El último jueves se anunció la conformación de una Coalición
Progresista Unión de Fuerza de Izquierda, un nombre larguísimo y unas siglas CPUFI
que encajan en la chacota con la que mi hija Gabriela introduce en una nota reciente
contando mi paso por varios partidos y los ruidos raros que solían producir
cuando los nombres se reducían a las iniciales. Espero que el nombre y algunas
cosas más cambien para que nos centremos en la seriedad de la protesta.
Algunos ven a CPUFI como un esfuerzo de unidad contra
diversos males: el fracaso en las municipales el año 2014; la incapacidad de
comprender lo prioritario en la actual batalla electoral: quién el enemigo
principal, a quién debemos tratar de representar; la tendencia a la
marginalidad purista y las excomuniones dentro de la izquierda; la noción de lo
que el gran bloque que puede amenazar el plan de retorno de la extrema derecha es
la izquierda, la recuperación de lo mejor del nacionalismo y los aliados
democráticos.
Pero otros miran al revés y dicen que es un frente que
consuma la escisión con Tierra y Libertad (que se quedó con el nombre de Frente
Amplio) y que por ello habrán por lo menos dos bloques de izquierda, o sea
división consumada; que ha hecho una alianza con Simon por su inscripción legal,
poniendo de lado su trayectoria política sinuosa; que no logra cambiar el
rostro de su primera línea e incorporar decididamente a jóvenes y mujeres; que
tiene ilusiones en el centro que es neoliberal; etc. Como se ve, da para
diversos gustos.
Si yo tuviera que dar mi palabra, con el solo derecho de
izquierdista de toda la vida y observador independiente, diría que uno de los
principales problemas de la izquierda es dejar correr los tiempos hasta el
límite y resolver decisiones mayores a presión, principalmente en el campo de
los requisitos formales y no de la comunicación con la población. Hace tiempo
que se le reclama a la izquierda gestos fuertes, partidos que se unifican (como
el PUM en 1984), líderes nuevos que toman la posta, propuestas frente a as
distintas crisis que se conjugan, una posición propia en la disputa entre el
gobierno y la derecha extrema.
Obviamente los retrasos han invertido las prioridades y han
hecho de la inscripción una cuestión central, tanto para Tierra y Libertad que
quiere mandar con la suya, como para el resto que terminaron buscando un aliado
discutible para compensar lo que no tenían. Eso significa que empezaron mal,
unos sectarios y soberbios (son los recién llegados de la izquierda), y otros
con demasiada evidencia que no querían quedarse fuera de carrera. Ahora sobre
esa base hay que repensar el problema.
Yo estoy en el lado de los que buscan unidad de izquierda, alianza
con los nacionalistas de base y apertura democrática. El punto es llenar esa
idea de contenidos y de mensajeros que hagan la diferencia.
13.04.15