpresas ni contenido.      

24.07.13
Columna de Wiener

Miércoles de Política Nº 4

miércoles, julio 24, 2013

La Constitución que nos protege

Si usted quiere entender la situación política y acercarse a una explicación de por qué nunca va a haber un consenso legítimo en el actual Congreso con votos divididos entre nacionalistas, fujimoristas, peruposibilistas y otros, para elegir un Defensor del Pueblo, recomponer el Tribunal Constitucional y completar el directorio del BCR, les recomiendo leer una editorial reciente de Fritz Du Bois en Perú 21 (21.07.13), en la que no brinda algunas claves del pensamiento DBA, que están pesando sobre el Perú de hoy dado su desproporcionado poder de prensa.

La primera idea es que la Constitución del 93, aquella que emergió del golpe de Estado del 5 de abril, que permitió las dos reelecciones de Fujimori, que hizo posible las privatizaciones y nos obliga a no movernos de los contratos más onerosos, es la que “nos protege” del chavismo. ¿Quiénes somos los protegidos?, ¿en qué sentido es la protección? No se dice, pero se supone que los tres votos oficialistas en el TC amenazaban esa ventajosa posición poniendo en peligro “ todo lo que el Perú ha avanzado…” 

Luego sigue una recriminación a los “creadores de la Constitución” (se supone Keiko, Kenji, Martha Chávez) por haberla expuesto sólo para darle gusto a Souza. Lo cual significa que el fujimorismo debería ser el llamado a defendernos, pero se amarró con el gobierno por darle un premio consuelo al excongresista y abogado de su jefe máximo. ¿Y Humala que pito toca en todo esto? De acuerdo con Du Bois debería estar preocupado en alejar sus fantasmas, lo que significaría hacer cosas como recibir a Capriles (para que nadie lo vea como chavista) y recuperar el entusiasmo empresarial, más de lo que ya ha hecho todos estos meses, lo que es difícil de concebir.

O sea que la gente que está molesta con la repartija no lo estaría tanto si Humala se plegara a la oposicion venezolana y se sometiera a los caprichos y exigencias empresariales que suben cada día. Seguro no habrían movilizaciones en las calles, ni se perderían 21 puntos en las encuestas en cinco meses, ni habría crisis de credibilidad, etc. ¿No les parece que con el pensamiento Fritz, lo que escribe Aldo M, o lo que representa Martha Meier, no hay como entenderse, si se quiere de verdad un país democrático, en el que se respete la voluntad de las mayorías?

Yo, por ejemplo, repudio una constitución que protege intereses minoritarios y una distribución profundamente injusta de la riqueza, frente a las demandas de los trabajadores y el pueblo, que se tachan de “chavistas”, como antes se les decía “comunistas”. También me niego a sentirme representado por los “creadores de la Constitución”. Y si Humala sigue creyendo que la confianza de los empresarios y los grandes medios, es más importante que la opinión de las calles, la crisis seguirá aumentando.  

24.07.13