martes, noviembre 05, 2013

El país de la clase media

El presidente Humala ha reiterado hace poco que los programas sociales son la “niña de sus ojos” y como para que no quede dudas (o tal vez para crearlas, sin que sea muy consciente de ello, ha subrayado que en su gobierno la prelación no es crecer para incluir, sino incluir para crecer. También son recientes otras declaraciones presidenciales que se felicitan del crecimiento de las clases medias como consecuencia de la mejora económica de los últimos años.

Así tenemos que en la mirada de Ollanta Humala, somos un país con una clase media mayoritaria, como consecuencia de un largo período de crecimiento económico que inevitablemente se habría traducido en una mejora de los ingresos económicos de mucha gente, pero que habría dejado fuera bolsones de pobres y muy pobres, hacia los que debería dirigirse la acción del Estado. La obsesión de los últimos veinte años por crecer y lograr el reconocimiento mundial como una economía exitosa, tendría que ajustarse con la  idea de que ha llegado el momento para incluir a los que no gozan de la bonanza clase mediera.

En realidad este discurso sólo tiene un vago parecido con el del Humala candidato que parecía ignorar el papel de balance de los sectores medios y plantear la política como una oposición entre pobres mayoritarios a los que convocaba a la “gran transformación”, y ricos minoritarios pero poderosos que habían controlado históricamente la maquinaria de gobierno. Otra forma de decir lo mismo era su referencia a los de abajo y los de arriba, que a veces le servía para negar que fuera de “izquierda”, sino de “abajo”. Al comenzar su gestión Humala ya había corregido, sin embargo, parte de sus planteamientos con la fórmula de que los grandes proyectos, especialmente los mineros, eran las fuentes de los recursos para los programas sociales en que estaba empeñado.

La tesis crecer para incluir, antes fraseada como crecimiento que chorrea para los de abajo (Toledo), volvía a tener presencia, luego que Alan García redujera la pobreza a un asunto estadístico. Pero Ollanta lleva en el poder casi la mitad de su mandato y debe estar pensando en la debilidad presupuestal y organizativa de sus programas más queridos, y en que el crecimiento se está yendo a otra parte. Es probable que el ministro de Economía, en el que confía tanto, le haya explicado que el crecimiento no sólo crea impuestos para pagar políticas antipobreza, sino que eleva a clase media a muchas personas, y se haya reservado el otro aspecto del problema que es la consolidación de grandes fortunas y las enormes remesas que parten al exterior.

En el entendimiento de Humala, esto quiere decir más o menos que el crecimiento es asunto de inversionistas privados, que expanden el ingreso y el empleo, reflejado en una clase media más grande, frente a un Estado que ya no tendría mucho que hacer en estos campos, pero que tiene que llegar adonde no lo hace la economía del  crecimiento.

Clases medias

Todos los estudios del crecimiento peruano indican que al lado del auge minero, que genera escaso empleo y distribución, aunque paga una parte importante de los impuestos, los sectores con mayor contribución al aumento del producto han sido los de comercio, servicios y construcción. Estos sí han tenido un efecto relevante sobre el empleo (se calcula que absorben el 60% de la PEA), con bajas remuneraciones y una productividad mínima.

¿Cómo podría explicarse que la mayoría de la población ocupada esté concentrada en actividades cuyos promedios de ingresos oscilan entre mil y mil 500 soles, se conviertan en una clase media pujante y autónoma de la que el Estado no tiene que ocuparse? Más aún en el mundo de la PYMES y los independientes que son el núcleo fuerte de estos tres sectores, los promedios salariales se acercan mucho más al mínimo legal (750 soles). La cosa empeora además cuando se observa el sector agropecuario que representa casi el 30% de la PEA y registra ingresos promedio debajo de los 500 soles.

Pero el tema de la clase media no se queda ahí: la característica de los ingresos de los emergentes actuales es que sus ingresos son inestables, carecen de ahorro, están fuertemente endeudados y carecen de propiedades que mantengan valor, salvo sus viviendas originales. Todo el proceso de expansión del consumo de los años recientes ha tenido que ver con factores sobre los que no existe ninguna certeza futura: incremento del crédito hipotecario y de consumo, atraso cambiario e importaciones abaratadas, crecimiento de la actividad informal y el autoempleo alrededor de las grandes actividades formalizadas, etc. Que hoy las familias de taxistas, trabadores de la construcción o de servicios al hogar, reporten un mayor ingreso monetario que hace algunos años, es un hecho consustancial al crecimiento, pero de ahí a establecer una clase media sólida y extendida que empiece a parecerse a la de los países desarrollados hay una considerable distancia.

El camino al desarrollo en los países avanzados precisamente ha consistido en políticas públicas en materia de educación, salud, servicios públicos masivos, investigación y tecnología, que no se han puesto en marcha en el Perú a pesar de la inmensa cantidad de dinero que ha circulado en los años del crecimiento. Por tanto ni los pobres que mejoran sus ingresos por esfuerzo propio ni los que reciben los beneficios de los programas sociales –por más ambiciosos que pudieran ser (…y a los que el MEF les ajusta el dinero)-, caminan por un camino muy inseguro en el que pueden ser llevados a dolorosos retrocesos. La razón es que no estamos creando fuerza productiva que genere riqueza para sostenerse.

Alguien debería darle una lección de economía al presidente. Distinta a las escuelitas que le entregó el ahora ministro Castilla para cambiarle el chip de la campaña y que ahora se están mostrando como un aprendizaje insuficiente.     

05.11.13
Publicado en Actualidad Económica Nº1 (tercera etapa)

El protofascismo de Martha Chávez

A la Comisión de Derechos Humanos asistieron tres de sus seis integrantes. Dos fujimoristas y un distraído Heriberto Benítez, que no sé cómo, representa a Solidaridad Nacional de Luis Castañeda. Los fujimoristas eran el pastor evangélico Julio Rosas y Martha Chávez que había convocado a la sesión en condición de congresista de mayor edad. Y estos tres decidieron darle la presidencia a la señora que desde ese día viene lanzando amenazas sobre lo que va a hacer con los organismos de derechos humanos, la CVR y todos los que critican su nombramiento.

Hay quienes dicen que así es la democracia, que aunque sea de pura suerte, o por la irresponsabilidad de los demás la Chávez ya está elegida y a aguantar nomás. Lo mismo se decía de la repartija, pero al final la calle se impuso, porque democracia no es sólo un grupo de logreros con curul decidiendo repartirse el Estado y olvidando su compromiso con los electores, sino la movilización activa de la población para poner límites políticos y morales que realmente existen.

En sustancia, que parezca tan de rutina la entrada de lo peor del fujimorismo a un espacio contra el que siempre han peleado, afirmando que defender los derechos humanos frente al poder del Estado, sólo lo pueden hacer los proterroristas, es como una señal de que ya todo empieza a hacerse posible. Es lo que veníamos diciendo cuando advertíamos del cambio de clima político en el país. Chávez más o menos lo ha interpretado a su manera, como que llega el momento de ajustar cuentas con los enemigos del autoritarismo y los que los echaron del poder que usufructuaron por tantos años.

Todavía está fresca en mi memoria aquellos días en que la expresidenta del Congreso, que defendía la amnistía al Grupo Colina con el mismo aplomo con que negaba el secuestro de los estudiantes y un profesor de La Cantuta, y que era una defensora franca de Vladimiro Montesinos, era obligada a retirarse de espacios públicos cuando la detectaban los concurrentes que empezaban a pifiarla por encarnar al régimen de corrupción y violación de derechos humanos que había acabado de la peor forma posible. Eso pasaba a comienzos del 2001, cuando el Perú había tomado la bandera de dictadura nunca más.

Hoy, el mismo personaje imagina que puede burlarse anunciando que su papel como coordinadora de derechos humanos, no va a ser el de fortalecer la protección de tales derechos, sino investigar y perseguir a los que venían haciéndolo. Es decir, el gobierno de la familia Fujimori adelantado. Pero eso es sólo una parte de la realidad. En el otro lado de la cancha tenemos una oposición activa de gente que no está dispuesta a que el protofascismo fujimorista, disfrazado de democrático, avance en el país.   

05.11.13

lunes, noviembre 04, 2013

Sorpresa de Halloween

La última del Congreso es haber nombrado a Martha Chávez como coordinadora para los derechos humano.

Podrían anotarse aquí cien mil razones para argumentar el siniestro sentido del humor de esta designación.

Pero lo que más sorprende es que la memoria de los tipos y tipas con curul sea tan frágil como para olvidar en poco tiempo lo que pasó con la repartija de julio.

Es que la indignación por la elección de Sousa para el TC y de Freitas para la Defensoría, así como de varios nacionalistas que ganaban lugar aceptando a los otros, tiene un sabor demasiado parecido a la entrega del tema de los derechos humanos al ala extrema del fujimorismo.

Todos tenemos ahora derecho a especular sobre el retorno que el partido naranja deberá hacer por este insospechado regalo. Pero también a suponer que después del cachetazo de la noticia, el movimiento de protesta contra esta nueva barbaridad parlamentaria va a ir en aumento hasta que se caiga la decisión.

Parece cada vez más claro que la idea que muchos tienen del Congreso es que sólo puede funcionar en base a repartijas. Que a Heriberto Benítez, que era el responsable de derechos humanos del Colegio de Abogados, se le ocurra que la Chávez puede hacer algo bueno en este campo, realmente eriza los pelos y hace preguntarse: ¿qué está pasando?

Es obvio que en medio de la crisis de ineptitud y corrupción del Estado, el recurso más fácil de los gobernantes y los medios es trasladar la carga del desprestigio al Congreso donde los escándalos están más a la vista. Eso ocurrió en 1992 y está ocurriendo en estos días. La gente común y corriente ya no cree nada en esa institución, más allá de quiénes sean los congresistas que provocan su molestia, y obviando por cierto las ineficiencias y la corrupción de otros sectores del Estado en los que imperan los pagos bajo la mesa, los contratos con trampa, el desvío de fondos públicos.

Pero si todo autoritarismo piensa en el fondo que el parlamento debe morir para que no existan controles sobre el gobierno, hay que admitir que congresistas como los actuales son aliados voluntarios o involuntarios de los que reclaman que los manden a su casa. El caso Chávez es una barbaridad que se suma a  muchas otras, sin contar las inconductas personales de una gran cantidad de congresistas en funciones.

Cierto es que, por el lado bueno, se retoma el hilo de vigilancia activa que se manifestó hace poco y que fue apagado con la confusión del “diálogo”, que precedió al cambio de primer ministro. Si los que se movilizaron contra la repartija vuelven a la calle, y lo hacen con mayor número y fuerza, el país saldrá ganando y tal vez se vislumbre una alternativa más colectiva y democrática a la crisis política.

04.11.13

domingo, noviembre 03, 2013

Recordando a Camet

Han pasado algunos días desde que se conoció la noticia sobre el lamentable fallecimiento del exministro Jorge Camet. Y como se ha visto, sus críticos, que no son pocos, han guardado respetuoso silencio para no afectar el duelo de la familia.

En cambio, los medios que responden a la misma familia y pensamiento político, que son un montón,  no sólo se han desbordado en elogios hacia el empresario-político, sino que prácticamente han colgado al Poder Judicial y a la izquierda (como si tuvieran relación uno con la otra), acusándolos de haberse ensañado con un hombre que no habría hecho nada malo.

En el extremo, el nuevo director de Perú 21, nos ha entregado junto a Camet,  una relación “héroes anónimos” (a los que le pone nombre) que nos condujeron al “milagro peruano” y en la lista de epónimos personajes se puede encontrar a Hurtado Miller (procesado por usar fondos del SIN para la campaña municipal), Boloña (procesado por varios delitos económicos y por golpismo), Abusada (caso Aeroperú, la llamada “privatización más corrupta), entre otros.

Pero de todos ellos parece que Camet sería el reformador por excelencia, el que hizo la mayoría de las privatizaciones y autorizó el rearme del país después de la guerra del Cenepa a través de las triangulaciones con traficantes de armas. Algunos detalles de la trayectoria ayudarán sin embargo a apreciar que no hubo tanta injusticia y mala leche en las acusaciones que se le hicieron:

·         Ingresa al gobierno de Fujimori en abril de 1992 como ministro de Industrias, poco después del golpe de Estado, habiendo sido presidente de la CONFIEP el año anterior, lo que simbolizaba el apoyo de los grandes empresarios a la dictadura.

·        Hasta 1992, su constructora facturaba ventas por 339 mil soles, pero al año siguiente con su presidente en el gobierno, se elevó a 24 millones. Al retirarse la empresa había pasado del puesto 17 al 7 en el ranking del sector.

·         Entre 1993-1997, período en que fue ministro de Economía, su empresa se adjudicó licitaciones con el Estado por 666 millones de soles. Los fondos aplicados fueron los de las privatizaciones que Camet tenía a su cargo.

·         A partir del año que Camet fue ministro de Economía subieron las ventas de sus negocios y disminuyó el monto de sus impuestos.

·         Abusada fue simultáneamente viceministro de Camet y presidente del directorio de Aeroperú en proceso de privatización, en claro conflicto de intereses.

·         Fritz Du Bois fue jefe de gabinete de asesores de Camet en Economía y Finanzas, sin los títulos profesionales para el cargo, y dirigió la política de salvatajes de empresas bancarias.

·         Roberto Abusada fue empleado de las empresas de Camet antes de entrar al gobierno, y Du Bois fue director por 11 años de la constructora del exministro. Ahora agradecen.

03.11.13

sábado, noviembre 02, 2013

Gabinetes

Desde que Humala juramentó en medio de los entusiasmos del primer día, han pasado muchas aguas bajo los puentes y muchos ministros que tuvieron finalmente que dejar el fajín y el centro del poder. Pero la curiosidad de estos años ha sido que la recomposición del equipo de gobierno se ha producido en etapas sucesivas dejando siempre sobrevivientes del período anterior. El caso más desconcertante es el del último cambio de primer ministro que significó apenas una modificación adicional al gabinete en la cartera de Educación, dejando una sensación de inmovilismo que ha esfumado la poca expectativa que había en el premierato Villanueva.

Pero veamos un poco más allá: en primer lugar quedan ahora ya solo tres ministros de lo que fue el gabinete Lerner: Castilla, Cornejo y Paredes, dos de ellos de vieja data tecno-burocrática, neoliberales francos, puntales del grupo del MEF. El otro, viejo amigo de la pareja presidencial y asimilado al núcleo de Economía.

En segundo lugar, hay otros tres que vienen del cambio de ministros de diciembre del 2011 cuando se conforma el gabinete Valdés que son: Merino, del grupo de Castilla; Jara, la única militante del partido nacionalista con cargo ministerial, operadora de Nadine Heredia; y Pulgar Vidal, ministro de Ambiente, que ha buscado el camino del compromiso con las grandes inversiones mineras.

Del resto de ministros que en su mayoría tienen un poco más de un año en funciones, se puede decir que hay uno más del grupo del MEF (Von Hesse, en Agricultura); dos abogados vinculados con el expremier Jiménez que son: Rivas en Relaciones Exteriores y Figallo en Justicia; otros dos a los que se les relaciona con Vargas Llosa: Cateriano (Defensa) y Álvarez Calderón (Cultura).

Luego hay un número de ministros y ministras menos ubicables, varios de los cuales dan sin embargo la impresión de haber sido propuestos por el todopoderoso Miguel Castilla. Hemos contado al respecto seis economistas en el gabinete con la entrada de Jaime Saavedra en Educación. Los otros cinco son: Castilla, Von Hesse, Rubio (Inclusión Social), De Habich (Salud), Silva (Comercio Exterior). Es notable el peso de los economistas en los sectores sociales, lo cual es muy usual en los esquemas de trabajo del Banco Mundial y USAID.

También se cuentan ocho abogados (Rivas, Cateriano, Pedraza, Figallo, Laos, Triveño, Jara, y Pulgar), entre los ministros, dos ingenieros mecánicos-eléctricos (Cornejo, Merino) y dos administradores (Villanueva y Paredes).  Todos ellos dirigidos por un comandante del ejército y su esposa, comunicadora social.

La conclusión es que el  núcleo fuerte del poder Humalista y el más resistente al tiempo, es el de los tecnócratas de Economía y Finanzas cuyas ramificaciones son aún materia de estudio. La idea misma de equipo de gobierno no existe y cede su lugar a la de especialistas sin filiación política.

02.11.13

viernes, noviembre 01, 2013

Lo mismo

Humala desperdició la oportunidad de hacer del cambio del primer ministro un relanzamiento de su gobierno. Pero quizás al final no sea esto lo más grave. El que más pierde es César Villanueva que se hizo de rogar hace un año para aceptar encabezar el gabinete, lo que dejaba la idea de que había planteado exigencias que el presidente no había querido aceptar. Esto planteaba la hipótesis de que de repente este fin de año íbamos a tener un presidente del Consejo de Ministros con mayor autonomía y liderazgo, que era una de las quejas principales contra su antecesor.

Pero la prueba era saber hasta dónde iba a influir en la composición del nuevo gabinete ministerial. Y en ese terreno la frustración no ha podido ser más desoladora. De 18 ministros, sólo se cambió a uno, en el sector Educación, reemplazando a la ministra Salas por un exfuncionario del Banco Mundial que venía voceándose antes que se supiera el nombre del primer ministro. ¿Para qué se cambia al premier, si la economía va a seguir siendo el coto de Castilla y del núcleo del MEF que extiende su influencia a otros ministerios e instituciones públicas que funcionan en coordinación con el del mechoncito?

¿Para qué se sacó a Jiménez, si el “jimenismo” sigue en el gobierno a través de sus amigos: Rivas y Figallo? ¿Qué imagen de nuevo puede transmitir Villanueva, si los problemas de seguridad van a seguir en las lamentables manos de Pedraza; si los médicos van a volver a chocar con la señora De Habich; si Cateriano va a seguir creyendo que su misión es cubrir los hechos irregulares que ocurren en las Fuerzas Armadas; si Rubio no sabe responder por los problemas de Qali Warma; si Merino sigue hablando cantinfladas para enredar la estrategia energética y nadie sabe si se fortalecerá Petroperú, se construirá el oleoducto del sur o si se renovarán los contratos petroleros; etc.?

La tragedia de Villanueva es que va a cargar con todos los pasivos del período previo. Y para remate le han obligado a declarar que seguirá el “diálogo”, es decir que va a repetir todo el paquete desgastado que ha llevado al gobierno a vivir sus peores momentos a lo largo de los últimos siete meses. Si el tándem Humala-Heredia, quería intentar remontar las bajas cifras de aprobación (24% en octubre) presentando un nuevo primer ministro, han borrado con una mano lo que hicieron con la otra. La pregunta que queda es saber si Villanueva que tiene obvias ambiciones políticas se va a adaptar al inmovilismo y va a aceptar el papel de apaga fuegos que cumplió tan estoicamente don Juan Jiménez, o si va a buscar un perfil propio, que no se le ha visto el día de la juramentación.

01.11.13